Adiós al poeta sueco Tranströmer, Nobel de Literatura 2011:
“Los muertos traspasan la frontera”

Washington Daniel Gorosito Pérez



Debo confesarlo, escribir de la muerte no me agrada y menos cuando se trata de un poeta. Aunque siempre tengo el consuelo que cada poeta que fallece se transformará en una nueva estrella. En este caso a quien digo adiós es al sueco Tomás Tranströmer, quien fuera distinguido con el Nobel de Literatura en el 2011. Tenía 83 años, murió 60 años después de haber tenido su debut literario en 1954, con el poemario titulado “17 dickter” (17 poemas). Hoy su obra, ha sido traducida a 60 idiomas.

Justamente, en sus inicios, décadas de los 60 y 70, sus colegas suecos más jóvenes lo acusaron de estar de espaldas a las cuestiones más candentes de su tiempo, criticando la proximidad de su poesía con Horacio y su lejanía con la realidad social y política.

Nada más equivocado para un hombre que a lo largo de su vida fue un verdadero luchador social. Quien se consolidara como uno de los poetas de mayor influencia en las últimas cuatro décadas del siglo XX, en su obra muestra una honda preocupación por el planeta y la creciente homogenización  de la sociedad, sobre todo en lo referente a la sociedad de consumo y la cultura.

En sus libros hay referencias a la naturaleza, los parajes y los paisajes de su tierra y del resto de los países nórdicos, de los que se consideraba defensor. Su poesía muy nórdica, muestra una ausencia total de barroquismo, directa y con un estilo a veces incluso surrealista, al menos la parte de la misma que es más experimental.

Su estilo introspectivo, descrito por la revista Publisher Weekly como “místico, versátil y triste”, desentona con la vida misma del poeta, comprometido en la lucha por un mundo mejor y no únicamente a través de sus poemas.

Escribió también Haikus, tipo de poema originario de Japón, que tiene la característica estructural de estar conformado por 3 versos de 5, 7 y 5 sílabas, en el que se procura reproducir un instante de la naturaleza. El laconismo y la economía de medios que fue una característica de la obra del Tranströmer, compagina muy bien con ese género que es de alta exigencia formal.

El escritor sueco, Aris Fioretto, refiriéndose a los Haikus de su compatriota dijo: “Es como si con tres líneas se inventara otra vez la bóveda celeste”.

Aunque no siempre sus Haikus siguieron una relación directa con la temática de la naturaleza, sino con momentos vitales de los individuos. He aquí un ejemplo:

                                       Viento de Dios en la espalda.

                                       El disparo llega en silencio.

                                       Un sueño demasiado largo.

Recordemos que la Academia sueca al otorgarle el Nobel de Literatura dijo que lo había ganado, “porque, a través de sus imágenes condensadas, traslúcidas, nos da un acceso nuevo a la realidad”. Es que su obra se caracteriza por le economía del lenguaje, la concreción y el uso de conmovedoras metáforas.

De profesión psicólogo, supo combinar magistralmente la escritura con el ejercicio de su profesión, hasta que en 1990, ya lo había anticipado increíblemente en uno de sus poemas, sufrió una hemiplejia, quedando su cuerpo semiparalizado y sufriendo la pérdida progresiva de la capacidad de expresarse oralmente. Eso no fue limitante para que con el apoyo de su esposa, Mónica Brandhi, en 1993 publicara sus memorias, “Minnera ser mig” (“Visión de la memoria”).

Un crítico sueco en referencia a sus poemas dijo: “La existencia de un ser humano no acaba allí donde acaban sus dedos”.

Su traductor al español, el uruguayo Roberto Mascaró, en una entrevista publicada en La Jornada de México externo: “La poesía de Tomás Tranströmer es concentrada, con mucho uso de metáforas, de una enorme cadencia y con una poética mítica pero sin dioses”.

A una semana del fin del invierno en el hemisferio norte, Tranströmer traspasó la frontera como le dijo justamente en un poema de su autoría en 1996:

 

                                        SOLSTICIO DE INVIERNO

                                                Mi ropa irradia

                                                un resplandor azul.

                                                Solsticio de invierno.

                                                Tintineantes panderetas de hielo.

                                                Cierro los ojos,

                                                 hay un mundo sordo,

                                                 hay una grieta

                                                por la que los muertos

                                                traspasan la frontera.