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A continuación
comparto un fragmento del discurso de ingreso a El Colegio Nacional de México,
del ensayista y crítico literario mexicano Christopher Domínguez Michael, en el
que comenta sobre su relación con el poeta Octavio Paz: Octavio Paz tenía la edad para ser mi padre.
Octavio encaja mejor en la figura del abuelo decimonónico, a cuya vasta
progenie me agregué como uno de los más jóvenes, al ingresar a Vuelta. A la revista me invitó Enrique Krauze, quien no sólo hizo de aquella mi casa, como lo hoy
es Letras Libres, su legítima sucesión, sino que me incitó a practicar un arte
entonces despreciado en México, el de la biografía. La edad y la distancia, remarcadas natural y
cortésmente por Paz, hacían que nuestras conversaciones fueran por lo general,
políticas y literarias. La narrativa, sobre la cual yo ejercía la reseña al
alimón con Fabienne Bradu,
le interesaba poco al viejo poeta de obediencia surrealista. Sin embargo, como yo era el único de los
jóvenes de su entorno que había militado en el ámbito marxista, como él en su
juventud, ese hombre de izquierda, compartía conmigo minucias, trivialidades y
herejías del movimiento comunista internacional. Hasta que, fatalmente él interrumpía, abrupto
el diálogo, con cierta maldad involuntariamente lacaniana. Octavio fue, sin
querer, testigo de momentos aciagos de mi vida privada y, desde su reserva, me
regaló momentos de ternura que atesoro. Gracias a Paz ratifiqué que la crítica
política, intelectual, literaria y artística que él ejercía como una forma de
respiración, era una pasión arrebatadora. Octavio Paz me enseñó que no es lo
mismo ser valiente que brabucón, que la paciencia es astucia no cobardía, que
una cosa son los adversarios ideológicos y otra los enemigos personales. Que la verdadera amistad, es una categoría
filosófica, una hermandad en las ideas que implica el amor constante de la
discrepancia. Sobre la crítica literaria, ésta a diferencia
de otros oficios, exige del crítico literario una permanente explicación de qué
es y cómo se ejerce. Mal o bien, el público lector (ningún otro me interesa)
entiende qué es un poeta o asunta la actividad de un novelista, mientras que la
figura del crítico es esquiva y equívoca. Es frecuente que a los críticos literarios nos
pregunten si, además de “criticar”, escribimos; es decir, si nos dedicamos a la
“verdadera” literatura, sea prosa o poesía. A los escritores que hacemos primordialmente
crítica literaria nos ofenden excluyéndonos del gremio de los escritores. De
privar esa taxonomía, no lo seríamos quienes hacemos non- fiction
(género literario y periodístico basado en personas y sucesos reales), para
utilizar el método crítico de Barnes & Noble. No todos los críticos somos grandes
escritores, concluía William Epson (el mayor crítico literario inglés), pero
todos somos escritores. ¡Hasta el
próximo encuentro…! |
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