Preludio para la felicidad
Margarita Roiz de la Parra

“La felicidad depende de nosotros mismos” Aristóteles


¡La felicidad! ¡Qué mítica, extraordinaria palabra! Todos aspiramos a ella, pero si sabemos lo que es la infelicidad. Esta es la que transcurre a lo largo de la vida.

¿Y si fuera albañil? No, tengo vértigo, me caería del andamio.

¿Y si fuera panadero? Oh, quema demasiado el horno.

¿Y si fuera actor de cine? No me considero preparado, para aprender el guion.

El “sí “parece ser preludio para la felicidad. Todos los “si” parecen un torbellino, un agujero negro.

¿Pero es verdad que la felicidad está solo unida a las cosas que poseemos?

¿Y si, buscáramos el camino de hacer felices a los demás? Nuestra actuación sería diferente, más plena.

Fui a dar una vuelta por el parque, la tarde era luminosa. El cansancio se cambió en gozo. Los niños jugaban alegres, corrían, y los ancianos sentados en los bancos, disfrutaban la tarde. Todo era maravilloso e incluso sentí deseos de cantar. Pero cuando salí de vuelta a casa, el aire era irrespirable. Dos conductores se pusieron a discutir acaloradamente.

¡La felicidad ¡Qué mítica palabra!