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Si bien es
reconocida internacionalmente la obra del poeta, traductor y ensayista mexicano
Octavio Paz (Ciudad de México 31 de marzo de1914- Ciudad de México 19 de abril
de 1998), quien recibiera el Premio Nobel de Literatura en al año 1990, su
labor como diplomático de carrera del
Servicio Exterior Mexicano tuvo momentos de gran realce y generalmente son poco
conocidos. En 1951 Paz,
es enviado a la representación diplomática en Francia, entre enero y marzo de
1952 desempeñará funciones en la Embajada de México en la India. Entre junio de
1952 y enero de 1953 será enviado a Tokio- Japón. En 1959 después de un paso
por la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores en Ciudad de México,
retornará a París. En 1962 será designado Embajador en la India, donde en 1968
como consecuencia de la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco, renunciará a
dicho cargo en desacuerdo con la medida tomada por el gobierno que presidía el
Lic. Gustavo Díaz Ordaz a quien representaba. Pero sin
lugar a dudas, la “misión” más importante que desempeñara Octavio Paz como
diplomático fue la comisión que le otorgara el Secretario Manuel Tello Macías
de reabrir, es decir poner de nuevo en funcionamiento la Embajada de México en Japón. Se trataba
de reanudar las relaciones rotas por una década, cuando el 28 de mayo de 1942
la Cámara de Diputados había aprobado por unanimidad una iniciativa de ley
enviada por el presidente, General Manuel Ávila Camacho, que declaraba a México
en estado de guerra contra el eje formado por Alemania, Italia y Japón. La carta que
a continuación transcribo, un documento histórico de esa encomienda
diplomática, nos pinta con el estilo inigualable de su pluma, en la que nos regala chispazos literarios en las
descripciones, la serie de problemas que el literato tuvo que afrontar para
cumplir con la misión asignada.
Tokio, 8 de junio de 1952. Señor don
Manuel Tello, Secretario
de Relaciones Exteriores, México D.F. Muy
distinguido señor y fino amigo: Según anunció a usted
por medio de un cablegrama, desde el día 5 de junio me encuentro en Tokio. Así,
estas líneas tienen por primer objeto ofrecerme a sus órdenes en este mi nuevo
puesto. Y como no
deseo quitarle un tiempo precioso, paso a informarle de mis actividades durante
estos tres primeros días. Pero antes de entrar en materia debo explicarle que
le envío una carta personal, en lugar de un oficio, porque no tengo en mi poder
el Instructivo para clasificar la correspondencia oficial. Apenas lo reciba,
volveré a las vías normales. Sírvase perdonarme esta leve, y obligada,
infracción a las reglas. Instalación
de la Embajada de México en Japón.
Llegué el día cinco de junio por la tarde. Antes, a través del encargado
de negocios de Japón en la India, había comunicado al Ministerio de Negocios
Extranjeros del Japón el día y la hora de mi llegada. Me recibieron en el
aeropuerto el señor Hisshi Sato, Jefe de la Sección
de América Latina en el Ministerio, el Secretario Kozaburo
Masuzawa, comisionado por la Dirección de Protocolo,
el señor H.E.B Hultmark, de la Legación de Suecia,
Jefe de la Oficina que se ha encargado de los asuntos mexicanos desde que
interrumpimos nuestras relaciones con el Japón, una delegación de la Sociedad
Japonesa de Amigos de México y el señor Hideo Furuya. Todas estas personas me saludaron en términos de
gran cortesía, lo que me impresionó gratamente. Tras de agradecerles su
atención, abordé el automóvil que me envío el Ministerio de Negocios
Extranjeros. En el trayecto el señor Satome informó
que el señor Katsuo Okazaki,
Ministro de Negocios Extranjeros, podría recibirme el siete de junio, si esa
fecha me convenía. Aunque no dejó de extrañarme la premura, contesté que
tendría un gran placer en saludarlo ese día. El señor Sato agregó que el
Director de Protocolo, señor Yukihisa Tamura, se sentiría muy honrado en recibirme el día seis
por la mañana a efecto de arreglar mi entrevista con el señor Ministro.
