Las intermitencias de la muerte (José Saramago)
Raquel Molina Serrano


Dice la contraportada de la nueva novela de José Saramago: En un país cuyo nombre no será mencionado se produce algo nunca visto desde el principio del mundo: la muerte decide suspender su trabajo letal, la gente deja de morir. La euforia colectiva se desata, pero muy pronto dará paso a la desesperación y al caos. Sobran los motivos. Si es cierto que las personas ya no mueren, eso no significa que el tiempo haya parado. El destino de los humanos será una vejez eterna.

Saramago ha conseguido volver a sorprenderme con un planteamiento desconcertante que, poco a poco, consigue convertirse en algo completamente natural, tan natural que llega a humanizar a la mismísima muerte.

Novela bella, muy bella, la he terminado feliz de recuperar a un Saramago optimista, distinto, como renacido de sus últimas novelas, más oscuras.

Durante la lectura he pensado que a la novela le sobran algunas elucubraciones de la parte central, que hacen menos ágil la trama, trepidante al principio, pero se perdona fácilmente con un final, en mi opinión, brillante.

Saramago, a pesar de su estilo tan particular, nunca llega a cansarme. Tal vez porque sigo encontrando entre sus páginas una lucha continua por comprender un poquito más del ser humano, pero no del ser humano con mayúsculas del que nos hablan otros novelistas, sino del ser humano vulgar y corriente, de aquel que nos cruzamos todos los días y que ni siquiera tomamos la molestia de mirar.