Familia




Sherezade deseaba profundamente que Sahariar estuviera siempre en sus noches… abrazándole contra su pecho moreno y acogedor… atrapando a sus fantasmas, confortando su alma de bailarina errante.

Porque nadie como él conocía las esquinas de su memoria, sus deseos ni llenaba tanto espacio en su Universo de color.

Sahariar veía en Sherezade  pura pasión, con todo y con todos.

Escribía, pintaba, amaba, vivía, ayudaba, repartía sonrisas y magia alrededor. Era tarde ya. Después de fumar un cigarrillo, mirando el desierto, se había visualizado feliz...con Ananda entre sus brazos y Sherezade abrazándoles a los dos”