Al día siguiente el Secretario de Embajada, señor Nasuzava,
me condujo ante el Director de Protocolo. Acordamos que al día siguiente, a las
once de la mañana, me recibiría el Ministro. La única formalidad consistiría en
la entrega de una nota, en la cual yo le comunicaría al señor Okazaki que desde el cinco de junio había instalado, en mi
calidad de Encargado de Negocios a.i., la Embajada de
México en Japón. El día siete por la mañana el mismo Secretario Masuzawa se presentó en mi hotel y me condujo al
Ministerio. Allí me esperaban el Director de Protocolo y el Jefe de Gabinete
del Ministro. Inmediatamente se me llevó al despacho del señor Okazaki, retirándose mis acompañantes apenas fui
presentado. La entrevista fue muy agradable y cordial. Duró más de media hora,
lo cual, según me explicó más tarde el señor Tamura,
es más bien poco frecuente, pues el Ministro es avaro de su tiempo. El
Ministro me dijo que su Gobierno tenía verdadero interés en restablecer
plenamente sus relaciones con México, especialmente en el orden económico y
comercial. Me agregó que deseaba enviar lo antes posible un Embajador.
Desgraciadamente se tropezaba con ciertos obstáculos. Normalmente un Embajador
debe ser una persona de cuarenta y cinco o cincuenta años, edad que le permitía
una cierta experiencia diplomática. Pero los diplomáticos japoneses de esa edad
carecían, precisamente, de esa experiencia, pues durante los diez últimos años
había habido un vacío en la vida internacional del Japón. Y los otros eran
demasiado viejos o demasiado jóvenes. Quedaba el recurso de enviar a un
banquero, a un profesor o a una personalidad no- diplomática. Ahora bien,
ninguno de los candidatos ajenos a la carrera diplomática hablaba el español. Y
esto le parecía un grave defecto. Se extendió después sobre la necesidad de
completar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con un intercambio
más activo en la esfera económica. Este tema parece interesarles a todos. Un
poco después me despedí del señor Ministro, no sin hace mutuos recuerdos de
Nueva Delhi, en donde el señor Okazaki vivió algún
tiempo. El señor Ministro me encargó que lo saludase a usted de su parte y le
expresase la gran alegría de su Gobierno por la reanudación de relaciones
diplomáticas con México. Correspondí en los mismos términos. El señor Okazaki es una personalidad viva, inteligente y dinámica. Mañana
solicitaré ser recibido por el Embajador de Francia, Decano del Cuerpo
Diplomático. Inmediatamente después comunicaré a las Misiones Diplomáticas el establecimiento
de la Embajada y haré las visitas de rigor. Como usted observará he procedido
con gran rapidez, un tanto obligado por las circunstancias, pues tengo la
impresión de que el Gobierno Japonés desea acelerar el establecimiento de las
nuevas Misiones. Asuntos
mexicanos al cuidado de la Legación de Suecia. El día seis
por la tarde tuve la visita del señor Hultmark. Me
dijo que el Ministro de Suecia se encontraba en Corea, pero que regresaría el
miércoles. Agregó que tenía interés y urgencia en hablar conmigo, a efectos de
hacerme entrega de los asuntos mexicanos que habían estado al cuidado de la
Legación de Suecia. Respondí que apenas el Ministro tuviese a bien recibirme,
lo vería para arreglar este problema. Me indicó que había girado órdenes a los
Consulados de Suecia en el Japón para que indicasen a todas las personas que
tenían negocios pendientes con México que desde el cinco de junio deberían
dirigirse a la Embajada Mexicana. Ignora la importancia, cuantía y número de
esos asuntos. Espero tener el próximo miércoles, informes más completos. Pero
desde ahora le ruego que se sirva darme sus instrucciones, para obrar en
consecuencia. El señor Hultmark se ocupa, desde hace nueve años, de los asuntos
mexicanos. Me pareció que deseaba una expresión tangible de nuestro
reconocimiento. He pensado ofrecer una comida al Ministro de Suecia y al señor Hultmark, apenas tenga los fondos necesarios. Asimismo
dirigiré una comunicación al Ministro de Suecia y otra al señor Hultmark, agradeciéndoles su gestión. Me atrevo a sugerir
que la Secretaría a través de la misión Diplomática sueca en México, envíe una
comunicación al gobierno sueco, agradeciendo la gestión, y haciendo mención del
señor H.E.B Hultmark, quien desde hace nueve años ha
estado al cuidado de los intereses y asuntos mexicanos. Impresión
general sobre Tokio.
