Comentarios políticamente incorrectos sobre lo políticamente correcto
Raquel Molina Serrano


El otro día, Patricia Sánchez-Cutillas, me dejó pensativa. Me hablaba sobre lo que ocurrió el año pasado, cuando preparamos para las bibliotecas del Ayuntamiento de Madrid un libro de relatos en el que participamos todos los alumnos de los talleres de escritura creativa de las distintas bibliotecas de Madrid. Un libro que al final nunca vio la luz, incluso después de haberlo corregido y maquetado. La teoría oficial es que no quedaba dinero de los presupuestos para publicar el libro. A todos nos fastidió bastante, habíamos trabajado mucho y nos apetecía ver nuestro relato y el de nuestros compañeros en un libro. Nos daba lo mismo el tipo de edición, si era más costosa o más artesanal, pero nos hubiera encantado ver nuestras letras publicadas.

Patricia me contaba lo que hubo detrás de que no saliera el libro, aparte de la falta de presupuesto. Ella tuvo que ir a defender los relatos de cada uno de nosotros, porque después de que el Ayuntamiento de Madrid hubiera ofrecido un libro en el que cabía un relato de cada alumno, ya no estaban tan seguros de que pudieran entrar todos los relatos. Para los que se encargaban de la publicación del libro, uno de los relatos era machista, otro demasiado sentimental, otro incluía palabras malsonantes. Y eso no gusta. ¿Y si viene el alcalde a la presentación del libro y encuentra un relato “fuera de tono”?

Y yo me pregunto, ¿qué es “fuera de tono”?, es más, ¿quién define qué está “fuera de tono”?

En la teoría, la solución a este problema que se encuentran las bibliotecas del Ayuntamiento de Madrid (y como ellas, imagino que otros organismos oficiales o no tan oficiales) estaría no en ofrecer, como hicieron, un libro en el que participe un relato de cada alumno sin más criterio de selección que los gustos personales de cada uno, sino en presentar todos los relatos a concurso y seleccionar los más “adecuados”.

Y me sigo preguntando, ¿cuáles son los más “adecuados”? ¿qué jurado decide qué es lo “adecuado”?

Y empieza a rondar en mi cabeza una palabra. Y la intento apartar, pero vuelve una y otra vez: CENSURA.

Y ellos me dirán, “No, no, nosotros no hacemos eso, eso es propio de los regímenes totalitarios y nosotros somos todo lo contrario”.

Y yo les pregunto, ¿y qué diferencia hay entre la censura que se ejerce hoy en día con un pensamiento políticamente correcto y la censura que hicieron los que ahora consideramos políticamente incorrectos? ¿y no podríamos pensar que lo que ahora pensamos que está mal antes estuvo bien y era lo que se debía pensar?

Creo que de tanto querer hacer bien las cosas se cae uno de bruces en lo que tanto se critica. Nosotros somos bien pensantes, no censuramos, hay libertad de expresión, pero ¿es todo eso cierto? ¿quién compone los jurados de los premios literarios que deciden qué se debe publicar y qué no, qué encontraremos en el mercado editorial y qué no, qué se debe leer y qué no?

No estoy muy segura de si estos mismos jurados hubieran dado algún premio a Galdós o tal vez lo hubieran considerado machista. ¿No hubieran pensado que tras leer a Faulkner era consecuencia lógica ir todos corriendo a apuntarnos al Ku Kux Klan? Normalmente el que va a maltratar a su mujer no tiene porqué leer nada antes para que le anime a ello, ¿o es que de pronto nuestros funcionarios tienen miedo de que todos nos convirtamos de golpe en Don Quijote o en Madame Bovary y nos creamos cada palabra que leemos?

Pienso que sería bueno empezar a distinguir entre el arte y la propaganda, y el arte es arte por sí mismo, independientemente del mensaje que cada uno quiera ver en él, que no tiene porqué coincidir con lo que pretendía el autor, o sí, pero ¿quién decide eso?. Y es cierto que el lenguaje crea pensamiento pero ese lenguaje debe ser amplio y diverso para que nuestro pensamiento también lo sea, si no, caeremos sin remedio en el abismo del pensamiento único.

Madrid, 19 de septiembre de 2007