Navidad: Época de reflexión y nuevos propósitos
Melissa Ardan Rojas



En estas lindas épocas de Navidad, la mayoría de las personas nos ponemos nuevas intenciones para el próximo año. Ser más buenos, atentos, compasivos con el dolor ajeno, no ser indiferentes a las penas de la gente en el mundo. Trabajar, ganar dinero, compartirlo con su familia y naturalmente (ahorrar para malos tiempos) – hacer su “guaca”, como decimos en Latinoamérica.

Aparte de eso nos proponemos: mejorar nuestras relaciones con el marido/ la mujer, los hijos, los primos, tíos, madre/padre. Compartir más tiempo juntos “en armonía”... porque nada vale pasar el tiempo juntos “como perros y gatos” o „”tijereando” (= o sea dados a criticar a todo mundo).

Pero aprovechando “que estamos en un tiempo”, en el que al menos la gente se toma la molestia de “revisar sus acciones”, “reflexionar sobre ellas” y decir, bueno, la verdad es que “pude haber sido mejor” en general, “más atenta”, “más dadivosa”, “más interesada en los demás, en lugar de pensar todo el tiempo en mi misma”, y naturalmente “pude haber ayudado a quien necesitaba y no me quedé como un simple espectador”.

Luego se pregunta uno también “¿y para qué todo esto?” Una vez alguien me dijo: «¿Y qué gano yo, si te ayudo?» y menos mal, que estaba en capacidad de poder ayudar... uno podría preguntarse: ¿qué clase de corazón tiene esta persona? Ese sería un ejemplo, de un corazón mezquino y egoísta.

Yo diría que no hay más grande que la satisfacción personal, de haber hecho, algo "bueno y correcto". Esa persona tal vez, hubiera poder ganado "una conciencia tranquila (si es que tiene una), o también "un agradecimiento infinito y sincero". El solo el hecho que una persona tenga la conciencia tranquila y saber que ha hecho algo bueno, aunque no me lo pidieran. Es bueno, simplemente hacer el bien, por hacer el bien.

Al saber que hemos hecho “feliz” a alguien al hacer una buena acción nos brinda alegría. Cuando estamos en la capacidad y oportunidad de: hacer o dar algo para que alguien pueda hacer un estudio/entrenamiento para que se defienda en la vida; o cuando hemos dado un trabajo a alguien para que esa familia pudiera salir adelante.

Es un signo de bondad: el que las penas ajenas, no nos sean indiferente…y hacer algo, para disminuirlas. No basta que las percibamos, hay que hacer que la situación mejore.

Naturalmente no muchos contamos con los medios económicos, como para ayudar “en grande”... pero, ¿y si uno está en capacidad de ayudar en grande y ayuda como un pobre? O incluso, ¿dejamos de ayudar? Ahora si no tenemos en ese momento capacidad de ayudar ¿qué tal si brindamos una sonrisa a alguien? - No sabemos las penas que lleva adentro. No sabemos qué desesperaciones le acosan en ese momento. ¿Qué tal, de escucharle con interés? O admirar “simplemente la belleza de su ser interior”.

Todos los seres poseemos algo divino en nosotros, que nos hace valiosos a todos; aunque estemos envueltos en una “montaña de mugre”, en alguna parte en nuestra persona... está eso divino, y propongámonos dar día a día, un buen ejemplo de amor, armonía, hermandad.

Si damos una sonrisa, nos regresarán una sonrisa...