Portero
Telmo Ródenas Cobo


        Dentro de unos pocos años, cuatro o cinco, seré portero, y del Real Madrid. El titular, además, y ganando títulos. Como se están ganando ahora, pero más a lo bestia todavía. Con la selección también lo conseguiremos todo, y los periódicos hablarán de mí como lo hacían de la araña negra. Voy a parar cada balón que me llegue, hasta cuando parezca imposible. Si estoy concentrado sé que puedo hacerlo. A mí si que no me va a parar nadie.

        Por entonces ya no tendré que aguantar las insoportables clases de Historia de los Martes por la tarde. No creo que haya en el mundo nada más aburrido que venir aquí después de comer a que me cuenten estas batallitas que no me interesan en absoluto. Ahora estamos en la lección del Renacimiento, que me parece de todo menos apasionante. Pero lo que llevo peor es que me saquen a la pizarra. Este tío pregunta cuando quiere, no avisa ni nada, y a mí no me da tiempo a meterme todo esto en la cabeza al mediodía. Y la tarde anterior no tengo ganas. Además, si me lo estudio mucho antes de que pregunte se me olvida. Jo, si es que no me gusta, me aburro aquí... Hoy pregunta otra vez...

        Otro cero que me ha puesto, no le van a caber ya en el papel. A ver si se equivoca y se lo pone a otro. En esta evaluación no apruebo ni loco. Tres roscos que llevo ya, y un cinco. Ese día me lo sabía, pero me puse nervioso, y me salté dos párrafos. Al final sólo dije la mitad, que era además lo menos importante. Lo que peor me sienta es que se lo solté sin pensar ni lo que decía. No debería aprenderme las cosas tan de memoria. Pero es que soy incapaz de hacerlo de otra manera, porque no me gusta esto, no me gusta y ya está. Ahora que lo pienso, creo que no ha sacado a nadie tantas veces a la pizarra como a mí. ¿Y eso por qué será? Me tendrá manía digo yo. O al revés, puede ser que me aprecie y por eso me hace sufrir. ¡Ja, ja, ja! Bueno, cuando vean mis padres las notas de Diciembre se van a reír poco. Y yo menos.

        Pues no deberían quejarse, porque les voy a sacar de pobres. Como siga el camino que me he marcado, y no pienso salirme de él de ninguna manera, voy para figura, fijo. Ayer, por ejemplo, estuve genial en el partido contra los de la otra clase. Tres a uno que ganamos. Y el gol de ellos, de penalti. La mejor parada la hice nada más empezar, a uno que me dio la impresión de que iba de chulito por la vida. Ya me habían hablado de él, la verdad es que la toca bien, pero es muy pijito, todo el rato dando taconazos, no me va. Me la quería colar entre las piernas, no le han debido de decir que conmigo es imposible por ahí, que tengo buenos reflejos y siempre la despejo. Comentan que la familia de este chico tiene dinero, y que con las influencias del padre, que es del Atleti, le cogerán seguro en el equipo y llegará lejos. Les felicito por sus millones, pero yo voy a tener más. Al final en mi casa va a sobrar el dinero, eso que no lo dude nadie. Pero no voy a licenciarme en Historia, seguro. Supongo que nadie lo esperará de mí, menos mi padre, claro. ¿O era médico lo que me dijo ayer que le gustaría que fuese?. Ya no me acuerdo. Déjale, si es feliz así.

        La semana que viene, cuando me hagan las pruebas para entrar en las categorías inferiores del Real Madrid, van a alucinar. Me han dicho que nos presentamos casi treinta como aspirantes a porteros, pero yo, cuando juego al fútbol, y lo he hago todas las semanas por lo menos una vez, en el barrio y también contra equipos de por aquí cerca, no me suelo impresionar, quiero decir que no los veo mejores que yo. Al contrario, salvo el de hace dos semanas, uno que era de Leganés creo, el resto no me parecen nada del otro mundo. Ese día empatamos a dos, y lo resolvimos a penaltis. Nos ganaron. El último se me escapó cuando creía que la tenía agarrada. ¡Qué rabia me dio! Tengo que entrenarlos más, que los penaltis son muy importantes. Si hay empate es lo que decide, y yo quiero hacerlo. Hace tiempo que no paro ni uno. Y cuando sea mayor y juegue eliminatorias, algunas se resolverán así. Para entonces seré un especialista también en eso, no quiero perderme titulares de periódicos por no haber entrenado lo suficiente. Parece que ya se va el profesor. Sus clases son como las de los demás, de una hora, pero parecen de seis. No sabe el favor que me hace yéndose.

