Edgar Allan Poe, algo más que un gato negro
Washington Daniel Gorosito Pérez



“La imagen inicial que tenemos de Poe en el corazón nos viene de tempranas lecturas y es siempre terrible, es siempre fatal, es siempre el sentido fácil del poeta maldito”, escribió Julio Cortázar.

 

La conocida fotografía de Poe, la que ha recorrido el mundo y ha ilustrado la mayor parte de las ediciones de sus libros, es una muestra clara de los tormentos que albergaba en su interior.

 

Con el pelo revuelto y la corbata torcida, de mirada melancólica y huidiza con sus finos labios arqueados hacia la barbilla, bajo la sombra de un espeso bigote, su rostro resulta una metáfora del contenido de su obra.

 

La azarosa y trágica vida de Poe comienza poco después de su nacimiento. De padres actores, cuando Edgar tiene dos años su padre desaparece y al año siguiente su madre muere de tuberculosis.

 

Fue adoptado por la familia Allen, John y Frances un acomodado matrimonio sureño. Poe llegó a adorar a su madre adoptiva, pero las relaciones con su padre se fueron deteriorando cuando aquella murió.

 

Estas primeras experiencias marcarían definitivamente al escritor. Desde muy joven mostró inteligencia, sensibilidad y elegancia, además de un carácter excitante y propenso a la debilidad nerviosa, que se vio acrecentada por el sentimiento de soledad a la que se había visto abocado en su vida.

 

Poe, quien no descuidó nunca los estudios, comenzó a aficionarse a las juergas etílicas y al juego, para lo que le pedía incesantemente dinero a su padrastro. Allen acabó excluyéndolo del testamento.

 

La afición a la bebida comenzó a torcer la vida de Poe que fue expulsado en 1827 de la Universidad de Virginia. Su padre adoptivo le procuró un puesto de empleado que abandonó poco tiempo después para regresar a su ciudad natal, Boston, donde publicaría anónimamente su primer libro, Tamerlán y otros poemas en el mismo año de su expulsión de la universidad.

 

Luego de un pasaje por el ejército y de ser dado de baja de la Academia de West Point, las mujeres se convirtieron en uno de los ejes centrales en los que giraban sus escritos.

 

Contrae matrimonio con su prima Virginia y esta posteriormente fallece víctima de una larga enfermedad, lo que agravará la tendencia del poeta al consumo de drogas y alcohol.

 

Según su biógrafo, el novelista y crítico británico Meter Ackroyd, Poe consideraba su relación con las mujeres como algo espiritual y “sentía necesidad constante de afecto y atención femeninos”.

 

Los cuentos de terror de Poe revolucionaron al género de la narración corta desde el horror y los mundos subterráneos, y a pesar de que fueron estos los que llevaron al escritor a la fama, sin embargo, Poe siempre mostró debilidad por la poesía.

Para el escritor, la poesía es la máxima expresión literaria y a ella dedicó sus mayores esfuerzos. Entre los poemas más celebres reencuentran El Cuervo, Ulalume y Las Campanas.

 

Poe también asentó las bases de los relatos detectivescos, donde creó el personaje C. Augusted Dupin, con el que asignó la paternidad del género negro que luego encumbraría a Arthur Conan Doyle.

 

Entre los más famosos encontraremos Los crímenes de la calle Morgue o La carta robada, en los que Poe combina análisis con altas dosis de ironía.

 

Edgar Allan Poe fue encontrado en una taberna de la ciudad de Baltimore tras seis días en los que nadie supo dónde se encontraba ni qué hizo, un halo de misterio cubría ese periodo tal cual uno de sus tantos personajes literarios.

 

Fue hallado “completamente enajenado”, según crónicas de la época y con ropas que no le pertenecían. Tras tres días de delirio, Poe expiró en un hospital.

 

Las hipótesis posteriores señalaron que, después de emborracharlo, le utilizaron para votar en las elecciones con nombres distintos, algo que solía suceder en aquella época.

 

La influencia de Poe se hizo sentir fuerte en escritores latinoamericanos como el cuentista uruguayo Horacio Quiroga y su traductor al español el argentino Julio Cortázar quien tradujo su prosa y “The black cat” (El gato negro).

 

Como muestra de su influencia compartiré dos preguntas de la extensa entrevista (una de las últimas) que le hizo en su domicilio de París, Jason Weiss en 1983, para la prestigiosa revista “The Paris Review”.

 

¿Cuándo empezó a sentir interés por lo fantástico?

 

En la infancia. Leí por primera vez a Edgar Allan Poe cuando tenía apenas 9 años. Robé el libro porque mi madre no quería que lo leyera, pensaba que era demasiado chico, y tenía razón. El libro me asustó y estuve tres meses enfermo, porque lo creí… duro como el hierro, yo no tenía ninguna duda. Así eran las cosas. Cuando les daba esa clase de libros a mis amigos ellos decían: “No, preferimos leer relatos de vaqueros”. Los vaqueros eran especialmente populares en esa época. Yo no lo comprendía. Prefería el mundo de lo sobrenatural de lo fantástico.

 

Cuando tradujo las obras completas de Poe muchos años más tarde, ¿descubrió cosas nuevas en él a partir de una lectura tan minuciosa?

 

Muchas, muchas cosas. Exploré su lenguaje, que tanto los ingleses como los norteamericanos critican por encontrarlo demasiado barroco. Como no soy inglés ni norteamericano, lo veo desde otra perspectiva. Sé que tiene aspectos que han envejecido mucho, aspectos exagerados, pero eso no significa nada comparado con su genio. Escribir, en esa época “La caída de la casa de Usher”, o “Ligeia”, o “Berenice”, o “El gato negro”, cualquiera de ellos revela un verdadero genio para lo fantástico y lo sobrenatural. Ayer visité un amigo en la calle Edgar Allan Poe. En esa calle hay una placa donde se lee, “Edgar Allan Poe, escritor inglés”. ¡No era en absoluto inglés! Deberíamos hacerla cambiar… ¡Ambos iremos a protestar! Sin lugar a dudas, Edgar Allan Poe, algo más que un gato negro.