Las trampas de la mente (II)
Edgar Tarazona Angel


Hace poco perdí las llaves de la casa, o creí perderlas; busqué por todas partes y mi señora me ayudó mientras me decía que siempre refundía las cosas, en especial el llavero y las gafas, buscamos hasta en los lugares menos posibles como el congelador y el joyero de ella y nada.

Cuando ya estábamos decididos a dejar la búsqueda y mandar sacar duplicados de las que tenía mi esposa, abrí la puerta para salir a la calle… y allí estaban las benditas prendidas de la chapa. La noche anterior había llegado y las dejé puestas en la cerradura.