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Habían
escuchado que esa casa estaba embrujada, pero no prestaron atención. La semana
pasada Edwin Palma, sintió un ruido en la cocina. Era medianoche, se levantó y
vio una sombra que salió de la cocina, camino del comedor, y se fue hacia el
patio. Se asustó,
y no pudo hablar. Su esposa dormía y los cinco niños también. Vio pasar una
sombra con sombrero por la ventana. Se acostó y
al rato vio de nuevo al fantasma parado delante de la cama de los niños. Sigiloso se
levantó, tomó la tranca y lo golpeó en la cabeza. Se escuchó
un fuerte grito y Edwin encendió la luz. La bicicleta seguía amarrada a la
ventana. Había un reguero de sangre. ¡Las luces
parpadeaban! Un viento
helado abrió con estrépito las ventanas. Entonces se
escuchó el sonido del ¡caballo sin cabeza! |
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