Mis primeras impresiones son muy favorables. Me ha sorprendido la
cortesía y gentileza de los funcionarios del Ministerio de Asuntos Extranjeros.
También el estado, acaso aparente, de prosperidad general. No se ven mendigos.
La gente parece sana y alegre. Contra lo que esperaba, no he percibido rencor
contra los norteamericanos. Esta impresión puede ser superficial, pues los
incidentes del primero de mayo parecen demostrar lo contrario. Pero no creo
equivocarme al afirmar que he encontrado un estado de espíritu muy distinto al
de Europa, especialmente al de Francia: ni amargura, ni resentimiento. No se
percibe el odio al extranjero, ni se ven los rostros cansados o crispados tan
frecuentes en las ciudades europeas. Tampoco nada que recuerde la otra miseria
de la India, ni la reserva y desconfianza, casi siempre enmascarada de
autosuficiencia, de la burocracia hindú. La juventud, por lo que he visto en
las calles, se encuentra muy “americanizada”. En ningún país es tan profunda y
visible la influencia de las maneras y costumbre de nuestros vecinos. La
actitud de los americanos me parece correcta, aunque, como siempre, un poco
despreocupada. Me imagino, además, que la presencia continua de muchos miles de
soldados, francamente desmoralizadora, debe producir reacciones adversas en la
opinión pública. Y ya sabemos quienes, en todo el mundo, están explotando para
sus propios fines los sentimientos nacionalistas. En fin, no puedo ni quiero
extenderme sobre esto, pues corro el riesgo de hacer juicios prematuros y
temerarios. Lo que no me impide repetir: mi primera impresión es muy grata; y
me ha sorprendido la salud, la limpieza, la alegría y el dinamismo de esta
ciudad. Finalmente,
debo mencionar el costo de la vida. Tokio me parece la ciudad más cara del
mundo. Las cifras hablan por sí solas: vivo en el Hotel Imperial (que ya no es
el mejor), ocupo el cuarto más barato y pago once dólares diarios sin
alimentos. (En Nueva Delhi nuestra Embajada ocupa un departamento en el mejor
hotel, compuesto de tres habitaciones, y paga con la comida comprendida, 16
dólares diarios). Los precios de las comidas son absurdos: hay que calcular
entre cinco y siete dólares diarios. Es decir, gasto 17 dólares diarios en
comer y dormir. Cuando llegue mi familia, se embarca el día seis de junio, la
situación será desesperada. Y esta cuestión de la carestía de la vida me lleva
a otro tema. Problemas
materiales de la instalación de la Embajada.
