La lectura y el libro
Raúl Sánchez Acosta


Abrir un libro es como entrar en un mundo nuevo. La lectura es la posibilidad de entendimiento de otras formas de percibir los fenómenos que hacen parte de nuestras experiencias.

 

El universo sígnico del libro es la esencia del proceso lector. Comprenderlo, interpretarlo, darle sentido y proyectar maneras especiales de apreciar las experiencias que suscita la lectura, también pueden ser actividades de aprehensión del conocimiento y ejercicio lúdico.

 

Hay quienes consideran que una vida sin sueños es vana; aunque otros piensan que los sueños son experiencias banales de la vida. No obstante, es interesante recoger las apreciaciones de algunos filósofos y pensadores europeos que han expresado su predilección por la primera postura. En este sentido, la lectura, según se desprende de serios estudios desarrollados en el campo de la semiótica y la lingüística textual, es una experiencia onírica de las más ricas y placenteras que puede tener el ser humano en toda la historia de la cultura.

 

El libro es una realidad hecha relato para invitar a soñar por los caminos del texto; es un universo para soñar en la ruta de las palabras; es un sueño para leer todas las huellas, las señales que nos ayudan a entender que la vida real se alimenta de fantasía

 

El hábito de la lectura y su fascinación se cultivan leyendo, abordando las páginas, descifrando sus signos, sus símbolos, disfrutando su historia, reinventándola, haciendo el otro libro que la mente configura a medida que las imágenes, los conceptos, las situaciones y las vidas que palpitan en su interior, se agolpan para rediseñar el imaginario del lector.

 

La lectura independiente, concentrada y responsable, ha de ser un instrumento mediador para alcanzar otras ventanas o lugares desde los cuales vislumbrar nuevas posibilidades de interpretar la fantasía que sostiene la realidad textual del libro, como hecho artístico literario, y como objeto de reflexión lingüística.

 

La lectura y la escritura son un solo proceso. Se deben reconocer como momentos del mismo fenómeno. Un fenómeno en crisis que se acentúa en la cultura moderna debido a la presencia continua y permanente de eventos del entorno que imposibilitan el acercamiento del individuo al texto escrito como mediación del lenguaje para reflexionar sobre el ser como tal, hacia su trascendencia social y moral.

 

La postmodernidad crea estereotipos fungibles, pero que, en su momento, impactan como explosiones que fulminan cualquier instancia que aparezca en la vida cotidiana, haciendo las veces de puente, para abordar el libro o el texto que habría de ser leído e interpretado en un ámbito de reflexión comunicativa.

 

La atomización de intereses en el mundo de las comunicaciones modernas, aísla al individuo, convirtiéndolo en un "misántropo" en potencia, que sólo piensa y actúa en función del yo. Ese yoísmo patológico es fácilmente absorbido por los ideales de poder, normales en la configuración de la mente del ser humano, quien confronta su existencia como realidad, contra la historia de la especie en continua lucha por la supervivencia y el dominio (véase "El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado". F. Engels).

 

La escuela no ha creado espacios para reflexionar sobre el libro o el texto escrito asumido como elemento cohesionador de la conciencia colectiva (Bruno Bettelheim), y menos aún de la importancia de los procesos que permiten internalizar el libro en el mundo vital del individuo

 

Leer y escribir, por tanto, son simples fenómenos instrumentales sin poder en el universo mecanicista del hombre postmoderno. Su práctica ha decaído en todo el mundo. Sin embargo, la preocupación más importante es la que debemos reconocer asociada con los niveles de lectura en nuestro continente. Estudios recientes señalan que en América Latina se lee menos de un libro al año, en promedio; en Colombia, concretamente, el promedio es de medio libro por año.

 

Las entidades del Estado y las particulares que se preocupan por este "problema", consideran que se deben adelantar programas y proyectos en los sistemas de educación de nuestros pueblos, para promover la lectura y la escritura como actividades de vital importancia para el desarrollo cultural y la construcción de una sociedad más autónoma, reflexiva y competente para participar en la lucha contra el atraso social, político, cultural y económico de las naciones latinoamericanas (Documentos V Congreso Nacional de Lectura, Bogotá 2002).

 

 

Leer y escribir son procesos problémicos en la cultura educativa, y seguirán siéndolo si no propiciamos espacios para repensar sobre su práctica.

 

Este material pretende brindarse, precisamente, como una iniciativa para ver el libro, el texto escrito, la literatura y la fantasía, en función del hábito lector. Es necesario que el libro sea asumido como un útil escolar, como herramienta de estudio, como juguete, o como amigo. Así, pues, es bueno que se le raye, se le escriba, se le bese, se le marque, se le dibuje en sus páginas, e incluso, se le recorte aquello que llame tanto la atención como para compartirlo con el amigo lector.

 

Se pretende que el libro se convierta en un estímulo de la lectura y de la escritura. Que cada persona que lo posea experimente esa grata sensación de pertenencia y de dominio o posesión sobre un bien tan preciado como lo es un libro. He aquí una forma atenuada de posibilitar esa experiencia de poder individual que nos sugiere la cultura de la sociedad moderna.