        Ahora viene Lenguaje, esta asignatura me entretiene un poco más. El maestro, además, es bueno. Es una pena que la gente no se porte bien con Don Javier. Se le ve que llega ya nervioso, y hay un par de gamberros que le tienen medio atemorizado. Eso le pasa por no imponerse. Si lo hubiera hecho desde el primer día... Dicen que le van a echar, que ya están buscando a un sustituto. Es una pena, para uno que tenemos en el colegio que me cae bien... Yo, mientras no pongan al de Historia también en ésta... Entonces si que me voy corriendo de aquí. Me hago portero del Barça si hace falta, lo prefiero, cualquier cosa menos ese tío toda la tarde, no podría aguantarle.

        ¡Vaya ruido tienen armado los de siempre! ¡Callaos ya, coño, no veis que le van a echar por vuestra culpa! Luego se quejarán cuando traigan a uno peor. Es imposible enterarse de nada, así que tendré que pensar en otra cosa. Por cierto, no me acordaba, luego juega el Madrid. Va a ganar seguro, es un partido fácil, estos belgas ya no son buenos, paliza otra vez, como el Domingo pasado contra el Murcia. Los últimos quince minutos fueron increíbles, qué manera de mover la pelota. Las cinco menos diez, no queda nada para irme corriendo a casa. Tengo que leer el periódico. Mi padre seguramente ya habrá llegado de trabajar, y lo habrá traído. Anoche en la radio dijeron que hoy iba a haber cambios en el equipo, y quiero saber qué sospechan los del Marca. ¡Las cinco! ¡A casa!...

        Pues si que va a haber cambios, sí. Como acierten, medio equipo nuevo. Uf, no sé, no se pueden confiar tanto, si palmamos no va a estar tan clara la clasificación, que el primer partido lo empatamos. Bueno, quedan tres horas para que empiece. Meriendo un poco y me bajo al parque para ver si organizamos algún partido esta tarde. Si no voy yo seguro que al final se quedan jugando a tonterías. Y así no hay manera de pisar el Bernabéu en la vida...

        ¡Me han cogido! ¡Sí, me han seleccionado! ¡Qué alegría, con lo mal que lo hice en las pruebas! ¡No me lo puedo creer! ¡Y dicen que el mes que viene empiezo! ¿Podrá ser verdad esto? ¡Papá!, ¡Mamá! ¡Mirad esto!...

        Desde que comencé a entrenar en las categorías inferiores del Real Madrid la vida me ha cambiado mucho, y a mejor. Sigo yendo al colegio, y continúo sin aprobar casi ninguna, pero ya no es lo más importante, o lo único de lo que se habla en casa. Antes, aunque no lo quisiera, todo se centraba en los estudios, y siempre estaba esperando las broncas de la familia, que normalmente coincidían con la llegada de las notas. Yo, a veces, sé que pocas, ponía algo de interés, pero al final el resultado era siempre el mismo. Suspenso y a Septiembre. No había forma humana de evitarlo, y los veranos, los malditos veranos, me los pasaba en aburridísimas academias aprendiendo lo que no había querido o podido hacer antes, y recuperando todo el tiempo perdido a marchas forzadas. Al final aprobaba siempre todo. No llevo ningún año de retraso en mis estudios, pero más que por esfuerzo mío ha sido por el empeño de mis padres, que siempre trataron de hacer de mí un estudiante al menos medianillo. De hecho mi padre tenía grandes ilusiones conmigo, y siempre le decía a toda la familia que yo iba a licenciarme en algo importante; no sé muy bien por qué decía eso, yo nunca le di motivos. Pienso que era más por ilusión que por convencimiento. Yo bajaba la cabeza cuando oía eso. Ahora sé que está algo enfadado, porque este año he suspendido cuatro, pero he conseguido convencerle para que no me mande a esa horrible academia otra vez. Yo estoy más contento que antes, y sobre todo me lo paso mucho mejor porque por fin hago lo que me gusta, que es jugar al fútbol, y además de momento me sacan como titular y estoy progresando un montón, ya paro hasta algún penalti. Mi idea es seguir aprendiendo muy rápido, ir mucho más deprisa que los demás, y en cuatro años, cuando cumpla los diecisiete, ser ya del primer equipo y tener un buen contrato. Toda mi vida perteneceré al Real Madrid, mientras ellos me quieran yo no me iré de esa casa. Cuando me jubile entrenaré a los porteros, o incluso al primer equipo, o a los juveniles, no me quiero ir del Bernabéu hasta que me muera. Y los estudios, bueno, ahí medio aparcados, que es lo que yo quería. A no ser que pase un milagro el año que viene si que repetiré, pero me da igual... No pienso estudiar tampoco. Sé que dentro de poco lo dejaré y me dedicaré sólo al fútbol. ¡Adiós, profesor de Historia!. Bah, eso no es lo mío, por mucho que me lo hayan tratado de meter en la cabeza, y a pesar de mis esfuerzos, más bien pocos, por hacerlo soportable. A partir de ahora en las reuniones familiares mi padre presumirá de otra forma de su hijo, pero yo ya no tendré que bajar la cabeza cuando hable de mí...

