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Si en mí cayeran los vocablos
Wilfredo Carrizales



Si el pájaro –v. gr. un cristofué- atrapara en el aire –después de un difícil viraje- a un insecto, ¿podríamos capturar nosotros al pájaro en su itinerario de sueño?

 

Si la nube se desgajara de un cielo en cierne, ¿nos desgajaríamos nosotros de una nube que no terminara de madurar aún?

 

Si las sombras del plátano fueran ilusorias, ¿no serían ilusorias también las causas que las provocaran?

 

Si la piel se erizara al contacto con la punta de un lápiz, ¿el lápiz no se ruborizaría al sentir la epidermis de la escritura?

 

Si el círculo girara incesante encima de una mesa concéntrica, ¿el círculo sobre la superficie del agua no daría vueltas infinitamente?

 

Si un hombre se ahorcara con una cuerda sin nudos, ¿la cuerda sería responsable del vaivén del ahorcado?

Si los anteojos miraran lo que no les conviene, ¿los anteojos no estarían incurriendo en error de paralaje?

 

Si el reloj se perdiera irremisiblemente en el tiempo, ¿el reloj no sería capaz después de volver convertido en máquina trituradora de recuerdos?

Si descubriéramos al tigre flotando y rugiendo con la luna llena dentro, ¿no se transmutaría el orden natural de las cosas?

 

Si en el límite de la esperanza, un clavo se cruzara con otro clavo y juntos unieran los tablones que andaran separados, ¿se aduciría la primacía del azar sobre la necesidad?

 

Si un triángulo asistiera a su propio derrumbe, ¿un cuadrado tendría derecho a tenderse bajo la elíptica y especular sin pausa?

 

Si una reina tímida evitara la mención del medioevo y los leones, ¿su reinado, por ello, sucumbiría temprano ante los embates de la insulsez?

 

Si los muertos vivieran en la vitalidad de sus sinos, ¿la muerte se acostumbraría a lo lozano de su función?

 

Si la viuda se violentara con el tono de la viola, ¿la viudez se pondría en entredicho a partir de entonces?

 

Si el pobre rezara el Páter Nostrum con patetismo, ¿el rico oraría tras la pátina de su altar?

 

Si el caminante gustara de la estría de la estrada, ¿sus pasos pesarían menos o pesarían más?

 

Si la meretriz tuviera deseos y decires, ¿merecería recompensas ciertas y consejas al por mayor?

 

Si en la suite, el vicario diera un tour sin tocar el piso, ¿hubiera ocurrido un desliz de escasa notoriedad?

 

Si el furioso tocara el tema y sus variaciones ¿qué quedaría en el fondo de las partituras?

 

Si el lagarto constituyera un enigma al pie de la pilastra, ¿las incógnitas tenderían a apilarse en razón de su intrínseca afinidad?

 

Si un cadáver cayera del claro cielo, ¿esto induciría a pensar en alguna rotura de las tumbas del firmamento?

 

Si lo espeso vibrara por su juego, ¿cuántas jugarretas se desplazarían entonces a través de las edades?

 

Si todo lo diera como Él afirma, ¿cómo se entendería luego su poca nada?

 

Si el chocolate estuviera derretido a pesar del frío, ¿estaríamos en presencia de un acto de fe fortuito o a conveniencia?

 

Si el mensajero estuviera tratando de recordar los eventos del día, ¿las cartas se extraviarían entre la muchedumbre de manos atadas?

 

Si el héroe pereciera por su falta de valor, ¿sus armas se subastarían por el ridículo precio de la puja?

 

Si aquellos niños se hicieran tarde y les creciera el sol entre los ojos, ¿cada temblor del aire traería rutilancias de vieja y lastrada data?

 

Si el dedo medio se presentara húmedo y erecto, ¿la vulva lo absolvería de toda culpa, de toda mala intención?

 

Si en la viga entrara un ojo ajeno, ¿permanecería la pupila aprendiendo de los contrastes de la madera?

 

Si el arpa resonara con el sol de oídas, ¿querría el cantor anticuarse a sus cuerdas para templarse a la era?

 

Si la lámpara de anoche brillara con luz acuartelada y gimiera, ¿qué ocurriría en un prado donde la resplandecencia llegara con leve tumulto locuaz?

