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Coleccionista de mujeres feas
Edgar Tarazona Angel


Algunos de mis artículos están sacados de la realidad y este es uno de ellos; su protagonista es un amigo mío que aun vive y fui su confidente pero, hace como quince años que no lo veo. Además me autorizó, desde esa época, a publicar sus aventuras  amorosas para ejemplo de las nuevas generaciones. Lo digo porque por esos tiempos no había la mínima libertad sexual y cada uno se defendió como pudo. Debo decir ahora, después de tantos años, que siempre hay alguien disponible para compartir cama.

Por extraño que parezca Juan (es un nombre ficticio) huía de las mujeres bonitas y su razón era que su primer gran amor, una chica hermosa que lo ilusionó, lo traicionó con su mejor amigo. Desde entonces se hizo la promesa de no encapricharse de ninguna mujer bonita por temor a una nueva traición; eso dijo pero reincidió dos veces con idénticos resultados. Bueno, después de la primera traición se dedicó a conquistar mujeres feas al principio pero, después de su segundo desengaño, féminas defectuosas y luego de la tercera caída, francamente monstruosas.

Empezó tu tarea de seductor con la más fea del pueblo, más se demoró en declararse que la chica en aceptarlo y es que, como se decía entre nosotros, esa cara a cualquier precio es cara. Ella se apegó a Juan de manera enfermiza, lo seguía a dondequiera y obedecía todos sus caprichos y claro, el aprovechó para tener sus primeras relaciones sexuales con ella. Por el tiempo en que comienza esta historia  éramos jóvenes de 16 o 17 años y tener sexo era casi imposible sin ir a la ciudad cercana donde las putas. Como no había otra posibilidad, muchos se casaban sólo por tener relaciones sexuales con frecuencia y sin trabas.

Se relación con la feúcha del pueblo del pueblo duró como dos años pero mi amigo no se descuidaba y rondaba las campesinas y las sirvientas de las casas acomodadas pero solo si eran feas, por temor a encapricharse. Olvidaba decir que el tipo tenía buena presencia y algo de lo que carecíamos la mayoría: dinero. Era hijo de uno de los hombres ricos y el dinero nunca faltaba en sus bolsillos para lo que fuera, como ir a la ciudad a putear. En una de esas idas se encontró con su segunda hermosa que en realidad no lo traicionó, desde el principio le ocultó que tenía novio y cuando Juan lo supo casi se suicida.

Juan le reclamó y ella se limitó a decirle que si no le gustaba que se fuera… y así lo hizo llorando como un pendejo. Y  llegó la fecha en que terminamos el bachillerato en el colegio parroquial; los que teníamos posibilidades económicas viajamos a la capital a estudiar. Como yo era su mejor amigo compartimos habitación en un hotel  para estudiantes de provincia,y por esta razón también es que estoy enterado de su recorrido sexual de fea en fea. Comenzó con la dueña del pequeño hotel, una vieja que parecía bruja, y por derecha enamoró a su hija y las dos sirvientas. Varias tardes y algunas noches tuve que quedarme en la calle dando vueltas mientras el se las tiraba en nuestro cuarto. Muerto de la risa me contó que una noche se comió a la madre y a la hija. Tal vez por eso nos echaron de allí, la vieja lo descubrió, también  por quejas de los padres de los otros muchachos que allí vivían.

Una manía de mi amigo era pedirles foto a todas sus “novias y/o amantes” y orgulloso mostraba su colección. La mayoría de compañeros universitarios no se explicaban de qué se enorgullecía y se burlaban a sus espaldas. De pronto, cuando menos se lo esperaba, se estrelló en la universidad con la que sería su tercera traga de mujer hermosa. Una mañana iba retardado para clase y entró corriendo al edificio, al cruzar una esquina se estrelló con una chica que venía en sentido contrario y ambos cayeron al piso; su reacción fue decirle unas cuantas groserías y recordarle su santa madre pero cuando la joven lo miró quedó mudo; era la joven más hermosa que había visto en su vida. Tartamudeando se disculpó y le dio la mano para ayudarla a parar. La chica lo miró con unos ojos verdes inolvidables (yo también me enamoré de ella) y aceptó sus disculpas. A él se le olvidó la clase y el resto del mundo y, como la chica salía de la suya aceptó la invitación de tomar algo en la cafetería de la U.

Como no quiero convertir este artículo en una historia de amor resumo diciendo que se flecharon mutuamente y ese amor duró hasta el final del semestre cuando ella regresó a su ciudad natal y se casó con el novio de toda la vida. Juan esta vez si casi se quita la vida, digo que casi porque la cuerda no soportó su peso y cayó al suelo con el corazón destrozado y la moral vuelta mierda. No quiso terminar su carrera pero no regreso a nuestro poblado, siguió mintiendo en su casa acerca de sus estudios y recibiendo las mesadas para su manutención y Universidad.

A partir de este desengaño ya no confió ni en las feas normales y empezó relaciones sumamente raras. Empezó enamorando a la vendedora de dulces de la esquina que era tuerta, después tuvo amores y relaciones con una coja, una manca, una minusválida, en fin, cuanta mujer con defectos notables encontraba por el camino de la vida pero, todas eran de su edad o menores. Esto continuó hasta cuando su mente ya muy retorcida empezó a buscar mujeres mayores y defectuosas.

Dejamos de vernos cuando terminamos la carrera. Digo terminamos porque él, supuestamente, no interrumpió nunca sus estudios y como empezamos al mismo tiempo, pues estábamos los dos de grado. Por esos años no existían los celulares y la comunicación se hacia por carta o llamadas a teléfonos fijos, de manera que nuestras confidencias fueron mermando. Hasta que un día me llegó una invitación suya, se iba a casar con una mujer que jamás lo traicionaría y me nombraba padrino. Yo acepté más por curiosidad que por amistad y asistí al juzgado el día señalado. Casi me caigo de espaldas, ¡Qué mujer tan fea! Esa era la suma de fealdad de todas las que le conocí en el pasado pero, lo vi satisfecho y a ella feliz.

Lo abracé y le pedí un favor: que no se reprodujera, que ya el mundo tenía suficientes horrores para sumarle otros. Alzó los hombros y me dijo que no me preocupara por eso, que ella ya tenía seis hijos y todos trabajaban en el circo donde ella era la atracción, era la mujer barbuda. Pensé: cuando el Demonio quiere perder a alguien de veras que lo pierde. Después supe que había quedado viudo y vuelto a casar con otro monstruo circense.

En sus cartas me contaba sus aventuras de hombre infiel y dichoso, acompañaba estas con fotografías de su colección internacional de feas. Dicen que cada persona es feliz a su manera pero yo tengo mis dudas. Al fin y al cabo ese es el gusto de Juan.


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