Uschi, una mujer admirable (I parte)
Melissa Ardan Rojas



Bueno, yo tengo la oportunidad de estar en contacto con personas mayores, de las cuales puedo aprender tanto. Es para mi una alegría tener la autorización de la Sra. Ursula Wiegels, para contar su historia.. Ella tiene ya 90 años, tiene un espíritu jovial y emprendedor. Todo parece tan normal cuando uno la observa: anda de arriba para abajo con su andadera; a veces las cosas más normales, pasan desapercibidas, pero si supiéramos – la historia personal – de cada una de las señoras que viven en un Hogar, uno se preguntaría, de donde sacan energía para sobrevivir.

 

Una vez por semana ella arregla las mesas del Bingo, donde toman parte las otras personas, que viven en El Hogar. El año pasado tejió por lo menos 100 calcetincitos de recuerdo y les puso un centavo con una mariquita de buena suerte. Aparte de todo eso, ha tejido 135 calcetines normales, que ha regalado. Como persona entusiasta, aprovecha cada minuto y  también pinta en óleo y acrílico.

 

Charlando un rato con ella, me dice: "todo mundo cree, que no tengo nada”, y me enseña la lista de las operaciones que ha tenido. Le han operado mínimo unas 8 veces. Sin embargo con esa jovialidad, me dice: "ich lasse mich nicht runterkriegen" = que significa, que “no me permito a mí misma, que me venzan". Las vicisitudes de la vida ¡por supuesto!. No es admirable. Y lo dice con una gran sonrisa, que parece que el sol esta detrás de ella. Una bendición.

 

Me comenta: “Ahora que me encuentro en un Hogar de ancianos y tengo 90 años, nadie podría ni imaginarse lo que yo he experimentado en este tiempo, mi padre tenia un problema del corazón una válvula no le trabajaba bien, murió de 46 años. Quien le iba a decir, a mi padre, que después a mí su hija, me harían una operación de válvula a pecho abierto a los 82 años y sobreviviría el doble que él.”

 

Ella tiene una habitación muy bonita, a esa edad, ella tiene una “computadora” ¡por favor! y lee sus emails, aprendió cuando llegó a el Hogar, hace 6 años y ofrecieron un curso a las personas que tenían interés y Uschi, naturalmente que se apuntó. Me hubiera extrañado que no lo hubiese hecho. La profesora le llegaba a dar clases extra, a su habitación. El otro día le mandé un e-mail con fotos de México, ¡fascinada!. Le abre una puerta al mundo.

 

Y me dice: “Te contaré algunas cosas, que pienso son importantes y que la gente de hoy lo tendría que saber.”

 

Cuando era una niña todo parecía fácil. Su madre le contaba cuentos de Andersen antes de dormir. En invierno se levantaba a jugar con la nieve, jugaba con el trineo Nací en 1919. La Primera Guerra Mundial, comenzó en 1914 y terminó en 1918. En la segunda Guerra Mundial, que comenzó en 1939. Los bombardeos más difíciles fueron en 1943. Ninguno de sus parientes, logró quedarse en la casa en que creció. Todas sus casas fueron destruidas por las bombas. Hamburgo era una ruina.

 

En 1939 vivía aún en Hamburgo con su madre. “Yo era costurera en una de las primeras direcciones de Casas de Moda de Hamburgo, en la calle “Neuer Wall” (hasta la fecha es una de las direcciones de negocios más cotizadas de Hamburgo) esta Casa de Modas, pertenecía a una familia de judíos en Hamburgo, trabajé 11años con ellos, nos iba bien. Éramos 350 personas que trabajaban allí. Ya que el jefe se había liado con una de las secretarias, lo acusaron de ocasionar “vergüenza a la Raza (= Rassenschande) y le llevaron a prisión, después su negocio fue confiscado. Se me permitió aprender allí – eso ha de haber sido a finales de 1942 – hasta principios de 1943.

