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Para Elena Poniatowska, ganadora del
Premio Cervantes en el 2013; quien está cumpliendo 90 años y viene siendo fruto
de múltiples homenajes en su tierra adoptiva, México, Carlos Fuentes inventó
una nueva manera de narrar que causó sensación porque el gran novelista iniciaba
con su novela: “La región más transparente” una doble revolución, la de
descubrir, nombrar y lanzarse a domesticar.
Fuentes abrió en grande las puertas de la literatura mexicana, todo
podía decirse y escribirse. Salió del canon. “En un país de mudos la presencia
de Carlos Fuentes resultó insólita y a veces intolerable”.
Recordemos la frase de Fernando Benítez (un verdadero prócer de la
cultura en México) un extraordinario escritor, historiador y periodista
cultural; cuando se publicó en 1958, “La región más transparente”: “Cualquiera
que sea el destino del libro mexicano ya no lo espera el miserable y caduco
ninguneo”.
Mientras que para el escritor Gonzalo Celorio,
Fuentes fue el creador de la Ciudad de México en la novela, “no quiero decir
que la ciudad no estaba presente en la literatura a lo largo de la historia del
país desde la gran Tenochtitlan a nuestros días, sino que en “La región más
transparente”, tiene un protagonismo inédito.
“Es decir la ciudad es el personaje principal, sobre todo por su
voz, esa voz que resulta de la suma de todas las voces diferente, discrepante y
que corresponde a todos los estratos sociales, culturales y económicos. Una
polifonía coral”.
Fuentes fue un autor enérgico y crítico; poseedor de una fuerza
narrativa que abarcó la ética, la cultura, la ontología, la política, la
estética y demás preocupaciones de la existencia; es un escritor importante
para la literatura y para la historia de la literatura.
DICHO POR ÉL:
LOS PRIMEROS INTENTOS:
Tenía unos siete años, mi padre (Rafael Fuentes Boettigger)
llegaba a la embajada de México en Washington y me entró la manía de hacer una
revista, a mano, ni siquiera mecanografiada, a lápiz, donde exponía mis ideas
de lo que pasaba en el mundo. La guerra de España me impresionaba mucho, las
películas que había visto, libros, noticias. Una
vocación más de periodista que de escritor”.
LA LUCHA LITERARIA:
“Uno tiene que tener mucho miedo al escribir. Escribir no es un
acto natural, como comer, hacer el amor o dormir. Es un acto contra natura, en
cierto modo, es oponerle la escritura a la naturaleza. La naturaleza no se
basta a sí misma, sino que necesita otra realidad, un añadido que es la
creación literaria: páginas, palabras, tinta”.
“En el fondo, ese es un acto perverso y peligroso y lo demuestra el
hecho de que, si uno cree que la literatura es inofensiva, basta presentar un
libro ante una dictadura totalitaria para conocer lo peligrosa que puede ser a
los ojos de una dictadura”.
Su viuda, la periodista Silvia Lemus contó que “Fuentes decía que
sin disciplina no puedes ser un escritor o una escritora. La entrega a la
literatura tiene que ser profunda, verdadera, no esperar a la musa: la
literatura te obliga a entregarse. Él decía que su mejor amante había sido la
literatura”.
Para su gran amigo de décadas, Miguel Alemán Velasco, (empresario,
escritor, político y abogado), la vida de Carlos Fuentes se puede dividir
claramente en tres tiempos. Su infancia viajera, ya que fue hijo de
diplomático, incluso nació en Panamá cuando su padre prestaba servicios
diplomáticos en la representación mexicana en ese país.
En su infancia inició la visión multidimensional del mundo y de
México que adquiriría con los años y de la que fuera brillante expositor tanto
oral como escrito. Para Alemán Velasco: “Su visión de
México es comparativamente crítica e incansablemente propositiva para reclamar
las fortalezas de un país con enorme potencial y con un sueño compartido de prosperidad.
El segundo tiempo en la vida de Fuentes, el descubrimiento de su
vocación de escritor. Su mente curiosa, crítica, analítica, productora
inagotable de ideas con un extraordinario poder de contar historias
apasionantes. En sus obras está presente un enorme compromiso con sus textos;
revisados, pulidos y fruto de una auto exigencia rigurosa.
A una década de su muerte en su amada Ciudad de México el 15 de
mayo del 2012, llegó el tercer tiempo, donde las remembranzas de su legado y su
genial actitud hacia la vida seguirán siendo motivo de descubrimiento de las
actuales y futuras generaciones.
En sus conferencias, entrevistas y pláticas destaca la visión
crítica, severa, la descripción desnuda de las realidades de nuestro tiempo,
como cuando dijo en enero de 1989, en una conferencia en Las Palmas de Gran
Canaria y Santa Cruz de Tenerife titulada: Los escritores ante el final del
siglo en América Latina, que ésta, vive inmersa en “una cultura de crisis”.
A su vez afirmó que en América Latina se vive una modernidad
truncada al darse una coexistencia de valores propios de la Edad Media. Carlos
Fuentes dijo en esa oportunidad que a los latinoamericanos les sobra religión y
violencia, y apostó por la tolerancia cultural como la mejor solución para “el
presente y futuro de una sociedad en permanente evolución y revolución”.
Sin lugar a dudas, hoy más que nunca en México y América Latina,
nos hace mucha falta la fuerza luminosa y la claridad de sus ideas. |
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