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Corría septiembre de 1978 y Octavio Paz, se encontraba en Washington
invitado para dictar una conferencia sobre las relaciones históricas entre
México y los Estados Unidos en el Meridian International Center. Paz sería el
encargado de inaugurar un ciclo dedicado a México y lo tituló: “Posiciones y
Contraposiciones”. Dicha conferencia aparecerá publicada, 5 años después en el
libro Tiempo Nublado.
“Nuestros países son vecinos y están condenados a vivir el uno al lado del
otro; sin embargo, más que por fronteras físicas y políticas, están separados por
diferencias sociales, económicas y psíquicas muy profundas. Esas diferencias
saltan a la vista y una mirada superficial podría reducirlas a la conocida
oposición entre desarrollo y subdesarrollo, riqueza y pobreza, poderío y debilidad,
dominación y dependencia”.
“Pero la diferencia básica es invisible; además, quizá, infranqueable. La
razón es clara: estas diferencias no son solamente cuantitativas, sino que
pertenecen al orden de las civilizaciones. Lo que nos separa es aquello que nos
une: somos dos versiones distintas de la civilización de Occidente”.
“Desde que los mexicanos comenzaron a tener conciencia de identidad
nacional, a mediados del siglo XVIII, se interesaron en sus vecinos. Al
principio con una mezcla de curiosidad y desdén; después, con admiración y
entusiasmo, pronto teñidos de temor y envidia. La idea que tiene el pueblo de
México de los Estados Unidos es contradictoria, pasional e impermeable a la
crítica; más que una idea es una imagen mítica”.
“Algo semejante ocurre con los norteamericanos, trátese de escritores o de
políticos, de hombres de negocios o de simples viajeros, sus percepciones han
sido fragmentarias. En general, los norteamericanos no han buscado a México en
México; han buscado sus obsesiones, sus entusiasmos, sus fobias, sus
esperanzas, sus intereses y eso es lo que han encontrado. En suma, la historia
de nuestras relaciones es la de un mutuo y pertinaz engaño”.
“La oposición entre México y Estados Unidos pertenece a la dualidad
Norte/Sur. El norte del continente estaba poblado por naciones nómadas y
guerreras; Mesoamérica, en cambio, conoció una civilización agrícola, dueña de
complejas instituciones sociales y políticas. La gran oposición de la América
precolombina en el territorio que ahora ocupan Canadá, Estados Unidos y México
no fue, como en el Antiguo Mundo, entre civilizaciones distintas, sino entre
dos modos de vida diferentes; nómades y sedentarios; cazadores y agricultores”.
“Esta división tuvo una gran influencia en el desarrollo posterior de los
Estados Unidos y de México. La política de los ingleses y los españoles frente
a los indios norteamericanos estuvo determinada, en buena parte, por este
hecho: no fue indiferente que los primeros fundasen sus establecimientos en el
territorio de los nómades y los segundos en el de los sedentarios”.
“Las diferencias entre los españoles e ingleses que fundaron Nueva España y
Nueva Inglaterra no eran menos acusadas. Todas ellas se resumen en una
diferencia fundamental y en la que, quizá, está el origen de la distinta
evolución de nuestros países: en Inglaterra triunfó la Reforma mientras que en
España fue la campeona de la Contrarreforma”.
“La civilización Mesoamericana murió de muerte violenta, pero México es
México gracias a la presencia india. Aunque la lengua y la religión, las
instituciones políticas y la cultura del país son occidentales, hay una
vertiente de México que mira hacia otro lado: el lado indio. Somos un pueblo
entre dos civilizaciones y entre dos pasados. En los Estados Unidos no aparece
la dimensión india. Esta es, a mi juicio, la diferencia mayor entre los dos
países”.
“La diferencia central, desde el punto de vista de evolución histórica de
las dos sociedades, reside a mi modo de ver en lo siguiente: con la Reforma,
crítica religiosa de la religión y antecedente necesario de la Ilustración,
comienza el mundo moderno; con la Contrarreforma y el neotomismo, España y sus
posesiones se cierran al mundo moderno”.
“Por razón de su origen y de su historia intelectual y política, los
Estados Unidos son una sociedad orientada hacia el futuro. El fundamento de la
nación no está en el pasado sino en el porvenir. Mejor dicho: su pasado, su
acta de fundación, fue una promesa de futuro y cada vez que los Estados Unidos
regresan a su origen, a su pasado redescubren el futuro”.
“La orientación de México, como se ha visto, fue la opuesta La utopía (de
la Revolución Mexicana) no consistía en construir el porvenir sino en regresar
al origen, al comienzo”.
“En el siglo XVII la sociedad mexicana era más rica y próspera que la
norteamericana. Esta situación se prolongó hasta mediados del siglo XVIII. Para
comprobarlo Basta con dar un vistazo a los monumentos y edificios de las
ciudades de entonces: México y Boston, Puebla y Filadelfia. En menos de
cincuenta años todo cambió. En 1847 los Estados Unidos invaden México, lo
derrotan y les imponen terribles y onerosas condiciones de paz”.
“La crisis actual de los Estados Unidos afecta al fundamento mismo de la
nación, quiero decir, a los principios que la fundaron. Dije ya que hay un leit- motif que corre a lo largo
de la historia norteamericana, desde la época de las colonias puritanas de
Nueva Inglaterra hasta nuestros días: la tensión entre libertad e igualdad. La
lucha de los negros, los chicanos y otras minorías no son sino una expresión de
este dualismo. A esta contradicción externa corresponde otra externa: los
Estados Unidos son una república y son un imperio”.
“En un
ensayo
escrito hace algunos años señalé que la primera de estas
contradicciones (la interna entre igualdad y libertad) se resolvió en Roma con
la supresión de la libertad; el cesarismo fue, al principio una solución
igualitaria que, como todas las soluciones por la fuerza, acabó también por
suprimir la igualdad. La otra contradicción causó la ruina de Atenas, la
primera república imperial de la historia”.
“La sociedad colonial norteamericana fue una sociedad libre e igualitaria
pero exclusiva. Fieles a sus orígenes, lo mismo en la política interior, los
Estados Unidos han ignorado siempre al otro. En el interior al negro, el
chicano o al portorriqueño; en el exterior: a las culturas y sociedades
marginales”.
“Hoy los Estados Unidos se enfrentan a enemigos muy poderosos pero el
peligro mortal no está fuera sino dentro: No es Moscú sino esa muestra de
arrogancia y oportunismo, ceguera y maquiavelismo a corto plazo, volubilidad y
terquedad, que ha caracterizado a su política exterior en los últimos años y
que recuerda extrañamente a la del Estado ateniense en su disputa con Esparta”.
“Para vencer a los enemigos, los Estados Unidos deben primero vencerse a sí
mismos: regresar a sus orígenes. Pero no para repetirlos sino para
rectificarlos: el otro y los otros las minorías del interior tanto como los
pueblos y naciones marginales del exterior existen. Si los Estados Unidos han
de recobrar la entereza y la lucidez, tienen que recobrarse a sí mismos y para
recobrarse a sí mismos tienen que recobrar a los otros: a los excluidos de
Occidente”.
En este último párrafo el intelectual mexicano Octavio Paz, profetiza lo
que está viviendo Estados Unidos 45 años después.
¡Hasta
el próximo encuentro…!
Dr.(c). Washington
Daniel Gorosito Pérez |
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