A un ser angelical
Melissa Ardan Rojas



Siendo tú, mi amor celeste

y con la distancia física,      que nos separa 

en este mundo,

ya te debo infinidad de besos

y otros tantos abrazos.

 

No sé siquiera,

si me alcanzará esta vida y la eterna

para devolvértelos todos.

 

Intentaré yo mandárte

algunos...

con una mariposa      por la mañana

cuando hace su ronda por tu jardín,

o tal vez con una brisa      de la tarde

antes de ponerse el sol,

o cuando estés ya,        en tu cama

justo antes              de dormirte

y pondré mis besos

en tu frente

en  tu mejilla,

en tu boca.

 

Los suspiros nacen de mí,

sin saber

de donde vienen,

pero tengo la certeza

que eres tú,

quien los provoca.

 

Te llevo en el alma,

¡Quién sabe desde cuando!