Un cuento de terror
Edgar Tarazona Angel


El niño sentía, todas las noches, después de que le apagaban la luz del cuarto, que la puerta del armario se abría lentamente y algo misterioso y espeluznante empezaba a salir, la puerta crujía con un sonido misterioso porque las bisagras eran viejas y estaban sin aceitar, el miedo le impedía gritar, pero en un esfuerzo sobrehumano, antes de que lo que fuera que estaba por aparecer saliera, lograba dar un grito que alertaba a todos los de la casa. A los pocos segundos aparecía la abuela en camisa de dormir, prendía las luces y lo consolaba hasta que el sueño lo rendía.

 

Sus padres, sus hermanos y algunos vecinos se quejaban de ese berrido terrible que los despertaba noche a noche y reclamaban a sus padres para que pusieran remedio; ellos lo regañaban y amenazaban con castigos, que nunca cumplían, porque la abuela era la dueña de la vivienda y el infante su consentido. Todo continuó con un cambio grande, le dejaban la luz encendida toda la noche, pero cuando alguien la apagaba el chico sentía chirriar los goznes de la puerta que se abría lentamente. En este mundo todo empieza y todo acaba.

 

Una mañana la abuela no se levantó, ella que era la primera en despertarse y pasar a la cocina a preparar un café para todos. Con el paso de las horas empezó la preocupación hasta que su hijo, el padre del niño, entró y la encontró muerta. Lo demás se supone, llamar un médico, la funeraria, el velorio y el entierro en medio de llantos hipócritas y el desconsuelo del niño que veía partir su única esperanza. Desde esa noche le apagarían las luces,

 

Se acostó temblando y dispuesto a no gritar, ya le habían advertido que eso no era de machos y que todo ese cuento de la puerta que se abría y empezaba a salir un engendro de quien sabe donde sólo estaba en su imaginación. Como todas las noches cuando apagaban la luz, sintió ese ruido escalofriante de la puerta abriéndose, más que ver presintió una presencia maligna y se aguantó las ganas de gritar repitiéndose a si mismo que era su imaginación. En medio de la oscuridad trató de distinguir como una sombra que se acercaba a su cama…

 

Al otro día, como el chico no aparecía en el comedor, sus padres fueron a su alcoba y encontraron el cadáver ensangrentado sobre la cama.