¡Qué bien me lo estoy pasando hoy! ¡Estos entrenamientos son lo más divertido del mundo! ¡Todavía no me han metido ningún gol! ¡Uf, esta viene difícil! ¡También la paré! ¡Y esta otra! ¡Hoy no me metéis ni una! ¡Esto es vida!

Hoy comienzo mi segundo año en el filial del Real Madrid, tras pasar por los equipos cadete y juvenil. Mis planes se están cumpliendo tal y como los diseñé, aunque a costa de trabajar un montón. Era lo que esperaba, por supuesto, y disfruto mucho cada día en los entrenamientos. Tengo diecisiete años, y ahora estamos en Segunda B. Si destaco, en cualquier momento, en cuanto haya alguna lesión o un pequeño percance, me subirán al primer equipo. Y cuando hagan eso ya no podrán bajarme. Mi nombre empieza a sonar en las emisoras deportivas y a leerse en los periódicos. Me encanta que hablen de mí, yo quiero el éxito, no lo niego, y lo deseo tanto como el dinero. Pero ante todo lo que quiero es parar todo lo que me llega, sin excepción. Estoy obsesionado con el balón, no quiero que llegue nunca a la red. El otro día me comentó un amigo que ha oído de mí que soy ahora mismo el portero con más futuro de España. No sé si será para tanto, pero me hace muy feliz oírlo. El año pasado quedamos campeones de grupo, y sólo la liguilla final evitó el ascenso a Segunda A. Fui el portero menos goleado, apenas veintisiete goles en treinta y ocho partidos, y en todos salí de titular. Pero no me lo debo creer, eso es lo que me dicen todos, que no piense que ya soy el mejor. Parece que sospechan que el éxito se me va a subir a la cabeza tarde o temprano. A mi tío le oí como le decía el otro día a mi padre que estaba convencido de que llegaría arriba pronto, pero que temía que bajara con la misma velocidad. Piensa eso porque a veces doy la impresión de ser un poco fanfarrón. Lo hago para quedarme con la gente, y, además, porque estoy convencido de que hay que creer en uno mismo. Cuando estaba en el colegio no decía nunca que fuera el mejor estudiante, nunca se me ocurrió presumir de nada allí, porque sabía que sería mentira. En clase me sentía débil, y lo mejor que hice fue dejarlo, hace ahora dos años. Aquí, en la portería de un campo de fútbol, donde estoy ahora mismo, a las doce de la mañana del Domingo en el que empieza la temporada, aquí si me siento fuerte. Yo creo que entre este año y el que viene me llega el contrato que estoy buscando. Ya me han hablado de varios representantes, y pronto tendré a uno que sabrá pedir lo que merezco. Esa es otra. Todos me dicen que de momento no me preocupe por el dinero. ¿Pero como no lo voy a hacer? Quiero sacar a mis padres del barrio, si tardo mucho más ya no va a valer la pena, ellos son mayores y quiero que puedan disfrutar de un buen chalet donde les apetezca. Pues depende de mí... Este verano, mientras todos descansaban, yo he seguido entrenando. Me pasa como cuando estudiaba. Me he acostumbrado a no tener vacaciones desde la época del colegio. Entonces en los veranos recuperaba el tiempo perdido. Ahora no es eso, porque hago bien mis deberes durante la temporada, pero es que no quiero perder ni un segundo. Quiero ser el mejor portero de Europa en dos años. ¡Demuéstralo ahora, que se planta un delantero sólo delante de ti!. ¡Ahí está, la he atajado! ¡Sí, éste va a ser mi año!...

