A la dueña de muchos de mis secretos
Mª Isabel Codes Ortega


Mi querida amiga:

Te debía estas letras después de tantas horas como hemos pasado juntas, te debía un recuerdo, una manifestación pública de tu existencia.

 Tú, siempre tan acogedora, has sabido y sabes más de lo que nadie pueda nunca llegar a saber sobre mí.

Cuántas veces te he estrechado entre mis brazos y he dejado que mis lágrimas te empaparan.

Cuantas veces, loca de rabia y de impotencia porque una situación se me escapaba de las manos, he pagado contigo el daño que me hacían los demás

Cuantas veces me he abrazado a ti huyendo del mundo, de mi soledad y de mi tristeza.

En cuantas ocasiones he reposado sobre ti mi dolorida cabeza y cuantas veces has sido testigo de mis sueños más hermosos.

Has sabido de mis penas y alegrías sin que de mi boca saliera una sola palabra.

He tenido tu compañía cada vez que he necesitado un rato de descanso y has sido mi indispensable compañera en cada uno de mis  viajes. Tú eras aquella en quien, al final de cada jornada, yo podía reposar mi fatigado cuerpo y también aquélla con la que gustaba rememorar los mejores momentos del día.

Tú eres y serás la dueña de muchos de mis secretos y la responsable de tantas horas de agradable compañía.

Por todo ello te dedico este merecido recuerdo.

A mi almohada