Aventuras y desventuras de una taza de té
Mª Isabel Codes Ortega


      Señores: ¿Saben ustedes lo complicado que puede ser tomar una taza de té como Dios manda?. Pues para que vean que no es exageración mía, les reto a que continúen con esta lectura.

        Sucede que estás con toda tu ilusión en un establecimiento hostelero, con ánimo de disfrutar del momento de relax que te has permitido y solicitas del camarero: “me pone un té con leche por favor”.

        Si el camarero no te pone cara de “vaya por Dios, un té, con lo fácil que es poner un café”, primer obstáculo superado.

        Después aparece con toda la bandeja llena de utensilios para servir el té, a saber: tetera, taza, plato, cuchara, azucarillo (solo uno) y jarra de leche. En ocasiones todo este despliegue de útiles se reduce, se economiza material y se llega a esa situación del “dos en uno”, es decir taza y jarra se funden en una sola pieza y la leche viene directamente en la primera.

        Como se puede observar por lo descrito en los párrafos precedentes, el artífice fundamental en esta cuestión es la persona que te va a servir el té. Como en todos los lugares (cafeterías, bares, restaurantes, etc.) me he encontrado con problemas, voy a tipificar por categorías y a modo de código, los diferentes tipos de camarero con los que me he topado en esta larga singladura de tomadora de té.

        La clasificación actual, o podríamos decir, el ranking, para emplear un calificativo mucho más moderno y teniendo en cuenta que los ordenaré utilizando una escala de originalidad, empezando por el más habitual y terminando por el más excepcional, sería el siguiente:

-                     El camarero adivino (es el más habitual): que, con sus dotes adivinatorias, supone qué cantidad de leche es la que yo estoy pensando en utilizar y me la trae directamente servida en la taza, así, sin preguntar. Dentro de esta clasificación tendríamos una subdivisión que es la del “camarero adivino y tacaño”, la cantidad de leche que él supone que necesitas es una gotita. Como él considera que es la cantidad justa,  deja todos los utensilios delante de ti y huye rápidamente del lugar, así que si quieres un poco más de leche tienes dos opciones, o aprovechar que aún está cerca (en este caso has de ser muy rápido de movimientos y de palabras) levantar un poco la voz para atraer su atención y pedirle que traiga más leche, o esperar a que se digne a pasar de nuevo por delante de ti para hacerle la misma petición. Cualquiera que sea el camino por el que se opte supone, en el mejor de los casos, una nueva espera y en el peor que se despiste, se le olvide y tengas que reclamar una vez más ese poquito de leche que te falta. Si la espera se hace demasiado larga se puede incluso optar por conformarse con lo que hay y tomar el té antes de llegar a la desesperación, esto daría lugar al “camarero adivino, tacaño y sibilino”, que por un supuesto despiste consigue lo que quiere, salirse con la suya.

-                     El camarero friolero: que te trae la leche hirviendo para que no se te enfríe el té. Haciendo un alarde de generosidad podríamos justificar este tipo de camarero sólo en invierno y especialmente en los días en que más que tomarte el té, lo que se te pasa por la imaginación es meter los entumecidos dedos dentro de la taza para que reaccionen, pero es absolutamente injustificable en verano, porque una de dos, o no quiere que vuelvas, o tiene un convenio con algún médico especializado en operaciones de cirugía estética en la lengua, porque ya me contarán que pinta la leche hirviendo dentro del té humeante, ¿potenciar su aroma?, ¿incrementar su sabor?, ¿mejorar su textura?, señores que esto no son fresas con champán, que estamos jugando con fuego, que las papilas gustativas luego te pasan factura, si es que te queda alguna después de habértelo bebido. La leche amortigua levemente la temperatura del té para que puedas disfrutarlo y no sufrirlo.

-                     El camarero distraído: Ha olvidado meter la bolsita del té en la tetera, éste tipo es excepcional. Intentando justificarle podemos decir que puede que la gran cantidad de trabajo que tuviera en ese momento le haya hecho olvidarse de lo principal. Es como servir una cena y olvidarse de poner los platos, o ir al cine y olvidar comprar las entradas, en fin un despiste lo tiene cualquiera, aunque el elemento sorpresa juega en este caso en contra tuya y desde luego cuando intentas verter el supuesto té dentro de la taza y ves que lo que sale es solo agua, se te queda cara de interrogación al ver que lo que pretenden que te tomes es una purga de agua caliente.