Ha acabado la temporada, y no tan bien como yo esperaba. Esta vez hemos quedado séptimos, lejos de nuestras verdaderas aspiraciones, que no eran otras que subir de una vez a Segunda División A, como se nos está exigiendo desde hace un tiempo. De hecho hemos recibido comentarios de los técnicos que no nos dejan en muy buen lugar, no están contentos con nuestro rendimiento de éste año. Piensan que en muchos partidos nos ha faltado intensidad para machacar cuando hemos podido, y luego al final los rivales han aprovechado para empatarnos o ganarnos. Nos hablan de falta de mordiente, y eso no puede ocurrir con esta edad, no, es imposible, no puede suceder. No he recibido ninguna crítica personal, al menos de forma oficial, pero quizás yo tampoco he estado al nivel del año pasado, y he recibido algunos goles que no deberían haber entrado. De todas formas, lo peor es que no me han llamado del primer equipo ni una sola vez. Está mal decirlo, pero ya es mala suerte que no haya habido ni una pequeña lesión de ninguno de los dos porteros. Ni tampoco una sanción de un solo partido. Nada. Tampoco me han subido el sueldo, sigo lejos de ganar lo que yo espero, pero es que mientras no me asciendan no hay nada que hacer. Está claro que aún no puedo pedir un supercontrato, y también lo está que el año que viene va a ser clave, porque vence el que tengo firmado, y habrá que hacer otro, que espero que sea ya bueno. Me la juego. Al menos ya tengo representante. Estos tipos son la leche, entre pitos y flautas se quedan con un pastón, yo creo que ganan casi más que los propios futbolistas. Bueno, éste de todas formas parece que es majo, se preocupa por mí y tal, y está pendiente de ofertas, aunque yo ya le he dicho que no contemplo otra posibilidad que no sea la de triunfar en el estadio Santiago Bernabéu. Él me dice que esa actitud de escuchar a los otros clubes es necesaria, para poder apretarle las clavijas a los directivos y para que suelten algo de dinero.

Todo lo que se me ha negado este año, el que viene dejará de hacerlo. Estoy convencido de ello. Y además, quiero ser internacional Sub 21 ya. No puede ser que se olviden los medios de comunicación de mí, así que habrá que trabajar a tope desde el principio...

Estamos en Junio y ya acabó la Liga. Este año ha pasado de todo. Empecé como esperaba en el filial, en Segunda B, y el inicio fue espectacular, ganamos los catorce primeros partidos. Sólo cinco goles en contra en todos esos encuentros. Y cuarenta y siete a favor. Se ve que el equipo tenía la lección bien aprendida del año anterior, y nunca nos echábamos para atrás, ni cuando íbamos ganando. Siempre buscábamos el gol. Luego se lesionaron los dos delanteros titulares, que llevaban entre los dos veintiséis tantos, y eso coincidió con el esguince en la rodilla del portero titular del primer equipo, y por tanto la ansiada llamada que llevaba tanto tiempo esperando. El filial se quedó así algo desmantelado. Pero mi gran sueño se cumplía, y ahí estaba yo, en las concentraciones del Real Madrid, viajando por toda España, y sintiendo la grandeza que tiene este club, el más importante sin duda, y viendo también todo lo que rodea a la Primera División. Luché en cada entrenamiento para que el entrenador se fijara en mí, pero no llegué a debutar. A punto estuve de hacerlo en un partido de Champions League, en el que ya estábamos clasificados para la siguiente ronda, pero no sé por qué al final el mister no me sacó ni tan siquiera unos minutos. La buena noticia es que me llamaron de la Sub 21, donde desde entonces soy el portero titular. Dentro de un mes jugamos el Campeonato de Europa, y tenemos muchas opciones. Bueno, el caso es que cuando se recuperó el titular, yo volví al filial, en el que la situación había cambiado. Después de mi marcha y de las otras dos lesiones el equipo al principio mantuvo el tipo, pero luego cayó en un bache muy grande. Menos mal que la diferencia era abismal, y la clasificación para la liguilla de ascenso estaba prácticamente asegurada. Volvimos los tres casi a la vez, y eso fue un revulsivo grande. De hecho ganamos los seis partidos de la liguilla, y subimos a Segunda A de forma brillante. Tras ganar el cuarto partido ya habíamos ascendido matemáticamente. Pero me queda el sabor agridulce de no haber podido ni tan siquiera jugar un partido con los mayores. De la prensa no tengo queja, me han tratado bien e incluso criticaron al entrenador aquél día que parecía el del debut. Ahora estoy de vacaciones pero pronto nos concentraremos con la selección. Somos favoritos en el Campeonato, y en los amistosos anteriores hemos jugado muy bien.

