Colombia




“...Y el hombre moreno que le hizo soñar por unos instantes inolvidables volvió a su tierra...

Regresó con un adios agridulce y agradecido de haber conocido a Sherezade, un alma pura entre tanta maleza.

Sherezade siempre supo que su historia sería verdadera pero frugal, como la fruta exquisita de temporada, como las tormentas de verano que inundan los campos..

El pertenecía a una tierra y la echaba continuamente de menos, más que a cualquier mujer.

Con este encuentro Sherezade aprendió a amar sin apego.

A querer a entregar y a recibir de forma desinteresada.

Porque hay encuentros que son como los sorbos de buen vino. Hay que disfrutarlos mientras están en  nuestro paladar y archivar ese placer eterno en nuestros recuerdos...”