Un cumpleaños feliz
Raquel Molina Serrano


La pequeña Clara cumpliría nueve años el próximo mes de abril, pero no le hacía ninguna ilusión. Guille, su hermanito de siete años, trataba de animarla, pero todo era en vano.

-         ¿Cómo me va a hacer ilusión cumplir años si no puedo tener fiesta de cumpleaños? – se quejaba Clara.

-         Ya verás como al final mamá lo consigue – intentaba animarla Guille.

Clara no se hacía ilusiones. Sabía demasiado bien que su madre no se atrevería a levantarle la voz a su padre, a pesar de que él siempre la chillaba. Clara le odiaba cuando por su culpa mamá se tenía que esconder para llorar. En esos momentos, después de acunar a Guille hasta que se quedaba dormido, soñaba con una casa chiquita, una casa en la que pudieran vivir felices mamá, Guille y ella. Lejos de él, lejos de sus gritos y de sus castigos.

-         Mira, Clara, ¡qué piedra más bonita!.

Clara salió de su ensimismamiento para observar aquello que señalaba Guille. Era una piedra verde, del mismo color de la que salía en la película de Superman, y era muy bonita. Allí estaba, tirada en mitad de la calle, y nadie había reparado en ella.

Clara la tomó del suelo y la guardó velozmente en su bolsillo. Mientras seguía caminando con Guille de la mano, la apretó fuertemente entre sus dedos y notó su frialdad de otro mundo.

-         Guille, te voy a contar un secreto. Pero tienes que prometer que no se lo contarás a nadie. Esta piedra que he encontrado es la piedra que le da los poderes a Superman, sin ella no podría volar ni salvar el mundo.

-         ¿Y eso significa que ahora podrás volar? – inquirió Guille.

-         Claro que no, tonto, pero me hará fuerte para que eche a papá y no pueda volver a gritar a mamá.

Clara seguía cavilando mientras se acercaban al colegio. Sólo tenía que conseguir un plan, como en las películas, y se cumplirían todos sus deseos, su fiesta de cumpleaños y no tener que esconderse con Guille nunca más.

Después de volver del colegio, Clara seguía con la piedra mágica en la mano. Tenía que hablar con mamá, hacerla partícipe de su secreto, para que no volviera a tener miedo.

-         Mamá, tengo que contarte algo muy importante. – susurró Clara - Esta mañana, cuando íbamos al cole, he encontrado la piedra mágica de Superman. A partir de ahora tendré toda la fuerza del mundo. – aquí Clara bajó aún más la voz -  Quiero que lo sepas porque a partir de ahora podremos echar a papá y nunca más tenerle miedo.

La madre disimuló una lágrima y rápidamente se levantó de la silla. Se dijo que no volvería a permitir que sus hijos tuvieran miedo. Nunca más tendría que darle lecciones de valor una niña de nueve años.

El día que el padre de Clara abandonaba el hogar familiar, ella cumplía diez años. Esa misma noche Clara guardó en un secreter aquel cristalito verde. Ahora que ya era mayor sabía que la criptonita no existía, pero le gustaba pensar que gracias a ella había hecho realidad sus sueños.