A Israel no le agrada el redoble de el tambor de hojalata
Washington Daniel Gorosito Pérez



Tomo como parte del título el de la gran obra que Günter Grass escribe en los años cincuenta, “El tambor de hojalata” (Die Blech Trommel) en la cual hace un ajuste de cuentas con el pasado nazi de Alemania, en el que las heridas permanecían abiertas y estaban aún muy lejos de cicatrizar.

 

El protagonista principal Oskar Matzerath, un niño que por decisión propia, al no estar de acuerdo con el mundo de los adultos, deja de crecer. A los tres años recibe el regalo de un tambor de hojalata que será su amigo inseparable el cual no dejará de tocar y cuando intentan silenciarlo emite gritos tan agudos que son capaces de romper todos los objetos de vidrio a su alrededor.

 

Y lo que no se puede silenciar son las diversas señales de intolerancia en algunos casos que ha recibido el poema de Grass recientemente publicado que lleva como título “Lo que hay que decir” (Was Gesagt Werden Muss) y que hizo su aparición simultáneamente en “Süddeustsche Zeitung” de Alemania, “El País” de España, “La República” de Italia y el estadounidense “The New York Times”.

 

Compartiré con los lectores el texto publicado en “El País” que fuera traducido del alemán por Miguel Sáenz.

 

Lo que hay que decir

 

Por qué guardo silencio demasiado tiempo,

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años- aunque mantenido en secreto-

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho

al que se ha prometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hasta donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el terror…

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido

y quiero seguir estando.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

Israel, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque – suficientemente incriminados como demonios-

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales

lo admito: no sigo callado

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos de ambos países permitan

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Sólo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistades codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.

 

 

Este es el poema que ha generado la polémica. Quizás Grass recordó a Albert Einstein ese físico alemán de origen judío que al morir Chaim Weizmann el 9 de noviembre de 1952 quien fuera primer presidente del Estado de Israel fundado en 1948, le hicieran llegar por medio del embajador en Estados Unidos, una invitación para presentarse como candidato a la presidencia de ese país, la que declinó de manera muy cortés. Se le adjudica al científico más importante del siglo XX la siguiente frase:

 

“No sé con qué armas se liberará la Tercera Guerra Mundial, pero en la Cuarta Guerra Mundial usarán palos y piedras”.

 

Con palos y piedras metafóricamente recibió el poema el Consejo Central de Judíos en Alemania al que calificó de “panfleto agresivo” y dio a conocer su indignación porque Grass utiliza dicho medio para “demonizar a Israel”.

 

El presidente de dicha organización indicó que la errónea posición de Grass demuestra que “un excelente autor, no es por ello un excelente experto en política”.

 

Günter Grass, ¨Premio Nobel de Literatura 1999, critica en el poema la posición de Israel en el marco del conflicto nuclear con Irán, y la política exterior alemana al respecto. Grass cree que Israel planea armar los submarinos Dolphin comprados a Alemania con ojivas nucleares.

 

Critica el suministro del sexto submarino vendido a Israel, desoyendo las denuncias de Organizaciones No Gubernamentales internacionales de que es susceptible de ser equipado con misiles y torpedos tipo crucero con cabezas nucleares. Incluso el gobierno alemán financia 1/3 del costo de estos sumergibles que se enmarca en las indemnizaciones pactadas con la extinta Alemania del Este y aún pendientes de satisfacer al Estado de Israel en compensación por los bienes expoliados por los nazis antes y durante la 2ª Guerra Mundial.

 

Mientras que el autor y columnista alemán Henryk M. Broker, cuyos padres sobrevivieron al holocausto, calificó al escritor como el “prototipo del antisemita culto”, y destacó que el famoso autor siempre tuvo problemas con los judíos, “pero nunca los había manifestado de forma tan clara como en este poema”.

 

Aunque también Günter Grass ha recibido apoyos desde el mundo de la cultura. Su editor en Israel, Ziv Lewis ha dicho: “Estamos a su lado como escritor, aunque no nos pronunciemos sobre su poema”.

 

El presidente del PEN club alemán, Johan Strasser, le expresó su respaldo, al igual que el presidente de la Academia de las Artes en Berlín, Klaus Staeck quien dijo que en un país libre debe ser posible lanzar duras críticas entre amigos, “sin necesidad de despertar la sospecha de antisemitismo”.

 

A su vez el propio autor declaró ante la televisión pública alemana: “El tono general de los debates es no sumergirse en el contenido del poema, sino realizar una campaña contra mí para reiterar que mi reputación quedó deteriorada hasta el final de los tiempos”.

 

En lo personal me agrada de sobremanera la propuesta de Grass en el poema de la creación de una institución internacional que se encargue del control permanente del potencial nuclear israelí y a su vez de las centrales atómicas iraníes y sea aprobado por los gobiernos de ambos países.

 

Por su parte el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu declaró estar seguro que los motivos de Grass son antisemitas. “Durante seis décadas escondió su pasado como miembro de las Waffens SS”.

 

“Por lo tanto no sorprende que defina al único Estado judío, como la amenaza más grande a la paz del mundo y se oponga a que se equipe para su autodefensa”.

 

Netanyahu se refería a que en el 2006 cuando Grass presentó su libro de memorias, “Pelando la cebolla” en el mismo confesaba haber formado parte a los 17 años de un batallón de las Waffen SS.

 

Al respecto vale la pena recordar que en un artículo publicado en agosto del 2007 en The New York Review of Books por el afamado historiador, editorialista y periodista británico Timothy Garton Ash, citaba la posibilidad, no del todo inverosímil, de que Grass hubiese inventado su episodio juvenil con las SS para cerrar con una moraleja su meditación literaria, de toda una vida, sobre la culpa alemana, algo que deja muy claro en el poema de la polémica.

 

Me atrevo a interpolar al poema “Lo que hay que decir”, las palabras que externara el joven poeta y ensayista Hans Magnus Enzensberger en 1960 referidas al Tambor de hojalata:

 

“Hay que leer la primera novela de un autor llamado Günter Grass que producirá gritos de alegría y de indignación”.

 

Los gritos de indignación ya se hicieron sentir, hace unos días el ministro del interior de Israel Eli Yishai justificó la decisión de su gobierno de declarar persona non grata a Günther Gras y prohibir su ingreso al país dado que: “Los poemas de Grass alientan las llamas del odio contra Israel, y son un intento de fomentar la idea de la que formó parte públicamente cuando vistió el uniforme de las SS”.

 

Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez