El adiós al poeta uruguayo-mexicano Saúl Ibargoyen
Washington Daniel Gorosito Pérez


“En Ciudad de México falleció el poeta uruguayo Saúl Ibargoyen que residía en el país desde 1976, del que poseía la nacionalidad desde el año 2001”, informó el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), el miércoles 9 de enero. Ibargoyen era un prolífico escritor con más de 75 libros publicados, con su obra traducida a trece idiomas entre ellos el ruso, inglés, francés, bielorruso, portugués, árabe y esloveno.

El escriba, había nacido en Montevideo capital de la República Oriental del Uruguay el 26 de marzo de 1930, cuatro meses después su país sede del primer Campeonato Mundial de Fútbol, obtenía el título venciendo a Argentina en la final por un marcador de 4 a 2. Fue un hombre muy vinculado a la literatura y la cultura de México, país al que vendría a radicar en 1976 como exiliado político y lo consideraba su segunda Patria.

Ha desempeñado múltiples actividades como docente, periodista cultural, traductor, coordinador de talleres literarios, editor, entre otras. Al enterarse de su fallecimiento el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II, “viejo amigo y compañero”, tuiteó: “Mexicano por derecho adquirido en sus letras, su presencia cultural, sus talleres literarios, su periodismo. Afortunadamente los viejos rojos, los viejos rockeros y los escritores nunca mueren”.

Entre múltiples galardones obtuvo en 1963 el Premio Nacional del Ministerio de Instrucción Pública de Uruguay y en México en el 2002, el Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada por su libro “El escriba de pie”. Fue miembro de la Academia Nacional de Letras del Uruguay. Se le otorgó el Doctorado Honoris Causa por la Universidad “Monseñor Oscar Arnulfo Romero” de El Salvador (2014); Doctor Honoris Causa por la Universidad de Tijuana, Campus La Paz, B.C.S; México.

De su abundante obra podemos destacar: El poeta y yo; El Torturador; El escriba de pie; Poeta en México City, Basura y más poemas; Llorar pa´delante; Poesía rebelde Latinoamericana. En una entrevista, así se definió: “Soy Saúl Ibargoyen, parece que soy poeta, cuentista, novelista, y tengo muchos otros oficios como diría Pablo Neruda, dentro y fuera de la ley, estoy no sé si feliz pero contento de seguir vivo en este mundo tan duro para millones de personas porque un hombre solo no es nada. Uso la computadora que tiene mejor memoria que yo, escucho a Gardel y el tango, veo el fútbol, recuerdo el mate y el asado… y sí uso el Facebook”.

Su amigo, el poeta Juan Gelman, que también se exiliara en México y recibiera en el 2007 el Premio Cervantes de Literatura en una ocasión dijo: “Saúl Ibargoyen pertenece a la estirpe de los poetas verdaderos, una especie mucho menos abundante de lo que el número de libros de poesía en circulación y la crítica de ciertos críticos permitiría suponer. Es un poeta original y en consecuencia, suele padecer el embate de silencio que le dedican quienes están afiliados a lo novedoso y no atienden lo sustancial”.

Era integrante de lo que el crítico uruguayo Ángel Rama bautizó “Generación de la Crisis”, integrada por escritores uruguayos entre la década de los 50 y 60 del siglo XX. Hace unos días el periódico Crónica de la Ciudad de México, publicó la que sería su última entrevista, de la misma extraigo algunos conceptos que nos muestran el pensamiento del escritor unos días antes de su muerte.

Al ser cuestionado sobre su universo tan propio dentro de la actual poesía Latinoamericana dijo: “Mi apuesta sigue siendo a lo subjetivo en el arte, aún en el marco de ciertas tradiciones y legados culturales. En otras ocasiones he reiterado la idea nada original, de que cada poeta debe fundar su propio ismo, su propia tradición, su verdad no intercambiable, su modo de escarbar la médula de cada palabra, su sed del nombre secreto de los seres y las cosas, su arte poética irrenunciable e invendible”.

Sobre las temáticas de sus obras: “El poeta no debe dejar morir el niño que está en él, que no duerme, atento siempre. Si lo ve agonizar, debe aplicarle una buena respiración boca a boca, de ahí sale todo”. Ante la pregunta de más de 3 décadas viviendo en México, su producción es muy vasta, ¿cómo la definiría en cuanto a un proceso que aún no acaba?

“No es fácil una respuesta atinada, pues uno está como en medio de un camino por el que pasa mucha gente. Se hace camino a lo Machado, y pocas veces te detienes a mirar atrás, recordando la canción de Atahualpa Yupanqui. Debo suponer que de algún modo uno realiza un examen más o menos crítico del propio trabajo, pero desde el ejercicio de la escritura. Incluso desde esa protoescritura, desde esos versos que apenas se insinúan a partir de una imagen, de una representación, de una mínima angustia, de una injusticia social, soterrada o evidente.”

“Pero sí podría mencionar instancias personales que se expresaron en la poesía: el exilio, sobre todo (ese exilio que en más de un sentido nunca termina). Y las numerosas circunstancias de la vida cotidiana, los viajes, los amores, las amistades, las resonancias de la multiplicidad cultural mexicana, la actividad laboral. Pero la poesía no fue suficiente para mí, por eso la apelación a continuar la forja de un discurso narrativo desarrollado en novelas y cuentos. Pienso que ambos discursos, el narrativo y el poético, constituyen el envés y el revés de un entramado único”

Saúl Ibargoyen cuando se refería al exilio solía decir: “El exilio produjo en mí un desgarramiento incurable”.

En un homenaje que le realizara el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA)- Consejo para la Cultura y las Artes (Conaculta) en el año 2010, dentro del ciclo Protagonistas de la Literatura Mexicana, el dramaturgo, ensayista, narrador y poeta Samuel Gordon lo definió con estas palabras: “Se ha dicho que es un poeta entre dos tierras (Uruguay y México) pero pertenece a un solo territorio que es la poesía”.

El año pasado, escribí un poema dedicada a Saúl Ibargoyen el que comparto con gran placer con ustedes:

POETA CHARRÚA EN MÉXICO CITY

Un gran bardo Oriental en México Tenochtitlán,

murga , mate, Cielito lindo y Pericón Nacional,

pluma celeste, corazón de Ceibo.

Alas tienen tus versos

que buscaron la libertad

en un momento, de tú pueblo,

y hoy del hombre en general.

Sos ilustrado y valiente

como dijo el General.

Un escriba de pie

marcada su inspiración

por los destellos que emite

la lejana Cruz del Sur.

Tú patria es el idioma que supiste enriquecer

sin fronteras como el portuñol

que parte de tú obra engalanó.

Para ti, “los pájaros ladran”

para Don Quijote los perros,

Saúl es también un Quijote

más allá de su semejanza en el porte

por sus luchas con las letras

buscando siempre en sus líneas

interpretar científicamente

la tan mentada realidad.

Como en sus inicios poéticos

“El pájaro en el pantano”

el exilio lo llevó a emigrar

a lejana tierra de pantanos

allí decidió volar

desde su Patria querida

el muy lejano Uruguay

un Churrinche*

poeta Charrúa en México City.

 

*Churrinche: es el pájaro nacional del Uruguay. El macho tiene copete rojo, carmesí brillante, antifaz negro, garganta roja, abdomen y pecho rojo, dorso gris, alas negras, cola negra y pico negro, su trinar es hermoso.