Esos matrimonios
Ángel Capparelli



Alba miró las copas y dijo:

-         Cris estas copas son regias, rebienudas, che…

-         Eran de mi suegra. Viste lo que son… querés que te confiese algo, me da miedo usarlas.

Nerviosa, Cris consultó el reloj, situación que no paso inadvertida para Alba.

-         ¿Sucede algo?

-         Los de Alancrem ya deberían haber enviado la comida.

-         Debe estar al caer. Igual estamos solos. Con Mario y Juan no hay problemas.

-         No sé, siempre me cae mal que no cumplan estrictamente con lo establecido, porque después igual te cobran un ojo de la cara.

-         También con lo que te despachaste para pedir: pavo relleno, caviar, champagne… no, no nos podemos quejar de nuestros mariditos.

-         Para nada, che. Que se deslomen los guachitos en la city. Nosotros nos arreglamos ¿Reservaste cancha de tenis para el martes?

-         Si, después de la clase con el profe, hablando de todo un poco, ¿Alba viste lo bien que está ese tipo?

-         Jajajajajaja. Todas las alumnas se lo quieren atracar.

-         ¡Qué lomo!

-         Bueno, bueno, un poco más de recato que ahí vienen los men.

 

Juan seguía insistente tratando de convencer a Mario

-         Yo creo que si nos metemos con algo de forestación en el límite con Uruguay, no nos puede ir mal. No nos puede ir mal.

O directamente en Uruguay, ellos no te matan impositivamente como hacen acá. Bueno pensalo y después me decís. No viene mal una cuarta pata para la mesa, ¿entendés?

-         No pensarán hablar de negocios, ¿no? – interrumpió Cris.

-         Para nada, amor. Para nada. No podemos hablar ni de negocios, ni de política, ni de finanzas, ni de deportes, especialmente fútbol. ¿De qué vamos hablar? ¿De qué “joraca” vamos hablar? ---contestó Mario.

-         Hay que lenguaje tienen ustedes. Por lo menos con nosotras podrían mejorarlo, ¿no?

-         Por supuesto querida, ¿queréis pasaros al comedor para devorar esos sabrosos platos que preparasteis con tanta perseverancia y distinción?

-         No seas ridículo, Mario.

-         Timbre - intercedió Juan

-         Si le voy a decir a Lucrecia que reciba la comida y prepare para servirla.

 

Durante la cena, Cris no se percató que Alba insistentemente le tocaba la pierna a Mario, el marido de su amiga, por debajo de la mesa. Tampoco Juan, parecía muy alertado.

Mario, en un momento, la miró seriamente como para que terminara con esa situación que para nada le divertía.

Después de una larga y entretenida sobremesa Alba y Juan decidieron irse. Mientras Cris ayudaba a Lucrecia, la mucama, con algunas cuestiones domésticas y Juan distraídamente ojeaba un libro en la biblioteca, los otros dos se cruzaron en el dormitorio.

-         Qué estás esperando para llamar. - increpó Alba.

-         Tranqui, tranqui, no pude, tranqui que se van a avivar - respondió Mario

-         Espero tu llamado - terminó de decir Alba que tomó su abrigo y se dispuso a salir.

Mario entró en el departamento que Andrés Figueredo, su socio, le prestaba cuando era necesario. Como decía Figueredo “para combates cuerpo a cuerpo e innegables cogidas de arrojo y virtud”. Flor de putañero Figueredo, pero una suerte que fuera soltero y solidario.

Distraídamente se sirvió un whisky y puso una música suave y melancólica, mantuvo el ambiente a media luz. Al rato, sonó el timbre. La figura cuidada de Alba apareció, dibujada a contraluz en el marco de la puerta. Ella entró, lo abrazó y se besaron. Él enseguida buscó la lengua de ella y ya la notó agitada y con ganas.

-         Ayy, me hacía falta un encuentro con vos.

-         Estaba muy marcado este último tiempo, entendé - contestó el hombre lacónico, mientras intuitivamente le acarició una teta.

-         Sí, pero no me descuidés porque sabés que me gusta coger con vos. Hijo de puta sos como una droga. Como te metiste en mi vida.

-         A mí también me hacés falta, querida.

-         ¿Seguís siendo mi amor?

-         Tranqui, tranquila…

-         Me gusta que me lo digas.

-         Y yo me siento como un pelotudo cuando digo: “te amo, te amo, querida, sabés que te amo” Se puede saber que estoy haciendo acá, si no fuera así… arriesgando, dejando el laburo tres horas. Largando todo. Todo en banda ¿Por quién? ¿Por vos? Y todavía tengo que certificarlo, y me escucho, estúpido, balbucearte, te amo, te amo.

-         ¿Te vas a pegar un baño…?

-         Sí, primero me voy a sacar toda la mierda que tengo encima con un buen baño y después espero responder a tus inquietudes. Ya veo que te pusiste casi en bolas.

-         ¿No querés que me bañe con vos?

-         Sí, es buena idea, lo que no se si voy a llegar a pegarme el baño, de esta forma.

-         ¿Vos también estás con ganitas?

-         Por supuesto, estoy muy calentito…y me parece que está subiendo un poco la tempe.

