Hoy en el mes de Noviembre, en el XXI aniversario de los mártires
de la UCA, quiero hablarles de los mártires, desde otra perspectiva, la
humana. Quiero hablarles de su bondad, su humanidad, su gran corazón. El
P.Ellacuría en tiempos de Monseñor Romero, decía
“con él, Dios pasó por El Salvador”. ¿Que
podemos decir de los mártires? Con ellos podemos decir también “que
Dios estuvo viviendo entre nosotros, con el pueblo salvadoreño”. Y
que tenemos la bendición de conocer personas como el P.Sobrino,
compañero fiel de Jesús de Nazaret, de Monseñor Romero y
de los mártires de la UCA; y que como es su forma de ser, se sigue
desviviendo y trabajando, iluminando nuestras vidas, llenándonos de luz
con sus palabras, interiorizamos su ejemplo, y sigue dándonos
ánimos para seguir; él sigue siendo testigo de todo lo que
ocurrió en esta tierra - de bueno y de malo. La Iglesia de entonces, no
era nada “light”, Iglesia
de Rutilio porque era profética, o
sea, echaba en cara las injusticias, al mismo tiempo que llamaba, más
que todo a la conversión, hasta el último momento, llamó
Monseñor Romero a la conversión.. suplicando, exigiendo, el cese
a la represión.. Monseñor Romero, “se retó hasta
con la muerte, defendiendo a la gente traspasada” como la llamaba
él, a su pueblo... y los mártires eran también ejemplos de
bondad, tenían coraje, »hombres de talante serio«, dijo en
otra ocasión el P. Sobrino; así también tenemos otras
grandes personas que viven ese mismo sendero de los mártires -un sendero
lleno de momentos difíciles y también de gozo-, por
décadas enteras. Quiero también mencionar a los sacerdotes que
siguen allí, trabajando a diario, por mi país, como el P.Tojeira,
P.Sivatte. ¿Qué les debemos? Les debemos mucho. Aparte del
ejemplo, les debemos a todos, antes que nada: respeto, amor, amistad,
reconocimiento por su labor de años, en nuestro país. Los
talentos de los mártires se conocen, no solo en la Universidad
Centroamericana, José Simeón Cañas, El Salvador, pero también fuera
del territorio salvadoreño, hemos sido testigo de su gran
aportación, no solo profesional, pero humana; eran grandes visionarios,
quienes fundaron institutos de importancia vital, en nuestra sociedad. Por
ejemplo, el P.Segundo Montes, fundó el “IDUHCA”, o sea:
“Instituto de Derechos Humanos de la Universidad José
Simeón Cañas”; el P.Martín-Baró fundó
“el IUDOP”, es decir: “Instituto Universitario de
Opinión Pública”; el P.Ellacuría, trabajo toda una
vida, no solo por lograr una universidad más cercana a las necesidades
de este nuestro país, pero quería aportar a que esta sociedad,
fuera más justa; él quería “un cambio en la
historia”, como la quiso Jesús o la quiere cualquier cristiano
“justo”, o sea que desea y busca la justicia, sin violencia.
Tratando de hacer conciencia, para encaminar las personas de corazón
duro, hacia el bien. Cada uno de ellos fueron grandes catedráticos.
Todos eran especialistas en sus ramas, meticulosos profesionales, como repito visionarios,
porque veían con los ojos y los oídos de la ciencia,
además de al aplicar usaban el corazón.. trataron de forjar
“un mundo mejor”. Su misión era pacífica, ya lo
exigía su propio compromiso sacerdotal y era su mayor deseo poder
“contribuir a la educación de profesionales que tendrían un
impacto posterior en la sociedad”, ya sea como economistas, psicólogos, psicólogos
sociales, filósofos, sociólogos, periodistas, etc.. Conocemos el
gran historial de trabajos, que tomaron en sus hombros, las innumerables
angustias, las persecuciones y desde que tomaron este compromiso, “su
misión”, aceptaron también un posible martirio, como lo
tomó concientemente Jesús, cuando se hizo hombre, porque
quería salvar la humanidad. Siendo ellos compañeros de
Jesús, también se comprometieron concientemente, porque amaban y
estaban convencidos que su misión, tendría frutos buenos... Ya sabemos todo lo que sufrieron porque
trabajaron por lograr “justicia” en un mundo “injusto”.
¿Qué llevaban entonces, dentro estos hombres en sus corazones?
Sí, llevaban a Jesús de Nazaret, llevan dentro un inmenso amor,
porque desde el más allá siguen amándonos,
protegiéndonos, animándonos, ¡estoy segura! Los motivaba el
amor a los seres humanos, que sufren. No querían dejarlos solos con su
suerte, les daban “aliento”, a seguir en ese camino tortuoso.
Sí, se puede decir y con razón, que eran, son y seguirán
siendo para nosotros «buenos como el pan».
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