¡Campeones de Europa! La responsabilidad era grande, porque en la edición anterior también se había proclamado vencedora España, pero hemos hecho un gran torneo. La final contra Francia fue muy emocionante y se resolvió con gol de oro, poco antes de que el árbitro pitara ya el final y llegásemos a los penaltis. En las semifinales si que llegamos ahí y paré dos, he mejorado mucho esa faceta en los dos últimos años. Esto ha sido de momento mi mayor alegría como profesional, pero ha coincidido con una noticia algo triste respecto a la situación en mi club. El portero suplente del primer equipo, tras sus buenas actuaciones de la temporada pasada, cuando el titular estaba lesionado, y al sospechar que a pesar de eso este año iba a seguir en la sombra, ha decidido irse. Tiene una oferta muy buena del Deportivo, donde parece que le han asegurado el puesto en la portería. Lo malo no es eso, sino que ya han dicho los técnicos que hay que fichar otro para sustituirlo. Se han fijado en un inglés muy bueno del Leeds. Eso significa que apenas confían en la cantera, o al menos en mis posibilidades. A mí me han dicho lo contrario, que si, que cuentan conmigo para el futuro, pero que aún soy joven y necesito una cesión a un equipo de primera para que coja experiencia en la categoría. Vamos, lo típico de estos casos. Así que este año jugaré en el Sevilla, donde espero ser titular, y si todo va bien, volver a Madrid el año que viene. Pero me da la impresión de que cuando empiezan así las cosas, es que realmente no confían tanto en mi. Yo que decía que no vestiría otra camiseta. Y es posible que acabe el año y no me reclamen, y decidan traspasarme, o incluso puede ocurrir que sea yo el que prefiera irme definitivamente porque no vea futuro allí. Toda la vida luchando por una cosa y al final me voy a quedar a las puertas. Lo único que está en mi mano es hacerlo lo mejor posible en el equipo en que esté. Por cierto, me han subido el sueldo, y estoy ahorrando para el chalet de mis padres. En tres o cuatro meses lo tendrán. Lo quieren en la Moraleja. Así que el año no ha ido tan mal al final, con el ascenso, el título y el contrato, pero yo no estoy del todo contento...

Mi año en el Sevilla me ha enriquecido. Acaba hoy, con la disputa de la final de la Copa del Rey contra el Atlético de Madrid, pero ya puedo asegurar que el cambio de equipo ha sido para mí una experiencia positiva en todos los sentidos, y que las reservas que mantenía al final de la temporada pasada sobre esta situación, nueva para mí, podían tener algo de cierto en cuanto a dejar un poco atrás lo que podría llamar mi casa, pero nada más. He disfrutado mucho, y por fin he aprendido ya desde bien dentro lo que es la Primera División. He tenido delante a muchos de los mejores delanteros del mundo, y al otro lado del campo he podido ver como se las gastan los mejores arqueros, contra los delanteros de mi equipo, que son muy buenos y me han sorprendido. Además, soy el portero titular desde la cuarta o quinta jornada, porque hasta entonces el entrenador tuvo sus dudas. El otro portero, un argentino muy experimentado que vino nuevo también este año, de Lanús, tiene aún muy buenos reflejos, y tuve que pelear a tope. Todavía hoy me acecha, él quiere jugar, claro, pero a la vez me aconseja, y todo eso me hace aprender aún más. Para el partido de esta noche me ha dicho que disfrute del momento, porque a no ser que tenga la suerte de jugar en un equipo campeón, no disputaré más de dos o tres finales en la vida. Él dice que sólo jugó una hasta hoy, y la ganó. Igual que yo.

