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Cierre esa puerta
Ángel Capparelli


El viejo sostenía la puerta del lado de adentro y la mujer lo ayudaba. Alguien quería entrar. Se sentía la presión y el esfuerzo en el forcejeo. La mujer estaba casi en estado de shock.

 

Esto había comenzado unos meses atrás con el asesinato de una señora.  La habían encontrado en su casa con diversas heridas de cuchillo. Elpueblo de Aguas Mansas era tranquilo. Pocos habitantes, y nunca,  hasta ese momento, se habían originado hechos significativos como para la primera plana de los diarios. Sin embargo, unos quince días después, hubo otra situación similar. En la playa, unos chicos, que jugaban con una pelota, encontraron el cuerpo de una mujer mutilada por cortes dearma blanca. Existían coincidencias en la forma de ejecutar el asesinato. Las víctimas no habían sido violadas. Tampoco surgía evidencia de robo.  Mucho revuelo con el periodismo y con la prensa amarilla. Algunos cronistas hasta se habían instalado en el pueblo para seguir más de cerca la evolución de las investigaciones. Roldán, el oficial inspector a cargo, era constantemente consultado por la prensa. La única radio local y un canal de televisión de un pueblo vecino, más importante que Aguas Mansas, se habían encargado de propagar una serie de precauciones, fundamentalmente para las mujeres, para que no se vieran sorprendidas por el asesino. Estar acompañadas, no regresar a sus casas muy tarde de noche; tratar de no abrir la puerta a extraños, ni frecuentarsitios poco habitados,y algunas otras cosas más.

 

Ahora, Lucién ayudaba al viejo a mantener la presión de la puerta. El hombre no tenía el vigor de la juventud y por lo tanto no podía solo con el de afuera, que evidenciaba una cierta superioridad.

─¿Don Baltasar, no puede?

─No puedo más, m’ hija.

Lucién desesperada redoblaba el esfuerzo. La mujer, dentro de toda la angustia, trató de hacer prevalecer su inteligencia y establecer algún tipo de estrategia.

─En un momento, yo voy a tratar de sostenerla sola, con todas las fuerzas que tengo. Para nivelarla en el cierre. ¿Me entiende?

El viejo seguía empujando, pero sin contestar.

─Baltasar, don Baltasar. ¿Me entiende? ¡Contésteme!

─Sí, m’ hija.

─¿Entiende?

─Sí

─Y cuando yo la sostengo sola... usted le echa llave... ¿Entiende?

─Sí, m’ hija.

─Vamos... una... dos... y  tres ... ¡Ahora!

Ella sostuvo por fracción de segundos y el viejo prestamente echó llave. La puerta se cerró. El de afuera seguía intentando derribarla a los topetazos, con brazo y hombro.

Lucien rápidamente se precipitó a una ventana,  que abrió con desesperación, asomó parte del cuerpo y comenzó a pedir auxilio. La calle estaba desierta.

Se dio vuelta y vio que el viejo había quedado en un rincón de la habitación, totalmente extenuado.

─Baltasar. Baltasar... ¿se encuentra bien?

─Sí, m’ hija.

El otro, el de afuera, descontrolado, decía algunas cosas en voz alta; pero, entre los ruidos y la pesada puerta, era difícil escucharlo; seguía intentando abrir. Lucien volvió a mirar por la ventana, percibió que a través de  la cornisa se podía  alcanzar el techo de otra casa. Y  también que una vez ahí, era probable bajar de alguna forma.

 

─Baltasar. Don Baltasar. ¿Está descompuesto?

─Estoy viejo... y fue duro ... Ese maldito tiene fuerza...

─Y vamos tener que hacer algo más… Tenemos que escapar a la casa vecina. Ahí pediremos ayuda

 

Lucién se sorprendió por su arrojo, e incluso su fortaleza física. Recordó, justo en ese momento, a la señorita Rita, su maestra, que contaba que la gente en estado de desesperación acrecentaba su fuerza.  El otro hombre tampoco desistía en su empeño de derribar la puerta. Y cada vez lo intentaba en forma más violenta. Por lo tanto, había muy poco tiempo.

─Vamos, Baltasar. Vamos. Tenemos que huir.

Se dio vuelta, pero casi no lo reconoció. No tenía nada que ver con el viejo  que ella trataba casi a  diario. Tenía un cuchillo en la mano y se abalanzó sobre ella. Ahora exhibía fuerza y determinación. Bastaron tres o cuatro heridas. El hombre que intentaba entrar, llegó demasiado tarde. Se encontró con el cuerpo de Lucién sin vida.

Y el asesino… se había vuelto a escapar.


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