 

Además fui entrenada por “bomberos”,  5 veces por semana teníamos servicio en la ciudad y yo era la “jefa de los chorros contra incendios” o “esparcidores de agua”. La gente aún vivía en la ciudad – naturalmente tenía que haber gente para apagar el fuego, si había algún incendio. Éramos 15 mujeres en total por las noches en nuestro edificio. Cuando sonaba la alarma, debíamos apagarlo. Dormíamos en la Casa de Modas, teníamos nuestro catre y a la par teníamos nuestro casco protector. Yo le había dicho a mi madre, que era del grupo de sanitarios – es decir de enfermeros. Una navidad me toco servicio. Cada empresa tenia su propia gente entrenada, como bomberos.

 

Luego debido a que durante la guerra se había prohibido cambiar de trabajo; uno tenía por decirlo así, una especie de bloqueo de cambio de trabajo- era una ley. Uno tenia su “identificación personal” Meldepass” donde aparecía también la dirección. Al final de la guerra, no ir al trabajo si trabajaba en el armamento, podría significar que al día siguiente lo irían a buscar los soldados, para saber porque no había ido a trabajar. Había “trabajadores forzados” (= “Zwangsarbeiter”) también en las fábricas de armamento y en los campos. Nuestro piso había sido bombardeado y pudimos lograr que nos dieran una habitación en “Ludwigslust” – queda cerca de Berlín, yo tenia que viajar en tren 3 horas y media todos los días, hasta Hamburgo “a mi trabajo” – de ida y otras 1 ½ horas de regreso en un tren rápido (= D-Zug) viajé de Agosto 1943 – Nov. 1944. Algunas veces, durante el camino las líneas del tren habían sido bombardeadas y teníamos que hacer algún rodeo hasta poder llegar a casa. Estuve viajando así durante 1 ¼ de año. Durante este tiempo hubieron también redadas y se llevaron muchas chicas para que trabajaran en las fábricas y talleres, haciendo armas. En ese tiempo tuve suerte, yo estaba enferma de “escarlatina ”, y por eso no me reclutaron.

 

A veces salía yo de mi trabajo muy tarde y el regresar a casa hasta “Ludwigslust” era una Odisea. Mi jefe se dio cuenta de mis esfuerzos por trabajar en su Casa de Modas. Hasta que un día me dijo, que no podía responsabilizarse más, sabiendo que me podía pasar algo por el camino. Entonces me despediría. Luego de presentarme al Ministerio de Trabajo, para que me dieran libre del trabajo, en una zona de la antigua DDR – Alemania Oriental. El oficial me preguntó simplemente:

 

“¿Por qué fue despedida?” – uno solo podía ser despedida, si había hecho algo malo. 

 

Le comenté: “tenia que viajar a mi trabajo por 3 horas y media a diario y mi jefe ya no se quería responsabilizar si me pasaba algo”, “así que me dejó libre”. 

 

Luego me preguntó: “¿Por qué no está usted trabajando en las fábricas de armamento?”

 

Le conté que: “entonces había enfermado yo de “escarlatina” y las personas que reclutaban no habían vuelto”.

 

“Tuve suerte”

 

Después de la capitulación, primero me independicé como costurera- tenía 3 personas trabajando para mí.

 

Me dieron trabajo como repito en una zona que perteneció luego a la República Democrática Alemana. En 1945 fue ocupada primeramente por americanos, fue bueno porque daban paquetes de comida y chocolate para los niños, al mes se retiraron y ocuparon la zona los ingleses, aunque tenían menos que los americanos. Al mes se retiraron también. Luego ocuparon la zona los rusos. Ellos trabajaban todo el día, hasta muy tarde en la noche, no había relevos, solo les daban un trozo de pan, de unos 25cm de largo y 18 de ancho, (Brotkasten) y eso era todo, para todo el día.

