Mi primera comunión
Rubén Jarque


. Es muy pronto aun, pero mi mamá ya esta corriendo pasillo arriba, pasillo abajo, diciendo que se hace tarde. Yo no quiero ir, los zapatos blancos no me gustan y la corbata tampoco. No entiendo porqué tengo que llevar corbata. Desayuno un vaso de leche con galletas, aun estoy en pijama, el pijama si es cómodo, el traje de mi primera comunión no. Mi mamá me dice que me acabe el desayuno, yo la miro y no digo nada. Voy a mi cuarto, mamá me ayuda a vestirme; nunca lo hace, pero hoy si. “Hoy es un día importante” dice, pero yo no se que tiene de importante. Mamá me abrocha los botones de la camisa, es a rayas verdes y blancas, parece la camisa del Betis. Los pantalones son tan blancos como los zapatos y la corbata. Me pongo una chaqueta Buberrys, es verde. Mamá dice que es de marca y que es muy buena. Encima de la cama están los calcetines, son muy finos y tan suaves que casi no me doy cuenta cuando mamá me los pone. También son verdes. Luego me calza los zapatos, casi no me entran, mi mamá se enfada y le dice a mi hermana que traiga el calzador. Cuando ya los tengo puestos me doy cuenta de que me aprietan mucho, me aprietan tanto que me parece que la sangre no me va a llegar al corazón. Eso lo he visto en las películas de aventuras, cuando una serpiente muerde en el pie a un hombre, este se hace un nudo con una cuerda en la pierna, y lo aprieta para que la sangre no llegue al corazón y no se envenene. A mi no me ha mordido ninguna serpiente pero los zapatos blancos me aprietan una barbaridad. Mi hermana dice que voy muy guapo, pero sé que lo dice para chincharme, ella sabe que no me gusta como voy vestido. Por eso la pellizco, para que se calle. Mamá me regaña, dice que deje en paz a mi hermana, que esta malita, y que mi traje es muy bonito, que peor son los que van de marineritos. Eso es verdad, pero yo no quiero ir ni de marinerito ni de ninguna manera. Mi hermana está enferma, tiene paperas o algo así, pero sigue metiéndose conmigo, y yo no puedo hacer nada porque mamá esta delante. Pero luego se va a enterar, le voy a secuestrar todos sus pinipón. Tengo que peinarme y eso no me gusta nada, delante del espejo parezco un tonto. A mi me gusta ir en chándal, es mucho más elegante, los futbolistas van en chándal y ganan mucho dinero. Yo quiero ser futbolista pero así vestido sólo parezco un hincha del Betis con corbata y zapatos blancos. Mi papa entra en el cuarto de baño y dice que parezco un hombre, pero yo no quiero parecerme a un hombre, prefiero parecerme a un niño, doy más el pego. Papá me echa un poco de su colonia, “fragancia varonil” dice.

 Suena el timbre, me asomo a la puerta y aparecen mis abuelos. Están muy contentos, dicen que estoy muy guapo, ellos no lo dicen por chinchar, lo dicen porque son mis abuelos. Mis abuelos dicen que tenemos que irnos a la iglesia ya, que si no, se hará tarde. Ellos son muy devotos. Papá les dice que vayan bajando al portal. Entonces comienzan las carreras por la casa, papá discute con mamá, dice que porqué no está preparada. Ella le grita que porque tenía que vestirme. No lo entiendo porque yo siempre me visto sólo. Mi hermana está preparada y mi papá también, pero ahora no encuentra las llaves. “¿Me has cogido las llaves?”. “! Y para que iba yo a coger tus llaves!” “! Pues no las encuentro!” “¿Has mirado en el cajón?”. “Claro que he mirado en el cajón”. Al final mamá se desespera y cuando termina de arreglarse le ayuda a buscarlas. Encuentra las llaves en el cajón, siempre están allí, pero papá nunca las encuentra y siempre se pone nervioso. Por fin salimos de casa, en el ascensor mamá me aprieta el nudo de la corbata. La corbata es de mentira, el nudo no se deshace, pero como me ahoga yo me lo aflojo un poco, mamá dice que me esté quieto.

         En la iglesia estoy sentado en el primer banco. Los zapatos me hacen daño y siento como si los pies me fueran a estallar. Me encuentro incomodo, pero las niñas de mi grupo de catequesis seguro que lo están más, con esos vestidos tan estúpidos. Parecen Sisi Emperatriz. Y los niños parecen almirantes. Más que una misa esto parece una fiesta de disfraces. Yo por lo menos soy original, voy de hincha del Betis. La ceremonia ya está acabando, el cura nos da el sagrado sacramento, o algo así. A mi no me gusta, no sabe a nada, prefiero las croquetas de mi abuela, esas si que están ricas. Además, para tomarlas, no hace falta llevar corbata.

         Salimos de la iglesia, todo el mundo está contento menos yo. Yo sólo quiero ir a casa a quitarme los zapatos, la corbata, la camisa, la chaqueta y los pantalones. Sólo me gustan los calcetines, son agradables. Después de hacernos mil fotos nos vamos hacia casa. Hay un buen trecho andando y casi no siento los dedos de los pies. Cuando llegamos a casa papá pone la mesa en el salón y mamá saca la comida. Estamos papá, mamá, mis abuelos, mi otra abuela, mi tía Trini, mis tíos, mis primas, mi hermana y yo. Comemos canelones con espinacas, todos menos mi hermana que como está malita tiene que tomar caldo. Me da mucha pena que no pueda comer canelones, así que decido no secuestrarle los pinipón, la perdono. Acabamos de comer y en los postres me dan muchos regalos. Los abro, me pongo muy contento y le digo a mama si puedo quitarme ya la ropa que llevo, mamá me da su permiso. Corro por el pasillo hasta mi cuarto, me desvisto lo más rápido que puedo y me pongo un chándal. Otra vez libre. Saco la caja donde guardo las chapas y me tumbo en el suelo. Elijo dos equipos, el Rayo y…el Betis. Y empiezo un partido que ya se quien va a perder. Esta tarde pienso vengarme de todo lo que sea verdiblanco.