Contemplando la Vida
Melissa Ardan Rojas


“El sublime apasionamiento es una cosa hermosa

y le queda bien de forma maravillosa a la gente

joven. Para personas maduras es más adecuado

tener humor, sonreír, no tomar las cosas en serio,

eso transforma el mundo en una imagen, que nos

permite contemplar las cosas, como si éstas

fueran huidizas nubes del ocaso.”

Hermann Hesse

 

Hay momentos en la vida, en que nos toca reflexionar. La niñez puede ser la más dulce, cuando se tienen padres, hermanos, tíos, abuelos, primos amorosos. Hay cada historia que contar... solo basta ir juntos unos días de vacaciones al mar, viendo esas palmeras, que se menean con el viento marino “como si se estuvieran peinando” – decía Salarrué (escritor, cuentista salvadoreño – su nombre: Salvador Salazar Arrué), luego las caminatas por la playa recogiendo caracoles, jugando con las olas. Y la semana Santa de mis tiempos no era como las de ahora, que capaz, entonces no podíamos hablar alto, correr, poner la radio, y como decimos por allá, no se nos permitía “hacer changoneta”, es decir: “andar jugando ruidosamente, gritando por allí”. Nada de eso.

 

¡Hermann Hesse nos hace ver que eso del sublime apasionamiento le queda bonito a la gente joven! Ah, tiempos aquellos en Centroamérica, nos parecía más bien un gran pueblo, al menos así nos querían tener nuestros padres; cuando las chicas del colegio suspiraban por éste u otro chico, mis amigas y yo, que nuestros padres eran severos, las mirábamos raro y pensábamos: “¿sus papás les dan permiso de salir con ellos?”. A mí, que ni se me ocurriera tal cosa, que tenía un padre más celoso... y se me hubiera armado la de San Quintín y sin razón. Ahora que vivo en otra sociedad en Alemania del norte, donde las chicas comienzan a tomar las pastillas anticonceptivas siendo aún adolecentes, y las compañeritas les hacen burla si no han tenido una experiencia sexual... diría yo, que son dos mundos completamente opuestos.

 

No sé, si aún ahora haya cambiado en Centroamérica la forma de actuar, no lo creo. Especialmente porque creo que una persona no madura, por el número de chicos o chicas que haya tenido, al contrario. La madurez se podrá observar en el respeto que se tengan como personas entre sí, es decir, que NO se hieran o lastimen el corazón.

 

Los seres humanos debemos tratarnos con afecto. Y las cosas que experimentamos a medida que entran los años, realmente van tomando otros matices. Vemos la injusticia, las malas intenciones, la malicia y dependiendo de nuestra estabilidad social, podremos afrontarlas. Sin embargo y a pesar de las amarguras que nos toque enfrentar y nos puedan embargar, no hay que dejar de pensar que son eso, nubes que se disipan en el ocaso y que Dios siempre observa. Tarda a veces en corregir a las personas que hacen mal, pero lo hace. Y a la gente que hace bien, también le acompaña y también le da alegrías.