 

Luego cuando ya tenia yo mi propio taller, recibimos la orden de coser pantalones para los rusos. Uno de los jóvenes soldados se llamaba Michael. Era bueno, le gustaba hablar y bromear. El no podía creer que yo era independiente, no podía tener su propio taller y que ganaba mi propio dinero. Como forma de pago nos daban tiquetes para alimentos o traían café. Después acordaron pagarnos con dinero, pero a veces pasaban semanas sin pagar, en una ocasión pasaron 5-6 semanas sin salario y yo no podía pagar a los aprendices. Antes de que se fueran los rusos –nosotros no sabíamos que tenían planeado marcharse – nos llamaron a la comandancia y nos hicieron firmar unos papeles que nos habían cancelado los salarios, prometiéndonos que nos entregarían el dinero en unos 2- 3 días. Pasó el tiempo y nada. Un día nos llegaron los rumores que los rusos se irían al día siguiente, yo me puse en camino a la comandancia yo tenia apenas 24 años, y cuando se enteró mi madre, que me había ido yo a meter a la comandancia a enfrentar a los oficiales rusos (ellos al menos fueron gentes con nosotros, no abusaron de nadie en el pueblo, porque habían estado allí antes los americanos) me dirigí a un oficial y le explique lo que había ocurrido y todos los soldados rusos hablaban alemán, hasta los mas sencillos, no se diga los oficiales. Y me preguntó: ¿quién te hizo eso? Y le señalé al oficial y le dije: „ese que siempre que me ve, se da la vuelta“. Pues yo recibí mi dinero y pude pagar a mis trabajadores oficiales y a los aprendices. Mi madre estaba que no podía creerlo, que había tenido yo el valor de pelear por lo que me correspondía.

 

Primero recibimos de los rusos la orden de cambiar la forma de los pantalones de los soldados alemanes – que  habían servido en África y nuestro trabajo consistía en añadir la parte de las rodillas hasta los tobillos, ya que eran unos pantalones, que se parecían a los “Bermudas” americanos. Y nosotras teníamos dificultades para conseguir agujas de coser. En el pueblo donde estábamos no nos dejaban salir a ninguna otra ciudad cerca, al menos en nuestro ciudad, no había violaciones, ya que antes de la ocupación de los rusos habían ocupado los americanos, y ellos no habían violado a nadie. Pero si preguntaban donde estaban las chicas “voluntariosas” y eso no era “violación”. Uno de los soldados nos preguntó, ¿por qué no se enojan las chicas cuando acariciamos sus brazos y se enojan si las halamos?. Vaya pregunta. Una vez una señora con su hija de 12 años, querían ir al hospital de la otra ciudad y tenían que pasar por un bosque, allí fueron violadas. Regresaron y la niña no sabia que era “violación”. Fue terrible.

 

Nosotras no tuvimos problemas con los soldados rusos, ellos fueron buenos con nosotros, pero en otras ciudades no fue así. Y en todos los pueblos que nos rodeaban habían rusos. No salíamos.

 

En otra ocasión teníamos que recibir un envío con mercadería que, teníamos que trabajar. Pasamos todo el día esperando y nada, decidimos irnos a casa y una de las chicas vivía a la par del taller de costura.. Cuando al fin llego la mercadería, Michael (el soldado alemán) y mi compañera atravesaron toda la ciudad, para ir a recogerme a la casa y regresé con ellos al taller. Todos los vecinos estaban temerosos por mí, porque habían visto “que un ruso me había llegado a recoger y no me había resistido”. Para ellos era que me iban a deportar o ha hacer algo, que se yo. Pero les expliqué que solo había ido a recibir una mercadería. El hombre que la trajo, tenia unos bigotes tan grandes y hacia abajo, que parecía una verdadera “morsa”. Yo le pedí al soldado (Michael) que no nos dejara solas con el hombre. Yo era apenas una jovencita y naturalmente tenia miedo.

 

Continúa....