Residencia.- Dada la situación actual es imposible utilizar la solución
provisional de instalarme en una suite de hotel y allí concentrar residencia y
cancillería. Así, desde ayer me dediqué a buscar casa, ayudado por el diligente
señor Furuya y el amable Secretario Masuzawa. Las oficinas son caras, la Embajada de Brasil
paga doscientos dólares por dos cuartos minúsculos. Además, hay que pagar previamente
dos o tres mil dólares por “derechos de alquiler” (práctica que ya figura como
clausula legal, según me dice el señor Furuya). Por
otra parte, los norteamericanos empiezan a desalojar las casas que hasta ahora
han ocupado. De ahí que, aunque difícil, no sea imposible encontrar un local
que sirva de residencia y cancillería. El problema reside en los precios. Tanto
las personas que me auxilian en la búsqueda de casa como las agencias
inmobiliarias que he visitado me
informan que habrá que calcular entre quinientos y setecientos dólares
mensuales de renta. Me doy cuenta que estas cifras parecen fantásticas.
Desgraciadamente, son reales. Parece que las casas se alquilan sin muebles, lo
que agrava las cosas. Así pues, y a reserva de confirmar estos datos,
especificando las proposiciones que espero recibir la semana que entra, ruego a
usted encarecidamente que se sirva considerar este problema. Temo que resulten
insuficientes los gastos de sostenimiento, como ocurre ya con mi sueldo. Muebles.-
Si usted aprueba que alquile una casa que sirva de residencia y cancillería,
será necesario pensar en la compra, o en el alquiler, acaso, de muebles y enseres
domésticos. Ruego a usted muy atentamente que se sirva impartirme instrucciones
sobre este particular.
Por otra parte, tengo inmediatamente necesidad de muebles y útiles de
oficina. Hasta ahora trabajo con mi máquina portátil y con papel que he
comprado. Pero apenas me instale será necesario comprar dos máquinas de
escribir, un archivero, escritorios, mesas, sillas, caja fuerte, alfombra,
mapas, etc. Le suplico que me indique como debo proceder. Igualmente,
es indispensable y urgente el envío de sellos, formas, Instructivo para
clasificar la correspondencia, etc. Algo de eso, lo más importante, podría
remitírseme por correo aéreo. Finalmente- the last but no the
least- ruego a usted que se sirva decirme cómo y cuando recibiré la clave, la bandera, el escudo, retratos
del señor Presidente, etc.
Coche.- Me parece urgente la compra de un coche. Contra mis esperanzas,
y a causa de ésta no sospechada e increíble carestía de vida, en mucho tiempo
no podré comprarme un pequeño automóvil (de este modo se habría resuelto el
problema, hasta la llegada del Embajador). Pero no me parece conveniente que la
Misión Mexicana carezca de automóvil. Ayer por la tarde fui a la Agencia. El
único coche disponible, entre los adecuados para una Embajada, es el Buick. El precio de un “super Buick”, sedán, modelo 1952, con calefacción y radio es de
3,587 dólares, sin derechos ni impuestos naturalmente. Pueden entregarlo quince
días después de hecho el pedido. No creo que salga más barato comprarlo en los
Estados Unidos y enviarlo. Pero, si me equivoco, la diferencia debe ser muy
pequeña. En cambio, las ventajas de la compra directa en Tokio son obvias y
considerables. Si, como se hizo en el caso del Lic. Portes Gil. No sé como podría hacer frente a un gasto semejante. Además, no
sería difícil que ocurriese lo que aconteció con el coche de nuestra Embajada
en la India: llegó en mal estado y hubo que hacer gastos considerables para
repararlo. Así pues, suplico a usted que se sirva acordar, si juzga conveniente
la compra inmediata de un coche, que se me autorice a comprarlo directamente en
Tokio por la suma de 3,587 dólares. De todos modos, e incluso si no le parece
digna de consideración mi sugestión, le ruego que me indique cómo debo resolver
el problema del automóvil para la Embajada de México en Japón.
Y ahora, estimado señor Tello, debo abordar la última parte, y para mí
la más penosa, de esta larga carta: mi situación personal.
