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“El
sublime apasionamiento es una cosa hermosa y
le queda bien de forma maravillosa a la gente joven.
Para personas maduras es más adecuado tener
humor, sonreír, no tomar las cosas en serio, eso
transforma el mundo en una imagen, que nos permite
contemplar las cosas, como si éstas fueran
huidizas nubes del ocaso.” Hermann Hesse Hay momentos en la vida, en
que nos toca reflexionar. La niñez puede ser la más dulce, cuando se tienen
padres, hermanos, tíos, abuelos, primos amorosos. Hay cada historia que
contar... solo basta ir juntos unos días de vacaciones al mar, viendo esas
palmeras, que se menean con el viento marino “como si se estuvieran peinando” –
decía Salarrué (escritor, cuentista salvadoreño – su nombre: Salvador Salazar
Arrué), luego las caminatas por la playa recogiendo caracoles, jugando con las
olas. Y la semana Santa de mis tiempos no era como las de ahora, que capaz,
entonces no podíamos hablar alto, correr, poner la radio, y como decimos por allá,
no se nos permitía “hacer changoneta”, es decir: “andar jugando ruidosamente,
gritando por allí”. Nada de eso. ¡Hermann Hesse
nos hace ver que eso del sublime apasionamiento le queda bonito a la gente
joven! Ah, tiempos aquellos en Centroamérica, nos parecía más bien un gran
pueblo, al menos así nos querían tener nuestros padres; cuando las chicas del
colegio suspiraban por éste u otro chico, mis amigas y yo, que nuestros padres
eran severos, las mirábamos raro y pensábamos: “¿sus papás les dan permiso de
salir con ellos?”. A mí, que ni se me ocurriera tal cosa, que tenía un padre
más celoso... y se me hubiera armado la de San Quintín y sin razón. Ahora que
vivo en otra sociedad en Alemania del norte, donde las chicas comienzan a tomar
las pastillas anticonceptivas siendo aún adolecentes, y las compañeritas les
hacen burla si no han tenido una experiencia sexual... diría yo, que son dos
mundos completamente opuestos. No sé, si aún
ahora haya cambiado en Centroamérica la forma de actuar, no lo creo. Especialmente
porque creo que una persona no madura, por el número de chicos o chicas que
haya tenido, al contrario. La madurez se podrá observar en el respeto que se
tengan como personas entre sí, es decir, que NO se hieran o lastimen el
corazón. Los seres humanos
debemos tratarnos con afecto. Y las cosas que experimentamos a medida que
entran los años, realmente van tomando otros matices. Vemos la injusticia, las
malas intenciones, la malicia y dependiendo de nuestra estabilidad social,
podremos afrontarlas. Sin embargo y a pesar de las amarguras que nos toque
enfrentar y nos puedan embargar, no hay que dejar de pensar que son eso, nubes
que se disipan en el ocaso y que Dios siempre observa. Tarda a veces en
corregir a las personas que hacen mal, pero lo hace. Y a la gente que hace
bien, también le acompaña y también le da alegrías. |
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