Todo es posible: Diario de un hombre sin rumbo
Escrito a cuatro manos, por Astrid Salazar y Gloria B. Dolande


...es nuestro diario y en él escribimos con tierra, con cielo y con llanto, de la cordura al espanto, a veces partimos la punta y rajamos la hoja con furia, pero sólo un manchón nos queda que no nos deja seguir...

Cultura Profética

Día 1

Qué es posible en este infierno de buenos cielos. ¿Ahogarse en Smirnoff o hundirse en los desiertos bíblicos de la vida? Las verdades se esconden en los silencios y los secretos se revelan en las sonrisas haciéndonos esclavos de nuestros callados sonidos.

Qué es posible en este destino ya escrito. ¿Agarrar una hoja de papel y comenzar a escribir la muerte que deseas vivir? Dudo ante todas estas interrogantes, mientras me voy alejando de este espíritu frío y dormido en algún lugar oscuro de esta ciudad.

Ya no queda nada de mi cuerpo, sólo está la luz que me congela el alma, dejándome sin aliento, sin años, sin mentiras.

Qué es posible en este infierno de buenos cielos. Se acabó el derretir la piel por miedo a existir. En esta línea de los dos tiempos purificaré el alma. Sin embargo, debería haber algo más para aquellos que viven en la mentira. Pero, ni siquiera hay alguien que subaste mi sangre.

 

Día 2

Existe una posibilidad para el reencuentro. Todo está en la suciedad de la atmósfera. La soledad nocturna me abraza hacia un silencio que me ahoga. Aquí, allá en todas partes lo necesito, necesito que mi cuerpo se sienta, se esfume. La sangre hirviendo me indica que es hora, el calor me envuelve, me dirige. Es inefable como todos creen que caer  es un delirio del ser humano.

 

Día 3

El calor de la noche me atrae hacia lugares inhóspitos. Un olor putrefacto contamina el ambiente en este callejón sin salida, cuando te veo desnuda ante la noche, mientras  la luna envuelve tus senos, y te deseo incansablemente, te abandono... te dejo sola en este túnel, sin escape, sin luz...

 

Día 4

Me confieso. Confieso ante Dios o cualquier otro que deseo saltar al abismo de tu cuerpo. Pudrirme en el cielo negro de tus curvas. Usarte y malgastarte hasta la saciedad del alma. Las mentiras crecerán y se agotarán en el mar de tu pecho. Tus ojos me miran pidiendo piedad. Un susurro me despierta. El sol entra por mi ventana, y te ríes sin dejar rastro de tu existencia. El sueño me hace convocar a los santos. Pido una plegaria por ti, por mí, por los dos. “Todo es posible” me dicen, pero ¿qué es posible sin la unidad?.

 

Día 5

Caer en el averno, escapar de este aprisionante lugar. La naturaleza me llama. Eva, es hora. Vamos, tu cuerpo nos espera. Ahorremos aliento. Siente. Huele. Es el aroma. Nuestros sexos esperan impacientes. Ya el tiempo ha pasado. El sonido de la noche me aleja de este infierno. Me despierta.

 

Día 6

El alcohol me atormenta. Mi cabeza gira, el mundo gira. La dureza del alma está afligida. ¿Por qué la vida insiste en burlarme y la muerte me recuerda la vida? Me ahogó en un mar de desdicha, en la lava ardiente llena de injurias, de pecados, de inmundicias, mentiras... Eva, si tan sólo pudieses escuchar, ver, sentir lo que siento. Te invito, te abro las puertas a mi mundo, sin nada que ofrecerte a cambio sino mi alma.

 

Día 7

El corazón dolorido, el alma apenada, las manos rotas, te aturden, te llaman, te invitan a la condenación, a la soledad infernal de tu cuerpo, al calor de tu llanto, a la putrefacción del ser. Con el corazón adolorido, el alma apenada y las manos rotas, sabes que es el fin, el abismo absurdo de la nada cotidiana.

 

Día 8

Soy un cuerpo de vaga existencia. Me encadeno al sangriento destino. Me asquean estos rumbos hipócritas, invadidos por tu pecado. Hastiado de recuerdos. Vomito ante tu inerte presencia. Residuos de brotadas mierdas.

 

Día 9

Me escapo de estos malditos huecos que llenan mi cuerpo de estériles  espermas. Atrapado, sujetado por paredes que ríen de mí. Ahogado en el suelo. Escucho el pasar de las ánimas. La muerte me salvará de ti. La vida lo hará por mí.

 

Día 10

Penetro tu puerta. Nada sucede. Siente mi placer. Tan solo siénteme.  El sudor de tu cuerpo me enloquece. Cada vela en este altar iluminará la verdad de esta mentira. Y así podré condenar tu alma a mi cuerpo. Atando tu cuerpo a mi alma. Robaré la llave de este maldito destino jamás escrito. Te acostaré en mi oscuro llanto. Sacrificando la sangre que nadie subastó. Sacrificando la vida que me hizo odiarte.