Somos un equipo modesto pero que hace buen fútbol. Que las cosas han ido bien lo demuestra que estamos aquí, en mi añorado Bernabéu, en la final de Copa, y que además hemos quedado los octavos en la Liga, a un paso de la Uefa, que espero que aseguremos hoy. Si no, iremos a la Intertoto. Todo esto desde Madrid puede parecer algo pobre, pero para mí ahora es lo más grande. Se ha creado un ambiente sensacional en el equipo, y desde el inicio teníamos claro que el objetivo este año, más que un puesto en particular, era jugar bien al fútbol y que la gente viniera a vernos. Si se cumplen esas dos cosas, acabas ganando los partidos seguro. La guinda de todo esto es que hoy han venido aquí a vernos veinticinco mil aficionados sevillanos, y como ganemos mañana vamos a tener allí un recibimiento de impresión.

Pero todo ha cambiado mucho este año. Al principio vivía sólo, lo cual era nuevo para mí, y no fue fácil. El hecho de tener tan buena relación con los compañeros facilitó mucho la integración en la ciudad. Aquí en esta tierra tienen mucha gracia, son muy abiertos y no tardé en echarme amigos. En Diciembre conocí a una chica y llevamos ya dos meses viviendo juntos. Son muchas las cosas que antes eran de otra forma y que he ido asimilando con el tiempo, pero siempre para bien. Llevaba mucho tiempo obsesionado con triunfar en el Real Madrid, y mi vida consistía en entrenar a tope, llegar a casa a plato hecho, y luego salir un rato si venía a cuento. Tenía un poco la frustración de no haber debutado con el primer equipo. Todo eso me lo he quitado de encima. Parece como si hubiera abierto los ojos, después de muchos años. Además, la ciudad me gusta, y ya tengo compañera... Estoy echando raíces. Respecto a mi equipo de origen los rumores son que quieren otro año de cesión, están contentos con sus dos porteros y yo aquí aprendo y no estorbo. Pero todavía no se han dignado a hablar con mi representante, están tratando de fichar algún crack y se han olvidado de mí. Son las cosas que pasan cuando eres de la casa, que no te valoran. Yo no pienso insistir en mi vuelta, de hecho en esta situación no me interesa. Y en el futuro lo tendré que ver muy claro. Ahora mismo lo que creo que pasará será que el año que viene tendré el traspaso y abandonaré definitivamente el Real Madrid. Aquí estoy otra vez, esta era la portería en la que yo quería triunfar... No le des más vueltas, estás muy bien donde estás...

 ¡Hemos ganado! ¡Mi segunda final importante y mi segunda victoria! Me abrazo con todos, pero sobre todo con Ricardo, mi compañero argentino en la portería. Aunque parezca mentira, es mi mejor amigo en el grupo. Un tipo grande de los que da gusto estar con él. Veo todo en él menos envidia por no haber jugado. Empiezo a pensar que le ficharon para que fuera mi profesor... Si es eso verdad, han acertado...

Tengo ante mí el papel que me desvincula definitivamente del Real Madrid. Se cumplieron las sospechas y, tras otro muy buen año en Sevilla, el cuerpo técnico madridista me ha dejado ver que no les voy a ser útil, eso sí, con maravillosas palabras. Yo allí en mi actual club soy feliz, pero el hecho de que no te quieran... Me da una rabia todo esto. Joder, es que no pude ni debutar, ¿Cómo saben que no les valgo entonces? En los equipos grandes lo que vende es el marketing, vender y vender productos. Publicidad, que es dinero. Lo de menos es lo demás. No me siento muy bien tratado. Así que firmo con desgana, piso este césped que tanto he deseado, me despido de algunos empleados con los que tuve muy buen trato, y me voy para siempre...