-         Así parece por lo que veo.

 

 

 

-         Me alcanzás un pucho, bueno, gracias --- dijo Mario.

-         A veces pienso después de hacer el amor que lo nuestro es tan extraño…

-         ¿Por?

-         Tan íntimo los cuatro. Nuestra amistad se remonta a tanto tiempo atrás que a veces pienso…

-         Que somos unos inmorales bárbaros de hacer esto a Juan y a Cris, ¿no?

-         Sí, un poco eso.

-         No tenés ganás de relajarte un poquito después de tan buena cogida. Aquí en la cama tiraditos, los dos felices. Dejá de pensar y complicarte la vida ¿No estamos bien así?

-         ¿Vos crees?

-         Estoy totalmente convencido. Si nosotros fuéramos la pareja, no estaríamos en situación tan privilegiada. Este es nuestro premio en la vida. Nuestro oasis. Nuestra tregua total y definitiva. Y tenemos la mejor parte. Nos salvamos del desgaste diario.

Nos ponemos lo mejor para vernos. Nos perfumamos, nos preparamos y cogemos como los dioses, porque no creas que con Cris es como con vos. Para nada.

-         Tampoco yo con Juan. No pongo tanto sentimiento.

¿Por qué crees que es?

-         Pienso que en mi caso, Cris y yo, primero arrastramos todo el quilombo del día a día.

Llego muerto por todo lo que tuve que luchar con la empresa, con Figueirido, con los clientes, con los empleados y empieza… que si le compramos un auto a Pedrito, que a la nena le subieron los aranceles de la facultad, que si puedo conseguir un plomero yo, para arreglar una pérdida... Pierdo las ganas de coger. Te das cuenta… Cuando llego a la cama estoy cansado, me clavaron diez banderillas y ando como un toro lisiado listo para el sacrificio. En cambio, en nuestro paraíso terrenal, se que no me vas a venir con ningún requerimiento doméstico y que vamos a copular como queremos o como deseamos y que lograremos todas las satisfacciones habidas y por haber.

Nos bañamos juntos, me servís un whisky, me masajeas, y ahí si te digo: te amo.

Llego a momentos cercanos a la perfección con vos.

Además Cris, siempre fue muy anodina en la cama. Cogida reglamentaria en forma reglamentaria. Falta muchas cuota de fantasía…Coge como lo hacía la abuela.

-         Pero la gozás

-         Sí, por supuesto. No te puedo mentir. La gozo. Pero no como a vos. Y sabés que no te verseo.

-         Hasta ahora hablaste de coger y no de amor.

-         Zás.

¿Podes decir que vos no amás a Juan?

-         No, no sé si a esta altura puedo hablar de amor… pero lo quiero mucho.

-         Mira, yo lo que siento por vos y por Cris es muy parecido. No es lo que debería decirte, ¿no? A las dos las quiero, siento atracción y al mismo tiempo tengo mucha afinidad con ambas. Y si yo digo que la amo a las dos, se arma quilombo. Vos no lo entendés. No lo entendería ella. Bueno, ella podría llegar a matarme.

-         Es una situación rara.

-         Alba, yo no idealizo el amor, el romanticismo, y todas esas cosas. Lo mío es distinto. A ella me atan muchas cosas, los hijos, la casa, la historia, las cosas en común. Y a vos todo este paraíso y una pasión desenfrenada que no deja de ser amor, a mi juicio.

-         ¿Aquella propuesta de irnos juntos?

-         ¿Propuesta de irnos juntos? Eso era una locura totalmente irrealizable. Ni vos vas a dejar a tus hijos, ni yo a mis hijos. Y se armaría un quilombo total. Una guerra nuclear. ¿Me querés decir para qué?

Para que perder todo…

-         Para estar más tiempo juntos.

-         No es cuestión de cantidad de tiempo, con más tiempo nos empezaríamos a friccionar nosotros. Así, lo nuestro está totalmente protegido, esterilizado, eliminado de toda contaminación rutinaria.

Puede ser Alba que no te des cuenta que es una situación ideal.

-         ¿Te parece?

-         Nosotros estamos protegiendo y apoyando también a Juan y a Cris.

-         ¿Qué decís?

-         Alcanzame otro pucho, estamos protegiendo a ellos… lo repito, lo sostengo, lo reafirmo… ellos solos no podrían hacernos felices, por algo estamos acá. Y somos necesarios en su vida.

-         Creo que te estás tratando de convencer a vos mismo. Hace mucho que pienso en esto. Es casi la diferencia entre inmoral y amoral.

-         Uhhh! ¡Qué día complicado que tenés!

-         Yo asumo que estamos haciendo algo que no está bien. La infidelidad no está bien.

En cambio dentro de un rato a vos, de acuerdo a tu disertación, porque lo tuyo ya llega a nivel de disertación, tendrían que venir Cris y Juan y agradecerte. Ves te reís, sabés que tengo razón.

-         Me río… por como lo expresás.

Hermosa no puedo vivir sin vos. Me muero. Si desaparecés, me muero.

Dios, ten piedad de nosotros…

-         Bueno, voy a empezar a vestirme.

