La esperanza de los naufragos
Edgar Tarazona Angel

En algunos pequeños puertos del Urabá, se encuentran lanchas de pasajeros que pueden transportar hasta 60 pasajeros para atravesar el golfo hasta destinos como Capurganá y Triganá. Un día, que pensaba viajar con mi esposa (hace ya varios años) al primero de estos hermosos pueblos, se llenó el cupo y nos tocó esperar el siguiente viaje.

Bueno, el asunto es que a uno le dan un chaleco salvavidas que debe ajustarse antes de empezar el recorrido y, el timonel, si así se le puede decir, explica que, si por algún motivo la embarcación zozobra no debemos angustiarnos y permanecer con el chaleco puesto y flotando, como las lanchas tienen un recorrido predeterminado y un tiempo reglamentario, al no llegar en el tiempo previsto, de inmediato envían otra para buscar a los náufragos y recogerlos.

La lancha de mi historia partió para el recorrido de una hora y media, pero en alta mar se presentó una sorpresiva tormenta tropical que los arrastró muchos kilómetros mar adentro. Pasaron varias horas antes de que amainara el vendaval tropical y, como de la embarcación no había noticias, de inmediato la comandancia de Necoclí, despachó varias lanchas a buscarlos, pero pasó el día y la noche y nada que aparecían.

Dos avionetas disponibles hicieron un recorrido hasta donde tenían autonomía de vuelo, pero nada. Todos confiábamos en que los chalecos salvavidas los mantendrían a flote, pero lo que desconocíamos era que los vientos huracanados los habían llevado a cien kilómetros de la costa.

Una semana más tarde, un helicóptero avistó los cadáveres flotando. Nadie se había quitado el chaleco salvavidas.