 

Día 11

Te acercas. Huelo tu aroma en el licor descafeinado de la lluvia. Bebo ante ti, los brebajes de las noches,  nuestras noches. Te veo caminar hacia la cocina,  sujetada a la muerte. En un maldito escape, mis ojos se cierran.

 

Día 12

Despierto arropado en sangre, tu sangre. Mientras que tus venas danzan al compás de Fortuna Emperatriz, sobre la mesa.

 

Día 13

Eva, tu cálido aliento, tu pasión bañada en rojo, me invitan a la condenación vasta del infierno. Te uso y te reuso hasta el cansancio. Eva, te imploro piedad ente el mundo. Tu sexo me ansía, me mata.

 

Día 14

Oro de nuevo por el dichoso pecado que nos une. Respiro fuertemente ahogándome en lágrimas de alcohol. Un aire me envuelve, te envuelve, nos lleva a la deyección del mundo. Por la sangre corre la droga que nos despierta, dejándonos ciegos antes de que podamos ver más allá de la línea que divide el universo.

 

Día 15

Me extasío en tu cuerpo. Me derrito ante ti, sobre ti. Me gastas, me maltratas, hasta que mi cuerpo te exige y aclama. Tu verdad me inventa, me entiende, te perdona cada vez que pasas por la esquina y esperas recompensas por suciedad.

 

Día 16

Aún imploro a los santos. Pido seguir llenándome de ti. Tu sudor recorre tus senos, bajando a tu ombligo. Mientras que yo, en un súbito desespero, te agarro,  agito y  aprieto. Tu olor retumba la habitación. Te invito una y otra vez al acto. Te quiero gozar en el pudor de tus mentiras o verdades. Deseo sentirte dentro, muy adentro. Te abrazo fuerte, gimes. Veo en tu cara que el éxtasis te recorre. Eva, mujer que me droga. Dejas tu esencia en  mi cuarto. Te vas sin avisarme.

 

Día 17

La soledad nocturna me atrapa, me dirige al calor de tu cuerpo. Tu oscuridad me llama, me invoca, me grita desesperada. Se acerca. Ya es hora. Eva, la necesidad nos consume. La unidad se forma a partir de dos entes en medio de la nada, una nada que se amolda a nuestras almas. Surge un llanto, desea parecerse a la caída  del mundo, de las palabras, que una tras otra te hacen, me hacen. Ya es hora. La soledad nocturna nos dispara. Se aleja. Nos despide bajo el alba, de este calor que arde en frío. Tu cuerpo me mira. Ya es hora. En un abrir y cerrar de ojos, me abandonas, hundiéndome en las entrañas de esta Tierra.

 

Día 18

Cielo e infierno. No sé que creer. Por ello rezo todos los días desde que te conocí. No sé si puedo jurar ante Dios, el Diablo o cualquiera que me escuche. Me encuentro solo, ahogado en una atmósfera letal. Juro, y lo grito, juro subastar mi sangre antes de que mi vida reencarne en el mismo lugar. Vida y muerte son lo mismo, un ciclo que me condena a un sufrimiento eterno, sólo por ti.

 

Día 19

Anoche no dormí, pensando si existe o no salvación para mi alma. Mi sangre te llama y ruega, reza en silencio para ser purificada. Una plegaria se escucha a lo lejos. ¿Qué sucede, Eva?  ¿Qué haces? Una secta te oprime, no te deja ir. Un temblor recorre mi cuerpo. Siento frío. Ya no siento nada. Estoy en una vereda sin rumbo. No sé a donde ir. Ni siquiera sé donde estoy. Me encuentro perdido en la faz de la tierra, del infierno. No hay cielo que me resguarde. Mis rezos no me ayudarán. Mi sangre ya está saliendo. Está siendo subastada. Juré que lo iba a hacer. Deliro. Me desmayo. Es tiempo. La profecía era cierta. No se pude cambiar al destino. Los escritos están manchados de rojo y las letras se hacen  y re- hacen solas. Me inventan. Eva, ¿Qué haces? Veo la oscuridad o quizás esté ciego. Caigo. Ya es hora. Me desvanezco. Desaparezco. Alma y cuerpo ya no están juntos. Me he sacrificado por ti, Eva. Pertenezco a ti, de nuevo, al ciclo eterno al que me condena este infierno de buenos cielos. No hay quien me salve. No hay oración ni plegaria que sirva para ello.

 

Día 20

... ¿Es este el fin? He sido perdonado en las fauces de este cielo. Una lava ardiente me quema por dentro, no por fuera. Te veo desde lejos, y de tu cara desciende un manantial de lágrimas rojas. Pides perdón. Lo estás, Eva. Esperaré nacer por ti. Mis promesas son ciertas. Te deseo. He soñado estos momentos. Mi sangre, mi alma, mi cuerpo rezaron para la purificación. Eva, me encuentro bien. Estoy ahogado en un mar putrefacto que me incita a penar por el mundo hasta que  sea subastada tu sangre. Es hora de que empiece. Sufre como yo. Eva, lo siento, es tu hora. Reza para ser purificada. Reza.