Felisberto Hernández: “El francotirador” de metáforas
Washington Daniel Gorosito Pérez



Obvio que lo del título es una metáfora y sin la metáfora la obra de Felisberto Hernández no podría funcionar. La metáfora para el escritor- pianista es la confrontación de diferentes incógnitas. La metáfora en Felisberto proviene, en la medida en que ella es a la vez impotente y relativa a “coordinar los misterios” (Por los tiempos de Clemente Colling).

La metáfora del montevideano se desarrolla en un mundo cerrado, y a veces, cuando ella moviliza a uno o más de los elementos exteriores es para introducir una noción del ridículo o del absurdo.

Pero que más ridículo que la soledad como escritor que sufrió Felisberto, al ser dejado de lado en la literatura uruguaya durante cierto periodo y que más absurdo que lo sucedido en una anécdota que recuperó el Profesor Ricardo Pallares, miembro de la Academia Nacional de Letras del Uruguay.

Cuando en 1954 Felisberto Hernández visitó la Editorial Sudamericana en compañía de su cuarta esposa (la pedagoga Reina Reyes), se encontró (ella se lo contó a Pallares) con más de cincuenta ejemplares de Nadie encendía las lámparas, que permanecían en el sótano, fuera ya de toda comercialización, a pesar que el tiraje había sido relativamente escaso.

En esa ocasión compraron (porque igual los tuvieron que pagar) diez de los ejemplares que fueron posteriormente obsequiados a amigos montevideanos. Esto confirma que su obra en los inicios circuló más que nada entre una élite.

Pero ridículo y absurdo encontramos por ejemplo en “La envenenada”, donde el narrador hace un comparativo del brazo de la muerta con un pararrayos, después con un asta bandera.

 Posteriormente “disparará” otra una nueva metáfora para romper la línea de continuidad lógica y alejarse de la anécdota, de la cual desvía la carga emotiva, para encontrar nuevamente la angustia, no ya al nivel del espectáculo de la suicida sino en la evocación de la “protesta desesperante” del conjunto de las astas (sin banderas) erguidas hacia el cielo.

Para Felisberto la metáfora es una aventura de la escritura. En un fragmento de Filosofía del gangster, titulado “el taxi”, la metáfora es aquí a su vez metaforizada: “La metáfora es un vehículo burgués, cómodo, confortable, va a muchos lados: pero antes tenemos que decirle al conductor dónde vamos y concretar el sitio: si le digo que quiero ir a lo incognocible, sabe donde llevarme: al manicomio”.

Felisberto denuncia la inadecuación de la metáfora y de los fines (metafísicos) que se propone. Emplea la metáfora porque él reconoce no puede “inventar” (no tiene tiempo) un vehículo lingúìstico más apropiado.

Por otra parte, pretende que la metáfora adolezca de firmeza, le hace descuidar ciertas “sombras”, ciertas realidades misteriosas descubiertas en el camino: “Veo que por otro lado la metáfora, en su velocidad, en su síntesis de tiempo en el espacio, en esta ilusión de achicar el espacio, tiene también algo de provisorio que me exaspera:

Atropella demasiado al cruzar las calles: tendría que pensar y sentir con otro ritmo y otra calidad de pensamiento, el misterio de las sombras se transforma demasiado bruscamente en el misterio de lo fugaz”.

Las “imágenes visuales” de Felisberto Hernández sólo son finalmente la puesta en imágenes de cierta alienación. La alienación es una patología de la idealización y la identificación, pero como escritor Felisberto desarrolló un estilo inconfundible que hace única su obra.

Italo Calvino, quien escribiera el prólogo a la edición italiana, “Nessuno accendeva le lampade” dijo: “Felisberto Hernández no se parece a nadie: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos, es un “Francotirador” que desafía toda clasificación y todo marco, pero se presenta como inconfundible al abrir sus páginas”.

Me gusta quedarme con el significado del diccionario de la Real Academia Española de francotirador que dice: Persona que actúa aisladamente y por su cuenta en cualquier actividad sin observar la disciplina del grupo.

Por lo tanto descarto la que dice: Persona aislada que, apostada, ataca con armas de fuego. No me imagino las manos del pianista- escritor Felisberto con otra arma más que su pluma para disparar metáforas obligándonos a encender las lámparas para disfrutar de su obra.