El temporal
Raquel Molina Serrano


Cuentan que hace muchos años vivía una mujer solitaria en este lugar. Tenía una edad indefinida y nadie sabía a ciencia cierta desde cuando estaba allí. Habitaba una casita de madera en la parte más alejada de la playa y algunos vecinos murmuraban que debía ser bruja si vivía tan sola. La verdad es que no parecía molestarla la soledad aunque siempre fue una buena vecina y ayudaba a quien lo pudiera necesitar.

Como aquella vez en que un pescador del pueblo salió al mar como cada mañana, pero un temporal le sorprendió antes de que el resto de pescadores pudieran salir a ayudarle. El pescador casi se ahogó en la odisea contra la tormenta. Su cuerpo inconsciente fue arrastrado hasta la playa, muy cerca de la casita de aquella mujer. El resto de los pescadores seguían buscando en el mar.

Ella salió fuera y encontró al hombre agonizante. Después de comprobar que seguía vivo y ayudarle a sacar toda el agua que había tragado, con mucho cuidado lo pasó al interior de su casa. Todavía no había recuperado el sentido. Con mucho cuidado lo colocó junto al fuego de la chimenea y pacientemente esperó a que despertara.

Cuando el pescador recuperó el conocimiento y se vio junto a aquella mujer extraña se sintió muy incómodo. Se excusó como pudo y salió corriendo hacia el pueblo. Antes de dejarle marchar, junto a la puerta, la mujer depositó una manzana en sus manos. Le recomendó que la comiera mientras caminaba ya que el camino al pueblo era largo y todavía estaría fatigado.

El pescador se fue comiendo la manzana por el camino, y al llegar al pueblo se arrepintió de haber tenido tanta prisa en salir de aquella casa. No parecía ser una bruja quien con tanta hospitalidad lo había tratado.

Algunos dicen que llegó hasta el pueblo, los más que se dio la vuelta por el camino. Lo que sí se sabe seguro es que aquella mujer con fama de bruja no volvió a estar sola, y que aquel pescador no volvió a sufrir ningún temporal.