 

Si los zapatos -¿míos o tuyos?- caracolearan o se mecieran bajo la ventana con troneras, ¿estarían ahora esos calzados dispuestos a emigrar con las noches como tránsfugas?

 

Si la gramática avanzara entre comillas y canciones de azulejos y la retórica se aglomerara en las esquinas, ¿sufriría el oído de exceso de devoción o de falencia a domicilio?

 

Si el puente fuera cama y la cama, atisbadero y el atisbadero, espacio de bromelias flojas, ¿acusaría la gente el innoble quehacer de los espantos en ropa interior?

 

Si las polvaredas encontraran sus añejos sufrimientos y si las hojarascas se estiraran para mejor fenecer, ¿suspirarían los peregrinos con la intromisión del ocaso en sus bienes internos?

 

Si estallaran de allá y de allí, con vistas de reojos, en la tarde que se amortiguara, ¿quién iría a la cabeza en busca de un ron que se tronchara por exceso de modorra?

 

Si un gusano se moviera sobre los senos de una mujer desnuda echada boca arriba y segregara sus fluidos atrayentes, ¿otro gusano de diferente índole debiera abstenerse de manifestar sus propósitos?

 

Si una gárgola padeciera la herrumbre del devenir y no se preocupara y se diera a lo festivo, sin restricciones, ¿nos alteraríamos porque las estaciones se aliteraran queriendo encontrar un paso hacia la no alternancia?

 

Si un libro se abriera en mitad de su infinito y gimiera con todas sus palabras en peligro de desplante, ¿qué nos humedecería más allá del rocío que no se presintiera en leguas a la redonda?

 

Si unas atenuantes circunstancias fueran llevadas por las corrientes del olvido o de la sumisión y los deseos quedaran plantados de lado y en desacuerdo, ¿los placeres habrían de marcharse por la tangente o ir a buscar su beneplácito en los lugares del consuelo?

 

Si de algunas fiestas con pañuelos se ideara una plataforma para constreñir las resonancias del viento y de la luz, ¿quién merecería el agrado de adquirir los botones que cerrarían los pañuelos lanzados desde el balcón no construido?

 

Si los musgos cabalgaran sobre animales sin aliento, alimentados con virutas, y en otros territorios aledaños, un preste meara sin convicción, ¿amortiguaría la aurora no convocada los alientos propuestos por los conocedores de las fases de la luna discordantes?

 

Si la garra se desgarrara a nivel del subsuelo y una algarabía condescendiera con el todo y con las partes, ¿se iluminaría el orinal que pernoctara bajo las mantas, aunque su suciedad se atenuara?

 

Si la tumba fuera o fuese refresco en la plenitud de los mármoles y el difunto se diera a elucubrar sobre el solipsismo, ¿aguantaríamos la brevedad del discurso ante los ilotas de nuevo cuño y proverbial estupidez?

 

Si los colibríes se dieran a poseerse en un vuelo de álgidos colores ficticios y los observadores de abajo concurrieran a extasiarse con sus plumas coaligadas de excrementos, ¿se alteraría el bienestar de la vecina más próxima por razón de su estadía y de su quietud que trastabillearan?

 

Si las ya nunca más blanquecinas esporas del lupanar se adecuaran a las músicas del plenilunio, ¿un despropósito de ademanes y cansancios se abalanzaría hacia el dormitorio donde se acelerarían las pesadillas?

 

Si el tren pasara por la plaza de mi ciudad y los viajeros lanzaran sus cartas a los anónimos lectores, ¿qué nos aguardaría allende un regocijo núbil y nunca buscado y la duda de jamás saber si se leerían adecuadamente las epístolas?

 

Si las andaduras se llevaran a las sillas hasta los trigales de hosco trastorno y los horneros se amedrentaran con los pupilajes de la ignominia, ¿partiríamos en desmadre con la cognición del dislate en las lomas que no se aguantaran?

 

Si los nombres de la clausura resonaran con sus acideces y las libertades restringidas fueran con los pases al son de las coberturas, ¿saldrían los dueños de los charcos a poner sus pechos como garantía?

