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Se llevó a cabo en Universidad Villanueva de
Madrid - España, el ciclo titulado: “La literatura es fuego. Homenaje a Vargas
Llosa”, El título de este artículo es parte de la intervención de Enrique Krauze, director de la revista Letras Libres, que junto a
la universidad madrileña fueron los organizadores de dicho evento cultural. En su discurso, reivindicó el historiador mexicano,
“esa pequeña república que no es ruidosa, ni altisonante, ni irracional, ni
violenta, ni agresiva, que es la República de las letras”, a la que pertenecía
Vargas Llosa. La patria de Mario Vargas Llosa, afirmó, era
la literatura. El escritor recordó el compromiso del Nobel con las revistas de
Octavio Paz, Plural y Vuelta, precursoras de Letras Libres, donde escribió
“grandes ensayos y reportajes sobre la realidad peruana” y donde se produjeron
grandes metamorfosis literarias y políticas. Vargas Llosa, fue también, “el padrino de
Letras Libres”, fundada por Enrique Krauze en 1999 en
Ciudad de México y en el 2001 en Madrid. “Nos orientó, nos apoyó, propició el
nacimiento de la revista y ayudó a que se instalara en Madrid, hace veinticinco
años”. En las páginas de Letras Libres publicó su
último relato, “Los vientos”, donde dibuja un Madrid distópico y a la vez
familiar. Vargas Llosa, dijo Enrique Krauze,
“pertenecía a la República de las Letras, aunque habló, y habló muy fuerte, en
la otra República”. Sobre sus incursiones en la política se
reivindicó su “ambición realista” y su rechazo a “los lenguajes ampulosos”,
tanto en la novela como en la política, y su “lucha y conquista por la
sencillez”. El liberalismo de Vargas Llosa no era solo político, sino cultural
y temperamental. Se comentó que Vargas Llosa se dio cuenta, que
la cultura “tiene que ser algo que te hace pensar, algo que te incomoda, algo
que necesita una cierta concentración y que se estaba sustituyendo por el
entretenimiento”. “Vargas Llosa en cierta forma, fue también
alguien que eligió un tipo de locura, eligió la locura de la escritura, la
locura de la política, la locura de la democracia, elogió la locura de la
escritura desmesurada”. Sobre su vocación por el teatro se dijo, “que
lo primero que escribió en su vida con quince años, fue una obra de teatro. Lo
que más le hubiera gustado en el mundo, es ser actor, confesó”. Sueño que
cumplió en el 2014. Sobre su proceso de escritura y trabajo se
comentó: “Para Mario, la elaboración de una novela, incluso las más
fantasiosas, implicaba viajar, ver un lugar, oír un acento y hacer una
investigación”. Pilar Reyes, editora de Vargas Llosa en
Alfaguara, compartió: “Mi momento cumbre con él fue relativamente reciente,
cuando me entregó el manuscrito de “Le dedico mi silencio”. Estaba en su casa y
me lo entregó personalmente, una copia impresa (luego lo mandaría a la
agencia). Me dijo: “Esta es la última novela que voy a escribir”. Cerró Krauze, con
las siguientes palabras: “La grandeza de Mario y su producción literaria
trasciende el ruido mediático de los últimos años, amplificado por las redes
sociales, las maledicencias y envidias que desviaron la atención del Mario
esencial, el escritor, el literato”. “Y su pasión política, motivada por el anhelo
de libertad y justicia, merece que futuros biógrafos le hagan justicia. En
medio de la inmensa tristeza que provoca su ausencia, persiste la inmensa
alegría de su presencia”. ¡Hasta el
próximo encuentro…! |
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