México: El adiós a Galeano en la UNAM con “Mujeres”, porras y “Los nadies”
Washington Daniel Gorosito Pérez



Han pasado unos cuantos días del fallecimiento del escritor uruguayo Eduardo Galeano en Montevideo (1940- 2015), y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la mayor institución de enseñanza superior de América Latina, le brindó un homenaje en el Centro Cultural Universitario en el que también se presentó el libro póstumo titulado: Mujeres.

El acto estaba planeado para la Sala Miguel Covarrubias, la que resultó insuficiente, al igual que tres más de las salas cinematográficas o la sala Carlos Chávez, que fueron habilitadas y no alcanzaron ya que cientos de personas se quedaron en la explanada atestiguando la evocación al escriba a través de parlantes.

La escritora mexicana Elena Poniatowska sostuvo  que el escritor era uruguayo, pero también mexicano, salvadoreño, chileno, argentino paraguayo… “era la sangre de nuestras venas abiertas”.

“Eduardo Galeano nos cuenta nuestra historia desde la creación: se despojó de todos los atributos de la gloria, de todas las prebendas y los reconocimientos. Después de leerlo conocemos mejor nuestro continente, y lo conocen mejor los demás pueblos de la tierra. Nunca nadie le había hecho a la historia un servicio tan grande: ponerla al alcance de todos, sabios e iletrados”.

Continuó diciendo Elenita como se le conoce en México, ganadora del Premio Cervantes de Literatura en el 2013: “Aquí en México, cuando entraba en Bellas Artes, el público se le echaba encima, por qué: seguramente los mexicanos sentían que el encarnaba la palabra, que el más que nadie, se responsabilizaba de lo que decía, él no quería que muriera la palabra, antes que cualquier otro era un dador de palabra. Él cumplía su palabra, para él la palabra era su honor”.

Poniatowska reflexionó que las palabras de Galeano siempre fueron vivas, una declaración de amor a América latina: “nunca nos maltrató y con su muerte nos enseñó a morir dignamente”. Según Elena, Galeano aprendió de Rulfo la edición a fondo, la escritura con el hacha, y fue capaz de resumir 20 cuartillas en una línea: “Ellos son dos por error que la noche corrige”. Es algo más que una línea: “No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta”.

Elena recordó momentos con Galeano, pláticas y entrevistas como aquella en que el uruguayo le dijo: “Yo creo en los libros que cambian a la gente. La prueba de que la palabra humana funciona está en quien la recibe, no en quien la da. Un texto es a mi juicio bueno cuando cambia a quien lo lee, cuando lo transfigura. Yo leo eso y dejo de ser lo que era porque me he convertido en otra cosa a partir de la persona que yo era. He multiplicado mi energía que no sabía que tenía, se han encendido en mi fueguitos de la memoria, capacidades de indignación, de asombro, fuentes de belleza que me crecen adentro y que son estimuladas por esas palabras que recibí. Esa es la palabra vida, la que vale la pena, la otra la que te deja como estabas puede sonar muy bien, pero no me sirve”.

Mientras que sobre la obra póstuma Mujeres, la Doctora en Antropología Marta Lamas, evocó a Galeano como uno de los autores más leídos en lengua española, y querido como pocos. Mencionó que el uruguayo encarna el mejor encuentro entre el periodismo, el dato preciso, la mirada a los procesos sociales y la creación literaria.

Para Marta Lamas, el libro Mujeres nos lleva a un viaje por distintas culturas, diversos momentos históricos, para mostrar de manera implacable, aunque con agudeza las creencias sexistas que han servido para discriminar, oprimir, mutilar y masacrar a las mujeres. Las mujeres dibujadas por la mano experta de quien se dedicó la vida entera a espabilar la conciencia de sus lectores, para intentar desde la trinchera, sentipensante, como él solía decir, la transformación de un mundo injusto, patas arriba, atravesado, son heroínas de libertad, víctimas del oro falso de la forma, o en la otra orilla, esclavas casi anónimas, que realizan esfuerzos denodados para lograr avanzar, así sea de manera milimétrica, en pos de la conquista de los derechos humanos o de mejores condiciones de vida.

“Lo que Eduardo Galeano comunica con inteligencia y humor en este libro es su muy especial manera de ser feminista como hombre sensible y siempre atento a denunciar las injusticias y los dolores, era razonable que pusiera su mirada en las barbaridades que se hacen contra las mujeres”. También el libro cuenta las hazañas colectivas de mujeres anónimas, como las que lucharon en la comuna de París, las guerreras de la Revolución Mexicana o las prostitutas que se negaron a atender a los soldados que habían reprimido a los obreros en la Patagonia argentina.

Por su parte el poeta y ensayista Gilberto Prado Galán, consideró que en su libro Mujeres que es una colección de pequeñas historias donde Rita Hayworth o Marilyn Monroe se hojean del mismo modo que Rosa Luxemburgo o Juana de Arco, el mismo es una mezcla de narrador y picardía.

“El común denominador de las mujeres pintadas en cuerpo y alma por Galeano es que, de alguna u otra manera han padecido el flagelo de la dominación, el sometimiento y el encono de los hombres, flagelo explícito en la siguiente frase: “No hay mujer que no resulte sospechosa de mala conducta. Según los boleros, son todas ingratas, según los tangos, son todas unas putas, menos nuestra madre”. Prado Galán considera que el libro Mujeres: “contribuirá a salir del manicomio los tres emes: el de la marginación, el del machismo, el de la misoginia”.

En otro pasaje del evento, el director de la Editorial Siglo XXI,  (Galeano publica en ella desde 1971), reveló que la UNAM deseaba concederle la distinción de “Doctor Honoris Causa” al periodista uruguayo: “Sin embargo sin darme motivo para no aceptar esa distinción que le llenaba de orgullo, me dijo que no podía asistir. La razón era la enfermedad (cáncer de pulmón), pero con una enorme discreción ni siquiera adujo esa causa para no aceptarlo. Quiero hacerlo saber a todos ustedes porque era otra más de las maneras en que la UNAM quería honrar a Eduardo Galeano, desgraciadamente no hubiera podido recibirlo”.

De pronto se oyó el grito de “un goya para Galeano”, la histórica porra que identifica a la UNAM: ¡Goya, goya, cachún, cachún, ra ra cachún cachún ra ra Galeano Universidad!

Casi al final alguien recitó de memoria un trozo de Los nadies:

“Los nadies: los hijos de nadie

los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los

Ninguneados,

Corriendo la liebre, muriendo

la vida, jodidos,

rejodidos”.