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Abrir
un libro es como entrar en un mundo nuevo. La lectura es la posibilidad de
entendimiento de otras formas de percibir los fenómenos que hacen parte de
nuestras experiencias.
El
universo sígnico del libro es la esencia del proceso lector. Comprenderlo,
interpretarlo, darle sentido y proyectar maneras especiales de apreciar las
experiencias que suscita la lectura, también pueden ser actividades de
aprehensión del conocimiento y ejercicio lúdico.
Hay
quienes consideran que una vida sin sueños es vana; aunque otros piensan que
los sueños son experiencias banales de la vida. No obstante, es interesante
recoger las apreciaciones de algunos filósofos y pensadores europeos que han
expresado su predilección por la primera postura. En este sentido, la lectura,
según se desprende de serios estudios desarrollados en el campo de la semiótica
y la lingüística textual, es una experiencia onírica de las más ricas y
placenteras que puede tener el ser humano en toda la historia de la cultura.
El libro
es una realidad hecha relato para invitar a soñar por los caminos del texto; es
un universo para soñar en la ruta de las palabras; es un sueño para leer todas
las huellas, las señales que nos ayudan a entender que la vida real se alimenta
de fantasía
El
hábito de la lectura y su fascinación se cultivan leyendo, abordando las
páginas, descifrando sus signos, sus símbolos, disfrutando su historia,
reinventándola, haciendo el otro libro que la mente configura a medida que las
imágenes, los conceptos, las situaciones y las vidas que palpitan en su
interior, se agolpan para rediseñar el imaginario del lector.
La
lectura independiente, concentrada y responsable, ha de ser un instrumento
mediador para alcanzar otras ventanas o lugares desde los cuales vislumbrar
nuevas posibilidades de interpretar la fantasía que sostiene la realidad
textual del libro, como hecho artístico literario, y como objeto de reflexión lingüística.
La
lectura y la escritura son un solo proceso. Se deben reconocer como momentos
del mismo fenómeno. Un fenómeno en crisis que se acentúa en la cultura moderna
debido a la presencia continua y permanente de eventos del entorno que
imposibilitan el acercamiento del individuo al texto escrito como mediación del
lenguaje para reflexionar sobre el ser como tal, hacia su trascendencia social
y moral.
La
postmodernidad crea estereotipos fungibles, pero que, en su momento, impactan
como explosiones que fulminan cualquier instancia que aparezca en la vida
cotidiana, haciendo las veces de puente, para abordar el libro o el texto que
habría de ser leído e interpretado en un ámbito de reflexión comunicativa.
La
atomización de intereses en el mundo de las comunicaciones modernas, aísla al
individuo, convirtiéndolo en un "misántropo" en potencia, que sólo
piensa y actúa en función del yo. Ese yoísmo patológico es fácilmente absorbido
por los ideales de poder, normales en la configuración de la mente del ser
humano, quien confronta su existencia como realidad, contra la historia de la
especie en continua lucha por la supervivencia y el dominio (véase "El
origen de la familia, la propiedad privada y el Estado". F. Engels).
La
escuela no ha creado espacios para reflexionar sobre el libro o el texto
escrito asumido como elemento cohesionador de la conciencia colectiva (Bruno
Bettelheim), y menos aún de la importancia de los procesos que permiten
internalizar el libro en el mundo vital del individuo
Leer
y escribir, por tanto, son simples fenómenos instrumentales sin poder en el
universo mecanicista del hombre postmoderno. Su práctica ha decaído en todo el
mundo. Sin embargo, la preocupación más importante es la que debemos reconocer
asociada con los niveles de lectura en nuestro continente. Estudios recientes
señalan que en América Latina se lee menos de un libro al año, en promedio; en
Colombia, concretamente, el promedio es de medio libro por año.
Las
entidades del Estado y las particulares que se preocupan por este
"problema", consideran que se deben adelantar programas y proyectos
en los sistemas de educación de nuestros pueblos, para promover la lectura y la
escritura como actividades de vital importancia para el desarrollo cultural y
la construcción de una sociedad más autónoma, reflexiva y competente para
participar en la lucha contra el atraso social, político, cultural y económico
de las naciones latinoamericanas (Documentos V Congreso Nacional de Lectura,
Bogotá 2002).
Leer
y escribir son procesos problémicos en la cultura educativa, y seguirán
siéndolo si no propiciamos espacios para repensar sobre su práctica.
Este
material pretende brindarse, precisamente, como una iniciativa para ver el
libro, el texto escrito, la literatura y la fantasía, en función del hábito
lector. Es necesario que el libro sea asumido como un útil escolar, como
herramienta de estudio, como juguete, o como amigo. Así, pues, es bueno que se
le raye, se le escriba, se le bese, se le marque, se le dibuje en sus páginas,
e incluso, se le recorte aquello que llame tanto la atención como para
compartirlo con el amigo lector.
Se
pretende que el libro se convierta en un estímulo de la lectura y de la
escritura. Que cada persona que lo posea experimente esa grata sensación de
pertenencia y de dominio o posesión sobre un bien tan preciado como lo es un
libro. He aquí una forma atenuada de posibilitar esa experiencia de poder
individual que nos sugiere la cultura de la sociedad moderna. |
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