Tras tres temporadas de felicidad en Sevilla llega la oportunidad de mi vida. El Barcelona está interesado en contratarme, y he recibido ya una oferta en firme, económicamente casi irrechazable. Y es un salto deportivo importante, en el mejor momento de mi carrera. En mi actual club comprenden la situación, y me han dicho que puedo irme sin problemas, que no quieren retenerme, y además, que puedo volver cuando quiera. Van a recibir una buena cantidad en concepto del traspaso, seis millones de euros. Acepto la propuesta y me voy. El año que viene jugaré en la elite del fútbol europeo. Me voy con mi mujer y mi hijo a Barcelona, donde nunca pensé que iría a ganarme la vida. ¿Qué pensarán en Madrid? Supongo que no les gustará que alguien que se ha formado en su casa se vaya al rival de toda la vida. Pero ya ha pasado mucho tiempo como para que le den vueltas a eso. Estoy seguro que le doy yo más importancia que ellos al tema. Bueno, allí espero ganar mi tercer título...

        Si paro este penalti nos proclamaremos campeones de Europa. Si soy capaz de detenerlo, como he hecho con el anterior, alcanzaré la gloria. No voy a fallar. Sé para donde lo vas a tirar. Miras para la derecha para despistarme, pero lo vas a lanzar al otro lado. Y lo sé porque te he visto disparar muchas veces. Os tengo estudiados a todos. ¿Qué te creías? ¿Que me iba a plantar aquí a disputar esta final sin saber de memoria como tiráis? Y a ti te conozco más que a ninguno. Bajo esta lluvia torrencial, aquí va a ser. Esto es lo que yo soñaba. ¡Tira! ¡Tira ya! ¡Mía!

        Después de trece temporadas en Primera División hoy abandono el fútbol profesional, para dedicarme a otras cosas. Quizá me quede como entrenador de porteros en mi actual club, me lo han ofrecido, pero estoy dudando. El hecho de haber abandonado tan pronto los estudios puede pasarme factura ahora. Me arrepiento mucho de aquella decisión. Tenía que haber compaginado las dos cosas, pero entonces estaba cegado por el deporte y los libros no me interesaban. ¡Vaya disgusto le di con eso a mi padre! Pobre, ya murió hace tres años, con la ilusión cumplida de presenciar en directo como conseguí un título tan importante como fue la Copa de Europa, en mi tercer año en el Barcelona. En los penaltis, 3-2 al Arsenal, en Praga. Y parando dos. Pero yo sé que él hubiera preferido otra cosa para mí. Verme licenciado. Bueno, los caminos de los hijos no tienen por qué ser los elegidos por los padres. Luché por lo que yo realmente quería y más o menos lo conseguí. Sólo me quedó una espina clavada.

        Mis últimos años como portero los he pasado otra vez en el Sevilla. En el Barça estuve seis años, en los que conseguí tres Ligas y una Copa de Europa. Aquella fue una época sensacional en lo deportivo, con toda seguridad la mejor de mi vida, y en la que tuve los momentos de mayor tensión de mi carrera. Tras perder una final, con la Juventus, al año siguiente nos alzamos con el título. Luego fuimos a Tokio a por la Intercontinental, y allí nos ganó el River. Cuando ya no me apeteció tanta pelea, y empezaba a notar que me metían goles que antes no entraban, decidí volverme, ya que sabía que aquí me recibirían con los brazos abiertos. Además, yo me enamoré de Sevilla, y también en Sevilla. Aquí sigo y aquí me quedaré, pero hoy es el último Domingo que salto al terreno de juego.

Con la selección nacional llegué a debutar pero nunca fui el titular. Estuve seleccionado en dos Eurocopas y en un Mundial, y lo más que conseguimos fue una semifinal en la última Eurocopa. Jugué doce partidos, y me metieron doce goles. Los titulares de los periódicos nunca hablaron de mí como lo hacían de la araña negra, pero es que eso era casi imposible. Me ha ido bien, y con eso me quedo.

Mi hijo no estudia mucho, ha salido a mí. También le gusta el fútbol. En el jardín del chalet donde vivimos me ha entrenado con sus disparos en los últimos tiempos. Él es un nueve auténtico. Pero espero convencerle mejor de lo que hizo mi padre conmigo de que no todo son los goles, meterlos o evitarlos. Y ojalá me escuche más de lo que yo hice.