Superhéroes
Raquel Molina Serrano


Abrí el New York Times esperando encontrarme las mismas noticias de corrupción política y sucesos sangrientos. Nueva York siempre te muestra su mejor cara a primeras horas de la mañana.

Antes de contarles estos detalles debería presentarme. Soy la culminación de la ilusión de cualquier niño del mundo: un superhéroe americano; aunque me conocen mejor por El vengador justiciero. Se dirán que qué nombre más absurdo, pero se trata simplemente de una descripción de mi trabajo, primero aplico la venganza y luego la justicia. Como cualquier buen patriota norteamericano.

Para que sepan más de mí, les diré que tengo una novia eterna, ya que a lo superhéroes no nos dejan nunca casarnos con la chica. Mi dulce amor, de nombre no tan dulce, está bautizada como Lluvia Ácida. Ella también es una superheroína, y como por su nombre habrán adivinado, se encarga de defender el medio ambiente. Porque estos tiempos son difíciles hasta para los superhéroes.

Ya que están medianamente ubicados, les contaré lo que me ocurrió aquella buena mañana en que me disponía a desayunar con mi ración diaria de pequeñas catástrofes.

La verdad es que leo el New York Times por una especie de acto reflejo, desde aquel día ya lejano en que mi nombre apareció en la columna de sucesos. Justo encima del anuncio del último musical de Broadway aparecía en letras de molde:

El vengador justiciero desarma y retiene a un bandido que pretendía atracar a una viejecita.

Todavía me ilusiono al pensar en esos momentos de gloria, mi madre enseñando a todas las vecinas el periódico, mi padre, orgulloso, recortando la noticia para pegarla en el álbum familiar. Lluvia Ácida es portada habitual de los periódicos gratuitos del GreenPeace y no le dio demasiada importancia al asunto, pero la verdad es que le tuvo que picar un poco la envidia, no es lo mismo el New York Times.

Y nada, sigo contándoles pequeñeces de mi vida y pensarán qué superhéroe más charlatán, ¿cuándo nos piensa contar la aventura?, y sí, tengan paciencia, que en todas las historias de superhéroes siempre llega una aventura.

Vuelvo a empezar por el principio.

Abrí el New York Times esperando encontrarme las mismas noticias de corrupción política y sucesos sangrientos, y cual fue mi sorpresa cuando leo la siguiente noticia:

El domador de espíritus volvió a hacer de las suyas al amparo de la oscuridad..

Maldición, hacía siglos que no oíamos nombrar a semejante malvado. El domador de espíritus es el ser más terrible que habita este mundo. Desde tiempos inmemoriales hace estragos sobre la humanidad. En mitad de la noche, cuando nadie puede verlo, es capaz de introducirse dentro de cualquier persona y dominar su voluntad hasta convertirla en su esclavo. Pensábamos que sus tiempos habían pasado cuando fue felizmente sustituido por la publicidad.

Rápidamente pensé: Aquí está mi oportunidad para la fama, volver a salir en el periódico, en las televisiones, en Internet. Ya veía mi propio nombre, mi imagen incluso, dando la vuelta al mundo.

Dejé de soñar y decidí pasar a los detalles prácticos. Llamaría a Lluvia Ácida para que me ayudara, no en vano su nombre era temido a uno y otro lado de la capa de ozono.

Una vez le conté los detalles de la noticia, me agobió con mil preguntas. Que cuánto hacía que no aparecía El domador de espíritus, que cómo sabían que había actuado, que en qué circunstancias,... Tanto me abrumó que tuve que leer entera la noticia, detalle que hasta entonces no se me había ocurrido.

La noticia no daba demasiados detalles. Parecía ser que El domador había atacado a traición al presidente del Gobierno, y éste había decidido convertir al país en una colonia de Cuba. La nación entera se tambaleaba al conocer la noticia. Y es que El domador es capaz de hacer realidad sus deseos más peregrinos.

Lluvia pensó que lo mejor era hablar con El domador y convencerle de que volviera al olvido. Así que pasándonos por periodistas conseguimos una entrevista con él, porque en el fondo incluso a los más malvados les gusta que les presten atención.

Con esta pequeña estratagema, Lluvia consiguió introducirse en su guarida y charlar largamente con él. Gracias al curso de Psicología que había estudiado por correspondencia mientras defendía nuestro planeta, Lluvia convenció al malvado Domador de que el corazón humano es voluble, la voluntad caprichosa, y de que su trabajo era pan para hoy y hambre para mañana.

Gracias a la generosidad de mi novia, hoy soy yo el que aparezco en los periódicos como el que salvó a la Tierra, así con mayúsculas, de los designios del mal. En el New York Times todo vuelve a la normalidad. Cuba se convirtió en colonia nuestra.

El domador de espíritus consiguió que le atendiera el psicoanalista de Woody Allen y poco a poco va encontrando su camino. En su tiempo libre ayuda a mi dulce Lluvia. Ella le enseña un arte mucho más sencillo que el que pretendía: dominar los vientos, las tormentas, los tsunamis y otros fenómenos de la naturaleza.

Y así todos quedamos felices, y mi madre enorgulleciéndose junto a las vecinas de su hijo pequeño, el superhéroe.