Pasajes.- En primer término, le agradezco muy sinceramente que se haya
servido autorizar la orden de pago correspondiente al medio pasaje de mi hija
de París a Delhi. Pero nunca el gozo es completo. La cantidad que se me
concedió para trasladarme de Delhi a Tokio no cubre el costo real de los
pasajes. La Secretaría acordó la suma de 952.97 dólares o sea 317.66 dólares
por persona. En realidad el pasaje en avión de Delhi a Tokio asciende a la suma
de 398 dólares por persona (1,894 rupias) o sea 1,196 dólares. La
diferencia, por tanto, es considerable: 243 dólares. Ruego a usted que se sirva dictar
sus estimables órdenes a efecto de que, a la mayor brevedad posible, sea
rectificado este error.
Sobresueldo.- Recordará usted que hace tiempo le escribí, agradeciéndole
el sobresueldo que se sirvió otorgar al personal comisionado en Delhi. Ahora,
con toda franqueza debo decirle que ni siquiera ese sobresueldo, que, lo
reconozco, es excepcional y muy generoso, me parece suficiente. No es posible
darse cuenta de la carestía de la vida en esta ciudad, hasta que se comprueba
en carne propia, París me parecía la ciudad más cara del mundo (con la
excepción de Nueva York, Moscú o Caracas). He cambiado la idea después de tres
días de vida en Tokio. De ahí que me atreva a pedirle que, por lo menos, y si
no es posible aumentar el sobresueldo al nivel de los comisionados en Moscú, se
me conceda seguir disfrutando del sobresueldo que percibía en Delhi. Le aseguro
a usted, aunque le parezca exagerada mi solicitud, que constituirá apenas una
mínima ayuda.
Finalmente, hago votos porque la Delegación Fiscal haya procedido ya a
depositar en mi cuenta los gastos de sostenimiento correspondientes a junio. De
otra manera no sé cómo podré afrontar esta situación.
Perdone usted esta carta tan larga y toda ella erizada de solicitudes y
preguntas. Créame usted que todas, o casi todas, previenen de mi ferviente
deseo de hacer las cosas los mejor posible y siempre pensando en la dignidad de
nuestra patria.
El señor Furuya me ruega que le trasmita sus
atentos y respetuosos saludos. Agradezco
de antemano la atención que le merezcan estas precipitadas líneas y en espera
de sus órdenes e instrucciones, me es grato repetirme como su fiel colaborador
y devoto y sincero amigo.
Octavio Paz P.D.- Unos
minutos antes de depositar esta carta en el correo, recibí la llamada
telefónica del señor Masuzawa, quien me dijo que
acababa de recibirse en el Ministerio un telegrama de la Embajada Japonesa en
México, anunciando que se solicitaba el beneplácito para que el señor Manuel
Maples Arce, designado Embajador de México. La noticia no dejó de sorprenderme,
pero me cuidé de dar a entender que no sabía nada. Aunque ignoro la fecha en
que el señor Maples Arce, persona a quien profeso gran estimación, llegará a
esta ciudad, me imagino que será cosa, cuando menos, de un mes. A reserva de su
mejor opinión, y, asimismo, de lo que opine el señor Maples Arce, me parece que
mi gestión aquí debe limitarse a lo siguiente: a) Recibir los asuntos que han
estado al cuidado de la Legación de Suecia; b) Buscar casa sin cerrar el trato
hasta la llegada del señor Embajador, c) ¿Debo buscar Oficina o seguir como
hasta ahora en un Hotel? d) ¿Debo esperar hasta la llegada del señor Embajador
o se me darán instrucciones y medios para que compre los útiles de Oficina más
indispensables? e) Suplico el envío urgente del Instructivo, sellos, formas y
circulares más importantes, especialmente en materia consular y migratoria; f) Queda en pie mi solicitud
relativa al sobresueldo y mi atenta suplica de que, a la mayor brevedad, se
rectifique el error referente al monto de mis pasajes. Muy atentamente, Vale, O.Paz. Lic.
Washington Daniel Gorosito Pérez |
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