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“La imagen inicial que tenemos de Poe en el corazón nos
viene de tempranas lecturas y es siempre terrible, es siempre fatal, es siempre
el sentido fácil del poeta maldito”, escribió Julio Cortázar. La conocida fotografía de Poe, la que ha recorrido el mundo
y ha ilustrado la mayor parte de las ediciones de sus libros, es una muestra
clara de los tormentos que albergaba en su interior. Con el pelo revuelto y la corbata torcida, de mirada melancólica
y huidiza con sus finos labios arqueados hacia la barbilla, bajo la sombra de
un espeso bigote, su rostro resulta una metáfora del contenido de su obra. La azarosa y trágica vida de Poe comienza poco después de su
nacimiento. De padres actores, cuando Edgar tiene dos años su padre desaparece
y al año siguiente su madre muere de tuberculosis. Fue adoptado por la familia Allen, John y Frances un acomodado matrimonio sureño. Poe llegó a adorar
a su madre adoptiva, pero las relaciones con su padre se fueron deteriorando
cuando aquella murió. Estas primeras experiencias marcarían definitivamente al
escritor. Desde muy joven mostró inteligencia, sensibilidad y elegancia, además
de un carácter excitante y propenso a la debilidad nerviosa, que se vio acrecentada
por el sentimiento de soledad a la que se había visto abocado en su vida. Poe, quien no descuidó nunca los estudios, comenzó a
aficionarse a las juergas etílicas y al juego, para lo que le pedía
incesantemente dinero a su padrastro. Allen acabó excluyéndolo del testamento. La afición a la bebida comenzó a torcer la vida de Poe que
fue expulsado en 1827 de la Universidad de Virginia. Su padre adoptivo le
procuró un puesto de empleado que abandonó poco tiempo después para regresar a
su ciudad natal, Boston, donde publicaría anónimamente su primer libro, Tamerlán y otros poemas en el mismo año de su expulsión de
la universidad. Luego de un pasaje por el ejército y de ser dado de baja de
la Academia de West Point, las mujeres se convirtieron en uno de los ejes
centrales en los que giraban sus escritos. Contrae matrimonio con su prima Virginia y esta
posteriormente fallece víctima de una larga enfermedad, lo que agravará la
tendencia del poeta al consumo de drogas y alcohol. Según su biógrafo, el novelista y crítico británico Meter Ackroyd, Poe consideraba su relación con las mujeres como
algo espiritual y “sentía necesidad constante de afecto y atención femeninos”. Los cuentos de terror de Poe revolucionaron al género de la
narración corta desde el horror y los mundos subterráneos, y a pesar de que
fueron estos los que llevaron al escritor a la fama, sin embargo, Poe siempre
mostró debilidad por la poesía. Para el escritor, la poesía es la máxima expresión literaria
y a ella dedicó sus mayores esfuerzos. Entre los poemas más celebres
reencuentran El Cuervo, Ulalume y Las Campanas. Poe también asentó las bases de los relatos detectivescos,
donde creó el personaje C. Augusted Dupin, con el que asignó la paternidad del género negro que
luego encumbraría a Arthur Conan Doyle. Entre los más famosos encontraremos Los crímenes de la calle
Morgue o La carta robada, en los que Poe combina análisis con altas dosis de
ironía. Edgar Allan Poe fue encontrado en una taberna de la ciudad
de Baltimore tras seis días en los que nadie supo dónde se encontraba ni qué
hizo, un halo de misterio cubría ese periodo tal cual uno de sus tantos
personajes literarios. Fue hallado “completamente enajenado”, según crónicas de la
época y con ropas que no le pertenecían. Tras tres días de delirio, Poe expiró
en un hospital. Las hipótesis posteriores señalaron que, después de
emborracharlo, le utilizaron para votar en las elecciones con nombres
distintos, algo que solía suceder en aquella época. La influencia de Poe se hizo sentir fuerte en escritores
latinoamericanos como el cuentista
uruguayo Horacio Quiroga y su traductor al español el argentino Julio Cortázar
quien tradujo su prosa y “The black
cat” (El gato negro). Como muestra de su influencia compartiré dos preguntas de la
extensa entrevista (una de las últimas) que le hizo en su domicilio de París, Jason Weiss en 1983, para la
prestigiosa revista “The Paris Review”. ¿Cuándo empezó a sentir interés por lo fantástico? En la infancia. Leí por primera vez a Edgar Allan Poe cuando
tenía apenas 9 años. Robé el libro porque mi madre no quería que lo leyera,
pensaba que era demasiado chico, y tenía razón. El libro me asustó y estuve
tres meses enfermo, porque lo creí… duro como el hierro, yo no tenía ninguna
duda. Así eran las cosas. Cuando les daba esa clase de libros a mis amigos
ellos decían: “No, preferimos leer relatos de vaqueros”. Los vaqueros eran
especialmente populares en esa época. Yo no lo comprendía. Prefería el mundo de
lo sobrenatural de lo fantástico. Cuando tradujo las obras completas de Poe muchos años más
tarde, ¿descubrió cosas nuevas en él a partir de una lectura tan minuciosa? Muchas, muchas cosas. Exploré su lenguaje, que tanto los
ingleses como los norteamericanos critican por encontrarlo demasiado barroco. Como no soy inglés ni
norteamericano, lo veo desde otra perspectiva. Sé que tiene aspectos que han
envejecido mucho, aspectos exagerados, pero eso no significa nada comparado con
su genio. Escribir, en esa época “La
caída de la casa de Usher”, o “Ligeia”,
o “Berenice”, o “El gato negro”, cualquiera de ellos revela un verdadero genio
para lo fantástico y lo sobrenatural. Ayer visité un amigo en la calle Edgar
Allan Poe. En esa calle hay una placa donde se lee, “Edgar Allan Poe, escritor
inglés”. ¡No era en absoluto inglés! Deberíamos hacerla cambiar… ¡Ambos iremos
a protestar! Sin lugar a dudas, Edgar Allan Poe, algo más que un gato negro. |
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