-         ¿Qué hora es?

-         Cinco cuarenta y cinco

-         Pucha, se fue la hora. ¿Cuándo te veo?

-         ¿Para calmar tus ansias sexuales?

-         Para hacer todas las fantasías que no puedo hacer en casa.

-         ¿Le pediste a Cris en la cama, hacer todas esas fantasías?

-         No. A vos tampoco…Fue mágico, comenzó a fluir solo.

¿No? No me gusta pedir. Cada uno tiene que hacer lo que siente ¿Dónde está mi calzoncillo?, ¿está de tu lado?, fijate Alba, por favor. Ahí, ahí está, lo toco con la punta del pie. Dame…

-         Sabés… siempre terminás haciendo lo que querés conmigo.

-         No, nos necesitamos los dos. Para mí sos fundamental.

Tenía tantas ganas de cogerte, de estar con vos, de penetrarte una y mil veces por todos los lugares que me dejaras y que quisieras…Sufría tanto cuando te veía constantemente y te sabía de mi amigo, de mi hermano, porque aunque no lo creas, a Juan lo quiero como a un hermano. Sí, pensarás que soy un hijo de puta por las cosas que digo.

Pero lo siento así… y pienso en un montón de hipocresías y de pelotudeces y de reglas impuestas, y de imposibilidades de ser feliz, de auto castraciones…

-         No entiendo. Dejame vestir que se hace tarde.

-         Vestite, no te ato las manos. Mirá, sin ir más lejos el otro día estaba buscando un artículo sobre negocios inmobiliarios en el exterior y me topé en el diario con las manifestaciones de un filósofo, no me preguntes el nombre porque no lo recuerdo, pero hablaba que la monogamia iba a dejar de existir en los próximos años, que el hombre necesitaba mucha más libertad de acción.

Y te cuento algo… vi estadística de adulterio, nosotros pasábamos cómodamente el 50%, y ustedes ya estaban en más del 35%. O sea que no estamos solos en este asunto.

¿Qué me decís?

-         No te gastés, yo aunque quisiera, no podría dejarte. Sos como el motor que me impulsa… Te iba a comentar algo y me interrumpiste. Sí, ahora recuerdo, vos siempre fuiste y sos el centro de atracción cuando estamos los cuatro juntos. Siempre. Juan es tan callado, de tan bajo perfil, tan introvertido. Metido en sus libros, en sus escritos, en su computadora. No sé. Tan silencioso. Vos emergés con tanto poder…

-         No es tan así. Juan es un tipo que en muchas cosas admiro. Tiene un agudo poder de observación, de captación de ambientes, es rápido para eso ¿Te preguntarás cómo no adivinó esta situación? Fue mérito nuestro. Mucho mérito nuestro. Pero él, con sus silencios, sus observaciones, tiende a capitalizarse constantemente. Y yo, a veces, me siento como vacío, como si dejara todo por el camino. Como si me esforzara por prevalecer. Compito. Me mato ¿Sabés el motivo? No quiero quedar desamparado ¿Entendés? No quiero quedar solo.

-         No sé. Yo te veo a vos. En cambio Juan, ausente con aviso…Pero eso sí, vos estás compitiendo constantemente con él. Te mostrás, te proyectás

-         Pará, pará… vos también con Cris…

-         Hay motivos. Y vos sabés cual

-         Sí, te cagó tu primer noviecito en la juventud. Son boludeces de juventud, Alba…

-         Para mí fue terrible y no tanto una boludez de juventud. Las pasiones y sensaciones eran muy fuertes.

-         Pero ni llegaste a consumar con el muchacho, ¿no?

-         No, no llegué…

-         ¿Cómo se llamaba?

-         Carlos.

-         Te quedaste con las ganas. Entonces los recuerdos se hacen imborrables.

-         Con ella tampoco pasó mucho. Fueron salidas de uno o dos meses…

-         Menos mal, me hubiera sentido cornudo por partida doble.

-         Pero lo que me molesta fue la actitud. La actitud que tuvo ella… Bueno, me voy…

-         ¿La semana que viene podés?

-         Miércoles o jueves estoy por acá

-         Confirmemos por si surge algo.

 

 

Sonó el teléfono en la casa. Cristina lo atendió. Comenzó a hablar en forma entrecortada y en voz baja. Mientras lo hacía veía, a través de los ventanales del living, el parque que rodeaba la residencia. Una suave brisa arqueaba apenas las plantas y las flores. Ansiaba terminar cuanto antes la conversación para que no la sorprendieran.

----Te digo que sí, Juan… yo lo necesito tanto como vos… ya sé, ya sé cual es tu lema sobre la mujer ideal… sí, seguro una dama en la vida y una reputa en la cama… sí estaré con vos el miércoles… haré lo imposible… yo también te extraño… correcto, correcto… llamame al celular, no por el de línea a casa…bueno, sí, pero sabés las paredes oyen… sí, sí, seguro…yo también te amo… bueno, te tengo que cortar escuché ruidos en el garage… sí, llegó Mario… Te tengo que cortar… calma, calma, el miércoles llega rápido…hasta el miércoles…bueno, hasta el miércoles.