El adiós a Yevtushenko el último poeta soviético, autor de “El ajedrez de México”
Washington Daniel Gorosito Pérez


Murió Yevgeni Yevtushenko, había nacido en lejana Siberia en 1932, su primer poema fue publicado en el diario Sovietski Sport en 1949, cuando contaba con escasos 17 años; con el tiempo se convertiría en el miembro más joven de la Unión de Escritores de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

En la década de los 60, los jóvenes lo ungieron como su poeta preferido dado su estilo nuevo y fresco, de ahí que se transformara en un símbolo importante de ruptura con el duro estalinismo en la época del mandato de Jruschov. Su poesía brincó de temáticas como la amorosa, hasta el resurgimiento del antisemitismo pasando por el enorme poder de la burocracia.

Fue ensayista, novelista, guionista y director de cine, autor de canciones, con más de 150 obras en su haber fue nominado desde 1963 en varias ocasiones al Premio Nobel de Literatura. Una obra clave en su producción literaria fue “No mueras antes de morir” escrita en 1998, donde describe con enorme ironía entre lo ficticio y lo documental, la situación que presentaba la Unión Soviética en los inicios de la década de los 90.

En el poema “Bratski Ges” (Estación hidroeléctrica Bratski) encontramos el siguiente verso: “En Rusia un poeta es más que un poeta”, el que se convertiría en un aforismo y su manifiesto personal. Al enterarse de su fallecimiento Natalia Solzhenitsyn, viuda del escritor y disidente ruso Alexander Solzhenitsyn que recibiera el Nobel de Literatura en 1970, dijo sobre Yevtushenko: “Influyó en el tiempo en que vivía e hizo cambiar muchas cosas”.

Fue bautizado por algunos como el “poeta del deshielo”, otros lo denominaron el del “inconformismo”, dada su libertad de tono y su ruptura con las normas que se admitían en la literatura de la época estalinista. En 1968 visitó México como único participante del mundo Comunista, al Encuentro Internacional de Poetas que formó parte del programa cultural de los Juegos Olímpicos de México 68. Hizo una lectura de sus poemas en ruso que fueron traducidos al español ante 20 mil personas.

De alguna manera el poeta se transformó en una molestia para la élite gobernante soviética, cuando la URSS colapsó decidió acabar sus días en Estados Unidos. Entre sus irreverencias frente al poder, se cuenta que una vez fue interrogado por qué se ponía las camisas estampadas con flores multicolores que solía usar, siendo su respuesta demoledora: “Lo hago solo para dar un poco de color a la gris vida soviética”.

Desde 1991 vivía en Estados Unidos, siendo Profesor de Literatura en la Universidad de Tulsa, Oklahoma, al momento de su fallecimiento. Solía decir: “Me acusan de dar clases en Estados Unidos, incluso de vender mi alma a la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Pero yo doy clases a los nietos de aquellos que se abrazaban con nuestros abuelos en las orillas del río Elba”.

Fue sepultado en el cementerio de Peredelkino, un poblado en las afueras de Moscú, cerca de la tumba de otro enorme literato como fue Boris Pasternak, así era su deseo. Este pueblo era un lugar mítico donde tenían sus casas de campo, los escritores y artistas soviéticos.

Entre sus obras destacadas se encuentra el poema: El ajedrez de México, escrito originalmente en español durante la visita que realizara en 1968, el cual transcribo a continuación:

 

EL AJEDREZ DE MÉXICO

El sol amodorrado.

El polvo amodorrado se derrumba por el camino.

El tañido amodorrado del espejismo.

El gemido amodorrado de un buey.

Flotan bamboleándose con modorra

un sombrero y otro sombrero;

el primer peón,

el segundo peón,

el tercer peón.

 

En castellano el peón es el campesino más pobre

y es también

la figura más pequeña del ajedrez.

Sacrificar al peón es una ley de todos los partidos,

el triste ajedrez de América Latina

es una burla amarga para ustedes:

primer peón,

segundo peón,

tercer peón.

 

Los pedacitos de la tierra campesina

son las casillas de este tablero tan cruel.

Con ustedes, los héroes del machete,

juegan desde los tiempos más lejanos.

Las manos sucias que no huelen nunca

como huele el mango salado del machete.

Juegan con el primer peón,

con el segundo peón,

con el tercer peón.

 

¡ Que lastima señores socios del ajedrecismo político,

que este tablero no sea liso!

¡Sería magnífico nivelar estas incómodas montañas!

¡No dejan jugar!

¡Afuera estas torpes palmas y estas cabañas!

Y la muerte mete en su sombrero,

brillante por fuera, pero negro por dentro,

los mete a ustedes:

El primer peón,

el segundo peón,

el tercer peón.

 

¡Traición hermanos peones!

¡Quitaron del tablero a Emiliano Zapata y Pancho Villa!

El peón que cumplió su papel

no es necesario para los señores ajedrecistas.

Nos sacan a todos del tablero

o el puño de hierro,

o dos dedos, tan tiernos,

quitan al primer peón,

al segundo peón,

al tercer peón.

 

Cuántos peones cayeron

sin cantar hasta el fin La cucaracha.

Ellos no se convirtieron en reyes.

¡Las patadas son tan duras!

Pero dentro de los muertos

se ocultan los reyes,

asesinados en los peones;

en el primer peón,

en el segundo peón,

en el tercer peón.

¡Viva el quinto peón!