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Tía Julia vive sola desde que
cumplió los quince años. Mi hermanita y
yo cuando la visitamos nos da mucha pena. Para nosotras la soledad es algo
incomprensible. No me imagino en un sitio sin oír los ruidos de mi casa: las
quejas explosivas de mamá; la voz dulce de mi padre; a mis primos, mayores que
nosotros, discutiendo por cualquier chuchería; las parrafadas de mi madre con
su hermana, y sobre todo la llegada de
mi tío, por la noche, y mi padre los fines de semana. Mi tía Julia ya es muy mayor. Por lo
menos tiene treinta y cinco años, y mi madre siempre le dice a papá que nunca
está en casa. A mi hermana y a mí nos da pena, porque además de vivir sola,
nunca está en casa, y nos la imaginamos vagando por la calle, con el peligro de
que algún hombre le pueda hacer algo o un perro le muerda. Hoy es Nochebuena y, mi tía Julia ha
llamado por teléfono. Le ha dicho a mamá que no puede venir porque tiene un
party en su casa. Mi hermanita y yo estamos muy tristes porque mi tía además de vagar por las calles y estar siempre sola, tiene un party. Y yo le he preguntado a papá qué es un
party. Y debe ser algo muy malo porque no me ha querido contestar. |
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