Conocí hace unos meses a una joven doctora, en la clinica de
Rehabilitación. Su apariencia joven y alegre, rubia, alta y que
poseía una sonrisa angelical. Su nombre es "Felicitas" y su
apariencia me recordaba más bien, a un hada, que una doctora en
medicina. Me encontraba yo entonces en un programa de Rehabilitación, en
esta isla del Mar del Norte, llamada Sylt, muy famosa por sus playas
blancas.
Alguna que otra referencia de la isla: hacia siglos los seres humanos se
habian establecido alli, incluso se encontraron sepulturas de poblaciones
antiguas, ya de unos 4500 años.. en los ultimos siglos los hombres eran pescadores de
ballenas, que pasaban hasta mas de un año en alta mar y sus mujeres eran
las que llevaban la casa, se encargaban de todo, plantar las hortalizas, etc.
Había más de un restaurante, que poseyese algún candelabro
con algun motivo de ballena. También vi una manecilla en la puerta
en una de las iglesias, también con motivo de ballena. Algunas de las
casas de la isla, databan de 1776, 1887, etc., preciosas... les cuento esto,
para que vean el ambiente, donde yo me encontraba.
Por lo general El Mar del Norte es conocido como "El Mar de la
Muerte" por sus bravías tormentas y sus olas enormes. Aparte de las
corrientes, que en otras zonas se llevan a los turistas "mar
adentro", cuando se atreven a internarse en las playas. Muchas personas se
atienen cuando hay marea baja y creen que no es peligroso; y cuando el mar
regresa y los sorprende y los acorrala, ya es tarde, porque no podrán
correr lo suficiente, para salvarse.. el agua avanza con una velocidad, ¡que asusta! El ser
imprudente "cuesta caro"; por eso, si no hay nadie cerca, a quien
preguntar, uno se deja guiar por "el sentido común" y uno
observa... Tambien se puede escuchar lo que dicen los lugareños. Ellos
conocen y saben como se comporta el mar, por allí.
Yo les estaba contando de esta doctora... que me parecía un hada, me
dijo entonces, que habia decidido aplicar en la clinica de la isla, porque a
ella "deseaba escuchar la voz de los ángeles"... ya que es un
lugar verdaderamente "mágico". En la ciudad entre tanto
bullicio, la verdad es que uno, solo percibe el sonido de los coches, las
bocinas de los carros y ese bullicio rutunario de las ciudades grandes, cuando
despierta.
Para escuchar las voces de los ángeles, no tenemos ni tiempo y a veces
hasta ni ganas. La gente anda y vive atribulada, entre la lista de compras, las
lineas de metros, los buses, las tareas diarias, el marido, los hijos, los
bancos, el jefe y los compañeros de trabajo... si acaso uno tiene tiempo
para darse un segundo para pensar en sí mismo, y a veces, pasan los
años, hasta que uno se da cuenta, que uno entre todo esto "también
está alli", con sus necesidades y anhelos, esperanzas y
sueños, que se han dido por alli, entre los ríos de la vida,
hacia un mar desesperanzado de tedios diarios.
Saben lo que despertó en mí, esta aseveración de esta
chica, que habia escogido la isla, "para poder escuchar la voz de los
ángeles". Cuando nos tomamos nosotros el momento necesario, para
encontrarnos a nosotras mismas, para volver a esa paz que necesita el alma.
Necesitamos oir la naturaleza, con otros oidos más atentos... debemos
escuchar la risa de la gente, de los niños. De niña me gustaba
observar el jardín, el volar de las mariposas, podría decir:
"que tuve la oportunidad de ser niña y soñar", al menos
a ratos..
¿Qué es lo que va haciendo al ser humano, menos accecible?,
¿por qué cierra su corazón, a la belleza del universo?
hemos dejado de practicar, lo que nos enseñaron los abuelos: el volar
con el águila, ver en las hojas y la lluvia la maravilla de la
creación; debemos respetar la vida de todos los seres que comparten con
nosotros este planeta. Si vamos atropellando por el mundo, lo que encontramos,
solo cuidando de nosotros, egoistamente "lo mío"...
¿cómo escucharemos nosotros, las voces de los ángeles? de
seguro, no dirán nada bueno... Podemos vivir, en paz, con nosotros
mismos. ¿Somos felices? Solo si buscamos y encontramos la armonía
del universo -que es manifestación del amor divino, en lo que nos rodea
y en nuestro corazón. Entonces habrá paz y amor divino.
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