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Al Dr. Rafael
Mendoza Castillo
Con referencia a esta temática se llevó a cabo hace unos
días, en la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Congreso Internacional bajo la
denominación “Lo que nos hace humanos: de los genes a las máquinas”, celebrado
en el Centro para las Ciencias del Cerebro de esta casa de estudios.
La conferencia
magistral de cierre estuvo a cargo del profesor Noah Harari,
autor de dos obras que han alcanzado la categoría de “best
sellers”: “Sapiens: breve historia de la humanidad” y
“Homo Deus: breve historia del mañana”.
El historiador y
filósofo natural de Haifa, sugiere que piratear humanos podría conducir al fin
de la democracia, tal como la conocemos. (“La democracia se basa en la idea de
que nadie me conoce mejor que yo”) y a la creación de una “clase inútil de
personas desde el punto de vista económico y político. Es entonces cuando los
robots superan a las personas en el trabajo”.
Según el investigador,
ninguna profesión estará absolutamente a salvo de la automatización. Incluso es
posible que las carreras que necesitan una importante dosis de inteligencia
emocional como docentes, abogados y médicos, podrían
ser superadas por los robots, al menos en teoría. Eso es porque la Inteligencia
Artificial (IA), tendrá la capacidad de reconocer e imitar los patrones
bioquímicos de las emociones humanas.
Harari
estima que algún día, la gente podrá “piratear” a otros seres humanos y no solo
computadoras o cuentas bancarias. El profesor de la Universidad Hebrea Yuval, afirma que “para hackear a
un ser humano se necesita un gran poder de cálculo y una enorme cantidad de
datos, especialmente biométricos sobre lo que sucede dentro del ser humano.
Nunca habíamos tenido esa capacidad”.
Para Harari, si la Inteligencia Artificial (IA) pudiera hacer
que los robots fueran lo suficientemente inteligentes como para ser poetas, aún
les faltaría algo esencial: la conciencia, un ingrediente clave que los
mamíferos usan junto con la inteligencia para la resolución de problemas. “Hasta
ahora ha habido cero desarrollo en la conciencia de la computadora”.
“La conciencia no es un
órgano o una idea metafísica como el alma o el espíritu. La conciencia es la
experiencia subjetiva directa que es lo más real para cualquier ser humano:
miedo, amor, dolor, o placer. La corriente de tales experiencias es lo que
llamamos mente”.
Y de ahí surge la
poesía, al decir del escritor Juan Pablo Carrillo Hernández: “Si la conciencia
es una ilusión, quizá la poesía es la mejor forma de descubrirla”.
Mientras las ciencias
del cerebro han avanzado, la ciencia de la mente sigue siendo un misterio. La
teoría científica actual sostiene que la mente emerge del cerebro, pero nadie
sabe “cómo miles de millones de neuronas que disparan en un patrón particular
en el cerebro se traducen en dolor, miedo o amor en la mente”, explicó Harari.
Los expertos en
Inteligencia Artificial sostienen, que las máquinas jamás podrán llegar a tener
sentido común, por lo tanto, no podrán competir con la inteligencia natural
humana.
Recordemos
que para el filósofo y académico estadounidense Douglas Hofstadter,
quien ganara el Premio Pulitzer de ensayo en 1980 con la obra Gödel, Escher, “Bach: un eterno y
frágil bucle” y quien funge como profesor de literatura comparada y psicología
en la Universidad Bloomington de Indiana, donde dirige el Centro para la
Investigación sobre conceptos y cognición elaboró una propuesta en la que
combina teoría de sistemas y neurociencia, y sostiene que la conciencia es una ilusión
de la capacidad de auto referencia que desarrolló, evolutivamente el cerebro
humano.
De ahí que como el
poema Muerte sin fin del escritor tabasqueño José Gorostiza, escribimos un
verso de nuestra vida cada día, incansablemente con el transcurso de los años.
Y somos conscientes de nuestra existencia y de su lecto-
escritura, digámoslo metafóricamente.
Recordemos al
sevillano, Gustavo Adolfo Bécquer en su Rima IV cuando nos dice:
“Mientras la ciencia a descubrir no
alcance las fuentes de la vida…”
“Mientras la humanidad siempre
avanzado no sepa a dó camina…”
Esa ciencia que
descubre y avanza, que construyó robots y los dotó de Inteligencia Artificial
(IA), parece ser que no entendió que siempre habrá poetas y siempre habrá
poesía. Indudablemente los robots nunca sentirán lo que siente un poeta al
escribir su Primera línea, lo plasmo en el siguiente poema de mi autoría:
Mientras trato de
escribir,
mastico
un poco de sol.
Las hojas sueltas y
pálidas
me rodean.
Pasan poco a poco los
minutos
y
expulso
lentamente
la
primera línea de un poema.
Escritura escarpada,
ambigua e infinita.
Plasma historias
de
pesimismo maldito
y
soledades
humanas,
que
conducen a una batalla
de
final incierto
¿autómatas
o poetas? |
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