 

Si la cueva de la plaza central de la capital apestara a lobeznos y remilgados azotes y en el entorno brincaran mendigos sin afiliación probada, ¿se emularía al bisojo en su actuar de hemofilia, aunque los caños del agua se obstruyeran?

 

Si la mampostería se acuchillara en las madrugadas de laurel o de ladridos y no se abuchearan los pormenores del alhelí, ¿vegetaríamos con la insolación en el tremedal de las alcurnias falseadas?

 

Si se abocaran los récipes y sus testigos, los médicos de camisón, ¿ayunaríamos el pan más ázimo, mientras la índole de la petulancia saltaría en tris y tras?

 

Si el carnicero gimiera por sus omóplatos en canal sobre el tablón y la sangre se santiguara de cuchillo y tarifa, ¿acudirían los aromas de olvidados periodos a la singular tablada de disecciones?

 

Si la comida mereciera los dientes de su premura y su atención, ¿quién partiría hacia las mesas cuando los manteles se abultaran de celos, pero no de sumisión?

 

Si la chatarra muriera de esparcimiento o sobreviviera de hastío en tres de los cuatro puntos de los cardenales, ¿aprontaríamos nuestros sistemas de percusión para que se aventaran los imposibles?

 

Si el amanecer soñara con plácemes en medio de las rutas que condujeran al desastre, ¿cuál de los escogidos emularía el beneplácito de la lanza en su redondel de horas sin rémoras?

 

Si el subterráneo se desahogara de misterios y ultrajes durante algún ciclo de providencias, ¿sería valido por parte de anónimo ejecutor poseer los destellos que más se armaran?

Si los ecos de las arcillas se enrumbaran hacia los escondites donde los huesos pulularan, ¿valdría el imán menos que en su original convergencia o se aminoraría su aspecto por causa de un revolcón?

 

Si la estancia fuera o deviniera o se extrajera en elucubraciones de muy mediano pelo y sus adyacencias brotaran como epífitas congestionadas, ¿cometeríamos el dislate de ir por venir cuando en realidad la evolución ocurriría de lado a ángulo?

 

Si los matorrales sucumbieran de falsa o plúmbea adquisición en las trastiendas de la naturaleza con emisiones de chillidos y colindantes monólogos, ¿perjudicaría al viajero esencial la írrita sumersión a la bruma de enjuague?

 

Si el tranvía se emasculara al tropel de los rieles y una luna de aluminio ingrato registrara la sesión en su legajo, ¿dormitaría el niño que no se atenuaría con el algodón de los rebujos?

 

Si la prontitud de la lluvia devolviera el caos por todos deseado y la magnitud del otro fenómeno apenas esbozado surcara el terreno marcado, ¿descendería la tristeza con su corbata de luto hasta el historial sin pronombres ni envergadura?

 

Si se celebrara la dispersión del origen, entretanto las moscas argumentaran expediciones al lugar brevemente exótico de la carne visceral, ¿aullaríamos con el estertor de los cobardes en plenitud o vocearíamos con las raspaduras de los pescuezos en tránsito de almacén?

 

Si el pordiosero trenzara su hambre con cabuyas recogidas en los basureros de las anécdotas, ¿abriríamos los compases del alba con las mismas sonrisas que llevaran tanto tiempo de trajinadas y volteadas como si se tratasen de adminículos de un relámpago?

 

Si el pan se marchara hacia un agua apenas fresca y el sitial de los no ahítos se viera de pronto abrumado de impotencia, ¿consentiría el vano guardián en enmudecer con las horas que le tocarían por temprana alusión?

 

Si la niebla penetrara con sus brújulas olorosas a destiempo y en tránsito de tornarse numen en las páginas de un cuaderno que se rehiciera, ¿se mortificaría la lumbre enhiesta de los meses al momento que tornara el espasmo del encantamiento?

 

Si las frutas del curare se desplegaran entre la multitud que acudiera a las refriegas de fin de semana y hubiera los necesarios muertos de siempre; ¿chocaríamos con piedras nuestras cumbres de papelillo y caramelo antes de que entes volátiles dispusieran un cerco de interrogantes?

 

Si los abismos en las metrópolis se drenaran con la laxitud de las materias deleznables, ¿se conquistaría el derecho a perecer con los arcos iris oxidados durante la menstruación de los almanaques?


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