La hora de despertarnos juntos
Raquel Molina Serrano


Una rosa para Faulkner

Antes incluso de abrir los ojos ya siento tu presencia. Una calidez desconocida me embarga al pensar en tu cuerpo junto al mío, y me ovillo a tu lado disfrutando del momento. Todavía no quiero abrir los ojos, no, quiero dejarme tomar por los recuerdos de la víspera.

Pienso en la rosa depositada en la mesita que pocas horas antes formaba parte de mi ramo de novia. No necesito mirar al suelo para saber en qué desorden se encontrarán los trajes de ceremonia que se dispersaron en la urgencia.

No abro los ojos.

Después de tanto tiempo al fin se cumplió nuestro deseo, largamente acariciado. Aquella bestia quiso impedirlo en el último momento, pero no lo consiguió. Si no abro los ojos no veré la herida de bala junto a tu corazón.

No abro los ojos, y no los abriré hasta que consigamos despertarnos juntos.