-                     El camarero espléndido: Totalmente contrario al del caso anterior, en lugar de traerte una sola bolsita de té, ha cogido aleatoriamente un puñado de ellas y las ha puesto dentro del agua. Es de agradecer que alguien sea tan generoso y no escatime para agasajar a sus clientes, pero realmente con una bolsita es suficiente.

-                     El camarero absolutamente despistado: Te trae la tetera con bolsita de té pero sin agua, este es el padre de todos los despistes. Nada, que por más que intentas volcar el contenido de la tetera en la taza, no sale nada, y te preguntas, ¿será una tetera sin salida?, ¿habrá formado la bolsita un tapón que no deja salir el líquido?, ¿será el día de los inocentes y yo no me he dado cuenta?. Por fin, después de todas estas reflexiones decides mirar en el interior y sales de dudas, craso error, el camarero hizo solo la mitad del trabajo. Entonces le llamas, le ruegas sea tan amable de completar la tarea y todo se soluciona felizmente.

-                     El camarero internacional: Trae la tetera llena de leche caliente y dentro la bolsita. Es lo que actualmente llaman poner un “te americano”, como si los americanos entendieran de té. Aquí no hay comentarios, lo escrito habla por sí mismo.

-                     El camarero absurdo: Te trae la bolsita de té en una tetera llena de leche fría. Esta tipificación, por ser la más grotesca, es digna de ser explicada con todo lujo de detalles y comentarios. Ante el asombro que te produce semejante desaguisado le llamas y le dices, con la mejor de tus sonrisas,  algo gracioso para quitar hierro al asunto y que no se sienta mal por su desconocimiento, algo como “si consigue que el té se disuelva en la leche le doy un premio” y él, muy lejos de tomárselo a broma, te mira muy borde y te dice ”es que pide unas cosas muy raras”.

¿Raras?, ¿Un té con leche es algo raro?. Y de pronto se cambian las tornas, ahora la que se siente mal soy yo, y me justifico pensando “pero si no le he pedido que me traiga el té de Ceilán, ni que la leche sea de vaca suiza, pero si me conformo con una bolsita de té soluble en agua caliente y un poco de leche de cualquier marca, eso sí, fría”.

Aquí es donde verdaderamente comienzo a sentirme un bicho raro. Miro a mi alrededor unos segundos y veo que un porcentaje muy elevado de personas están tomando café de las mil y una formas posibles: solo, cortado, con leche, manchado, americano, bombón, con hielo, muy corto, muy largo y las mismas opciones con descafeinado de sobre o de máquina, además de otras más sofisticadas como café irlandés o vienés, incluso hasta el tradicional carajillo y ¡dice que yo pido cosas raras!, ¡qué injusticia!, soy rara porque no me gusta el café, porque me salgo de la norma, por no pedir lo mismo que los demás. ¡Y pensar que hay países que han hecho del té casi su “modus vivendi!”.

Este interesante caso es el que yo he tipificado como el del “camarero absurdo y respondón”, subdivisión interesante del tipo principal.

    En vista del éxito lo mejor es armarte de paciencia y explicar, con todo lujo de detalles, para evitar un nuevo error que resultaría violento seguramente sólo para mí, qué es exactamente lo que quieres o corres el riesgo de quedarte irremediablemente sin tomar la ansiada taza de té.

    Para terminar con esta clasificación he de decir que, lo único que se precisa para servir un té con leche de forma correcta es la materia prima, es decir, el té y la leche fría. Que desde luego está mejor servido en vajilla de porcelana con un té de buena calidad donde no se escatime el agua de la tetera por si quiero repetir, sin limitaciones en la cantidad de azúcar y que la leche se traiga fría y en jarra aparte, pues efectivamente. Pero me conformo si la tetera es de acero inoxidable, si el té es de bolsita, si me traen solo un azucarillo, incluso si me ponen la leche directamente en la taza en la cantidad que al camarero le plazca, pero señores, que al menos la leche  sea fría.