La Casona (Cuarta parte)
The Fernet-Branca man


Las leyes en Nicaragua eran ligeramente diferentes que en El Salvador. El finado presidente José Napoleón Duarte hizo cambios positivos creando una nueva dependencia llamada “De La Familia”. Apareció entonces el derecho con la especialidad de la familia. Esta nueva ley establecía que toda relación igual o menor a seis meses entre parejas implicaban derechos y estatutos legales de familia. En Nicaragua no existía esta ley.

 

Le ofrecí a Sofía matrimonio civil, porque realmente la amaba y sentía que era ella la que yo esperaba, además quería cumplirle lo que le había prometido. Sin decirle nada un domingo después de la misa después de almorzar en el Hotel Casa del Diriargen y de regreso a casa para tomarnos el acostumbrado café. Le pedí la mano de Sofía a doña Mercedes, pues quería casarme con la bendición de ella, al menos al civil.

 

Ella se quedó estupefacta y atónita ………y llorando me dijo……. ¡Claro que sí, mi hijito!!!!!! y con llanto en sus palabras me dijo ¡usted casi me mata de un infarto del bueno! ……….. Qué bendición la mía de poder bendecirles a ustedes como pareja sé que Sofía y usted serán felices …….. Infinitas gracias a Dios y a San Antonio. Mi novena a San Antonio fue respondida antes de lo que yo esperaba……. Claro que sí David. Usted es de la familia, con o sin matrimonio usted es parte de nosotros, y lo fue desde el primer día que usted llegó a esta casa. Mi corazón así lo sintió y lo sigue sintiendo, ustedes dos tienen mi bendición. Merecen ser felices, y más felices que yo.

 

Dejé que Sofía y su mamá hicieran los arreglos para la boda civil en el Hotel Casa del Diriargen, reservando un salón para una cantidad de 12 a 15 personas y por supuesto en el día de San Antonio, tal como Doña Mercedes y Sofía lo indicasen.

 

Tanto a doña Mercedes, Sofía y a mí no nos gustaban las pompas y aquello suntuoso, preferíamos algo sencillo, pero de mucho significado. Siempre decíamos que lo que importaba era el matrimonio, no la boda. Queríamos vivir el resto de nuestras vidas en un verdadero paraíso creado por el amor mutuo que a leguas hasta un ciego lo podía ver fácilmente.

 

El alcalde de dicha ciudad, el señor Felipe José Mendieta, quien conocía a doña Mercedes y quien fuera exalumno de ella fue el que ofició nuestra boda civil. Nuestros testigos fueron además de mi suegra, Sor Matilde Fonseca, tía de Sofía y Doña María Victoria de Cañas maestra excompañera de trabajo de mi suegra. Invitado especial de la boda era también el sacerdote de la basílica el Padre Juan Galileo Zelaya, quien conocía a Doña Mercedes y por supuesto a Sofía y a su tía Matilde. Obviamente yo le conocía desde que empecé a visitar a Sofía y a su madre.

 

La madrina de la boda fue la comadre de doña Mercedes quien también era madrina de bautismo de Sofía. Todo fue arreglado como de película.

 

Era mi segunda boda y jamás había puesto tanta atención a la ceremonia civil como en esta ocasión. Todavía recuerdo las palabras del señor alcalde preguntando así…………….. “Lic. Sofía Fonseca, ¿acepta usted al señor David Alejandro Huete como su futuro esposo?............ Todavía tenían eco en mi corazón y mi mente aquel sí sonriente y aún ingenuo de una enamorada Sofía…….. Del mismo modo cuando me fue preguntado si aceptaba a Sofía Fonseca como mi legítima esposa………..

 

Algo muy curioso que también me robó el corazón, fue que de parte de la recepción del Hotel me dieron un regalo. Una cajita decorativa llena de doce bolsas de café de exportación. Regalo del Hotel Casa del Diriargen. Nunca esperaba tampoco ese gesto, que además traía una tarjeta firmada por los empleados del restaurante. Todos ellos me conocían y también a mi Sofía.

 

Para sorpresa de Sofía y de la misma doña Mercedes nuestra luna de miel la pasamos en Barceló Montelimar. Fueron días inolvidables. De un nuevo y contemporáneo Romeo y Julieta diría yo. Era todo como un sueño, Aquí comenzamos le dije y así seguimos.

 

Nuestra luna de miel en el Hotel Barceló Montelimar fue solamente de cinco noches y seis días. La quinta noche acordamos con Sofía de hacer una cena especial o mejor dicho yo lo organicé sin pedirle permiso a ella. Le propuse que el día cuarto a la hora del mediodía, iríamos a la casa de Diriamba a recoger a su mamá, pues quería que hiciéramos una cena especial en la casona. Asombrada y casi llorando ella me dijo claro que si me encantaría. Mi madre lo disfrutaría y sería un regalo hermoso también para ella como lo es para mí.

 

De modo que después del desayuno hablamos con mi suegra y le explicamos el plan. Ella accedió y fuimos a recogerla a la altura de las 2:00 de la tarde. Le reservamos una habitación en el mismo piso que la nuestra que era una suite presidencial (que generalmente el hotel la ofrecía a recién casados) y la de doña Mercedes, una suite semipresidencial. Nuestra cena o mejor dicho nuestra mesa solamente tenía 4 asientos. Sofía vestía como siempre, sencilla y elegante, con poquito maquillaje, su vestido de algodón y lino de una sola pieza, color beige, con puntitos café obscuro, cuello redondo y manga tres cuartos. Su madre también lucía hermosa, como si hubiese rejuvenecido. Su vestido blanco de domingo con puntitos azul obscuro, cuello redondo de una sola pieza con botones desde su cuello hasta los pies.

 

En esta ocasión Sofía, su madre y yo más un asiento vacío. La comida y bebida fue exquisita…. el amor lo endulza todo. Esa noche bailé con Sofía y también lo hice con mi suegra doña Mercedes, al filo de la medianoche, regresamos a nuestras recámaras, pues el día de siguiente después del desayuno, saldríamos de regreso a Diriamba. Y así comenzó nuestra nueva vida de casados. Todos estábamos felices: Doña Mercedes, Sofía, la tía Matilde que en dicha ceremonia me abrazó un millón de veces pues también estaba saltando de dicha. La madrina de Sofía María Victoria y por supuesto Simón.

 

La comadre de doña Mercedes, amablemente, accedió a nuestra petición de cuidar a Simón por una noche. Para evitar sorpresas de cualquier índole, doña Mercedes le pidió a su comadre que se quedara a dormir en su cuarto con la puerta abierta para que Simón estuviera a gusto y no sintiera la ausencia de doña Mercedes. Estaba acostumbrado a la ausencia de Sofía, pues por su trabajo ella viajaba mucho, y ahora que yo existía en su vida, pasaba en Managua de lunes a viernes y casi solamente los fines de semana pasaba en Diriamba. Días en los cuales compartía con Simón.

 

Nuestros primeros días y semanas de casados eran tan normales, que tal pareciese que nos habíamos casado desde aquel día de nuestro primer largo beso. No cabía duda, nuestras almas estaban hechas de lo mismo y el uno para el otro, era como un nacer de nuevo. Vidas fundidas por un amor a primera vista. Y así era. Juntos habíamos encontrado el amor sin andarlo buscando. El verdadero amor andaba detrás de nosotros por nuestras maneras de ser y nuestra pureza de sentimientos y sencillez de vivir la vida. Ambos éramos minimalistas sin pretenderlo. Karma dirían unos, designios divinos dirían otros………