Poemas de la enfermera Long Qiaolig desde Wuhan
Washington Daniel Gorosito Pérez


La poesía siempre ha estado presente en los distintos eventos a lo largo de la historia de la humanidad. Ante la tragedia que vive el mundo hoy, enfrentando la pandemia del coronavirus, ésta no podía estar ausente. Las poesías que tengo el gusto de compartir con ustedes, tituladas: “Por favor no molestar” y “Hermanita, esta noche me avergüenzo de la alabanza”, fueron escritas desde el kilómetro cero de la epidemia del coronavirus.

Su autora WeiShuiyin, nombre literario de la enfermera- poeta, Long Qiaoling. Esta profesional de la salud desarrolla habitualmente sus labores en un hospital del Condado de Shandan en la Provincia de Gansu. Desde que estalló el brote de coronavirus al recibir la noticia que se necesitaban con urgencia trabajadores médicos, se ofreció como voluntaria para ir a Wuhan con un equipo médico. Desde entonces ha estado destacada en la primera línea de lucha contra el coronavirus.

 

POR FAVOR NO MOLESTAR

Permítanme quitarme la ropa protectora y la máscara.

Remover la carne de mi cuerpo de su armadura.

Déjenme confiar en mi propia salud.

Déjenme respirar sin ser molestada.

Ah…

Los lemas son suyos.

Las alabanzas son suyas.

La propaganda, los trabajadores modelo, todo suyo.

Simplemente estoy cumpliendo mi deber.

Actuando con la conciencia de un sanitario.

A menudo, no hay más remedio que ir a la batalla con el torso desnudo.

Sin tiempo para elegir entre la vida y la muerte.

Sin ningún ideal elevado.

Por favor, no me condecoren con guirnaldas.

No me aplaudan.

Ahórrenme el reconocimiento por lesiones laborales, martirio o cualquier otro mérito.

No vine a Wuhan para admirar las flores de cerezo.

Y no vine por el paisaje, para recibir halagos.

Solo quiero regresar a casa a salvo cuando termine la epidemia.

Incluso si todo lo que queda son mis huesos.

Debo llevarme a casa con mis hijos y mis padres:

Pregunto:

¿Quién quiere llevar las cenizas de un compañero?

Camino a casa.

Medios de comunicación, periodistas.

Por favor no me molesten otra vez.

Lo que llaman los hechos reales, los datos.

No tengo tiempo ni ganas de seguir con ellos.

Cansada todo el día, toda la noche.

Descansar, dormir.

Eso es más importante que su elogio.

Les invito a que vean, si pueden.

Esas casas desinfectadas.

¿Sale humo de las chimeneas?

Los teléfonos celulares perdidos en el crematorio.

¿Han sido encontrados sus dueños?

 

HERMANITA ESTA NOCHE, ME AVERGÜENZO DE LOS ELOGIOS

En la hora temprana de las dos en punto.

Truenos y relámpagos, viento y lluvia.

Las placas de hierro que bloqueaban las puertas se han derrumbado.

Una personita es llevada a casa por la tormenta.

Flotando como un trozo de papel.

“Hermanita, ¿por qué regresaste tan pronto?”

“Mareos hipoglucémicos, el responsable del grupo me dejo ir”.

“Cuarenta minutos de viaje”

“Un taxista de Wuhan me trajo”.

Cara pálida, voz débil.

El termómetro en su frente marca 33,1º C.

 

El spray de desinfectante, lavarse las manos, repetir.

Limpiar las fosas nasales y las orejas.

Vigilar la operación, el temblor de la mano.

A través de mis gafas protectoras.

No puedo decir si las gotas en su cara.

Son lágrimas o salpicaduras de desinfectante.

Quitar la máscara.

Frente, nariz, mejilla, orejas.

Ampollas, forúnculos, cómplices de hipoglucemia y el frío que se acercan a mí.

No tengo fuerzas para decir nada.

Cualquier consuelo parecerá una falsa muestra de afecto.

Cambiar ropa, zapatos.

Devolver las zapatillas desechables.

Dúchese con agua por encima de 56º C. no coma durante media hora.

 

Todo el mundo lo sabe.

Envuelve firmemente tu cuerpo con ropa protectora durante una docena de horas.

No comas, no bebas, no evacues.

Tienes que comer y beber menos antes de comenzar a trabajar.

Ah, la ropa protectora, ¿cómo es que todavía escasea?

¿Puedes dejar que se cambie una nueva bata protectora durante el turno?

¿Incluso si se extienden las horas de trabajo?

 

La hermanita que regreso con hipoglucemia.

Hasta ahora no he podido recordar tu cara.

Cien hermanas.

Cien máscaras que cubren bellezas desconocidas.

Ocultando tanta hipoglucemia de mi vista.

Quizás hay cosas que no puedo decir.

 

Hermanita, no hay elogios esta noche.

Todas las canciones de alabanza son culpables.

Todas las conciencias engañadas.

Se arrodillarán ante ti.

Ponte una mascarilla, en el instante en que te vuelves.

De repente recuerdo.

Debería agregar otra máscara.

Yo, frente a esta tormenta en erupción.

¿Debo jugar a ser sorda y tonta?