Hambre
Gloria B. Dolande


Era de noche. El calor de la playa habría mi apetito. Decidí acabar con el hambre, así que me dirigí a la casa para prepararme una comida. Subí al cuarto para ver si estabas ahí; en efecto, dormías tranquilamente. Te di un beso en la mejilla y bajé.

 

En la cocina, abrí una lata de atún y la vacié en un sartén. Preparé una masa e hice unas arepas. Por fin comería. Ya estaba todo listo. Olía divino. Mi estómago crujía, me hablaba:

-Rápido, tengo hambre.

 

Las arepas listas, rellenas de atún se hallaban en el plato. Ya sentada en la mesa, dispuesta a disfrutar de mi comida, bajaste y me saludaste. También tenías hambre, pero no te quise convidar, yo no soltaba mi plato. Sin embargo tú muy listo, me quitaste la arepa y te la comiste toda de un solo mordisco.  Yo, en ese momento de furia, te tomé en mis brazos y te di un gran beso en la boca, aún con el sabor de mi comida, tan divino. Así pude saciar mi hambre, dejando en el suelo todos tus huesos, como se dejan las espinas de un pescado.