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Ida
simplemente, como la conocemos sus
lectores regresó por enésima vez a su Montevideo, esta vez con el objetivo de
presentar un libro fundamental para entender la vida de las palabras, que la
poeta magistralmente ha combinado en esta última parte de la modernidad.
“Poesía
reunida” (1949-2015), allí en esos poemas está la historia de su vida, pero
también, parte de nuestra historia está allí presente. Nos dice Ida en el poema
“Viaje de vuelta”, incluido en su libro Trema editado en el año 2005 cuando su
exilio estaba próximo a concluir tras casi cuatro décadas; lo inició viviendo
en su querido México de 1974 a 1984, regresó a Uruguay hasta 1989 para después
trasladarse a Estados Unidos, específicamente a Texas a la ciudad de Austin en
cuya universidad ejerce la docencia.
Volvamos al
poema:
“Regresar es
volver
a ocuparse
de
devolver a la tierra
el
polvo de los últimos meses;
recibir
del mundo
el
correo dormido
intentar
saber
cuanto
dura
una
memoria de paloma”
La
Montevideana Ida (1923), ha ido reinventando al decir de Eduardo Espina, un
lenguaje con idioma propio (y viceversa), engrandeciendo en temas y formas una
obra que comenzó en la década de los 40 y que, como boomerang cargado de
noticias en su viaje por el espíritu, se dispone a concluir en el mismo sitio
de donde salió.
Recordemos
que cuando en el 2015 recibió en Madrid de manos de la propia Reina emérita, el
XXIV Premio Reina Sofía de Poesía, se dijo que su obra está caracterizada por
su “rigor extremo con el lenguaje, su experimentación formal, la mirada
profunda a la realidad aunque sea una poeta introspectiva, su mirada llena de
curiosidad, casi inquisitiva”.
Es que las
poetas como Ida, son las encargadas de mantener vivo el lenguaje del lugar
donde han nacido, en cada uno de sus libros lo destaca pese a sus prolongados
periodos viviendo en el extranjero.
Cuando en el
2014 recibe el Premio Internacional Alfonso Reyes, el Rector de la Universidad
de Monterrey, Doctor Antonio J Dieck Assad, la consideró “un referente de la cultura
mexicana”, hay que agradecerle por brindarle a México “su brillante utilidad”
y, sobre todo, su “vitalidad literaria”.
Tengamos
presente que Ida, radicó en México por iniciativa del poeta Octavio Paz, y se
integró como asesora de la revista Vuelta que dirigía el futuro Premio Nobel de
Literatura en 1990. Vitale pese a conocer el exilio
real, político, se siente en realidad una “exiliada” en un mundo cuyo mapa está
trastocado.
“Vuelan
fronteras de un país
cuyo
falso centro está en nosotros.
El norte
está en el sur,
este
y oeste se confunden”.
A sus 93
años, Ida Vitale, integrante de la denominada
Generación del 45, con Idea Vilariño, Mario
Benedetti, el crítico literario Ángel Rama quien fuera su primer esposo y
Carlos Maggi entre otros notables; discípula de José
Bergamín y Octavio Paz, de quien Juan Ramón Jiménez la señaló como un talento a
seguir en una antología de poetas jóvenes que el compiló y vaya que acertó el bardo
español, Premio Nobel de Literatura en 1956, autor entre otras maravillas de
Platero y yo que nos hizo reír y lloran cuando cursamos la escuela primaria
oriental.
El año
pasado fue muy duro para Ida, falleció su esposo y compañero por casi 50 años, Enrique Fierro, uno de los poetas uruguayos
más destacados. Hace unos meses declaró en una entrevista al Periódico El
Universal de México: “Cuando murió Enrique apunté muchas cosas y supongo que si
sale otro libro de poesía, será de un tono muy diferente al que he estado
acostumbrada hasta ahora”. La que se denomina “poeta, que no poetisa”, “porque
poetisa se presta a faltas de ortografía”; nos regala: La gran pregunta
incluido en “poesía reunida”:
La gran
pregunta
¿Qué hacer?
¿Abrir al mar la estancia de la muerte?
¿
O enterrarse entre piedras
que encierran
amonitas
fantasmas y prueban que
fue
agua
este humano desierto?
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